Psicología y Alquimia

Autor: Paloma Muñoz Vazquez
Fecha publicación: 04.07.2006

Jung manifestó siempre mayor interés por el descubrimiento de los hechos que por la formulación de teorías.

Desde la literatura, así como la historia y el arte; a través de sus estudios sobre mitos antiguos como sobre símbolos contemporáneos, en el hombre primitivo como en el hombre moderno; remitiendo a la historia de las religiones -tanto orientales como occidentales-, como a la telepatía, a la alquimia, o a la astrología; acumulando un rico material clínico de sueños y visiones, tanto en el enfermo como en el hombre normal..., Jung logrará suministrarse de una gran cantidad de hechos que conformarán los pilares de su modelo explicativo sobre la psique humana, un modelo que ha de entenderse más como propuesta que como teoría conclusa. Jung no intenta elaborar una teoría sobre el aparato psíquico, sino más bien comprender lo psíquico como un proceso en devenir. Esta comprensión parte de su auto-análisis, de la observación de sus pacientes, de la comparación, y de las representaciones colectivas.

En su autobiografía "Recuerdos, sueños, pensamientos" (5, pp. 210-211) Jung recuerda su primer encuentro con la alquimia a través de dos sueños. En uno, aparece una biblioteca del siglo XVI-XVII en un ala desconocida de su casa; quince años después logrará hacerse con una recopilación de textos alquimistas similar en la vida real. En el segundo aparece junto a un campesino que dice que están atrapados en el siglo XVII .

Para mí, es una gran satisfacción personal escribir este artículo a propósito de la aparición en editorial Trotta del volumen nº 12 de la obra completa de C.G.Jung "Psicología y alquimia" pues fue con este escrito con el que se dio mi primer contacto con la Psicología Analítica. Las grandes dificultades de comprensión con las que me topé en aquel entonces no impidieron que el germen de la curiosidad se implantara en mí y así continué mi recorrido hasta finalizar (¿cosas del azar?) con "Mysterium Coniunctionis" donde Jung se ocupa del tema de la transferencia y termina con la confrontación entre la alquimia y la psicología del inconsciente. Estos son los dos libros alquimistas más importantes en la obra de Jung. No se puede entender a Jung si no se comprende el lugar fundamental que la alquimia ocupa en la formulación de sus ideas. El mismo dice: "Sólo con Mysterium Coniunctionis mi psicología se situó definitivamente en la realidad y se cimentó históricamente como un todo. Con ello mi tarea estaba terminada, mi obra hecha y concluida. En el instante en el que logré mi objetivo accedí a los límites más extremos de lo para mí concebido científicamente, a lo trascendente, la esencia del arquetipo en sí, más allá de lo cual ya no es posible expresar nada más en el aspecto científico" (5, pp.229). Como vemos el serio estudio que Jung hiciera sobre la alquimia se extendió por varias décadas...

La primera publicación de "Psicología y Alquimia" data de 1944 pero, como vimos, Jung recuerda los tiempos que marcan el principio de la segunda mitad de la vida -en torno a sus 45 años, es decir veinte años antes de esta publicación- dos sueños anticipatorios que muestran su interés por ese arte o filosofía de la Edad Media que pretendía obtener oro (la panacea universal) a partir de la transmutación de los metales.

Jung había estudiado antes a los gnósticos (neoplatónicos) entre 1918 y 1926 y es sólo después, cuando R.Wilhelm le hace llegar el texto alquimista chino (de base tahoista y método budista) del siglo XVIII "El secreto de la Flor de Oro" (1928), cuando comprende la esencia de la alquimia descubriendo en ella el aval de sus observaciones y experiencias actuales. Jung constata asombrado la conexión en forma y contenido existente entre las figuras de la alquimia y aquellas otras que dibujaban los pacientes que él trataba.

Aunque es en la década entre 1925-1935 cuando surge la noción de sí-mismo (inspirado por los sueños mandálicos) gracias a la cual Jung logra articular por fin su modelo, es más tarde en "Psicología y Alquimia" cuando Jung consolida su investigación sobre el proceso de individuación. La investigación del sí-mismo como proceso la inicia con la conferencia "La estructura del inconsciente" (1916) que fue reformada en 1928 dando lugar a "Las relaciones entre el yo y el inconsciente". La alquimia construye pues un puente entre los gnósticos y la psicología contemporánea.

Además de "El Secreto de la Flor de Oro" hay otro segundo trabajo en la base del libro que aquí nos ocupa, me refiero a la conferencia que en 1933 diera en el Círculo Eranos "Acerca de la empiria del proceso de individuación" publicada un año después.

"Psicología y Alquimia" consta de tres grandes bloques temáticos y epílogo y se complementa con una introducción de Fco. García Bazán y Bernardo Nante, 271 ilustraciones trasladadas con gran acierto al final del libro, un glosario de expresiones latinas y griegas, la bibliografía, además de dos prefacios de Jung y una nota editorial de Enrique Galán Santamaría presidente de la Fundación C.G.Jung de España.

En el primer bloque temático, Jung introduce al lector en los problemas religiosos y psicológicos que de la alquimia puedan derivarse. Presenta a los alquimistas como los precursores de la psicología de lo profundo desencadenando intensas críticas curiosamente desde dos flancos de ataque totalmente dispares: por un lado se le acusa de místico frente a lo que Jung se defiende argumentando que todo conocimiento -incluso el considerado más científico- pasa antes por el filtro de la psique individual y subjetiva. Por otro lado se le acusa de psicologizador de lo religioso ante lo que Jung recurre a la diferencia entre arquetipo "en sí" e "imagen" arquetipal, no busca pruebas ontológicas, no le interesa ese enfoque: "Personalmente prefiero abrigar el precioso don de la duda, porque la duda deja intacta la virginidad del fenómeno inconmensurable" (1, pp.10).

Entre sólo algunos de los puntos a reseñar en esta parte del libro la idea de que el proceso de individuación es inacabable. Para Jung la vida es un proceso de continuas metamorfosis con el fin de convertirse en individuo, individiso, consciente. El "yo" se despliega del inconsciente con el fin de poder testimoniar, iluminar, hacer consciente al arquetipo del sí- mismo, al arquetipo de la totalidad, de lo divino. Como lo inconsciente no se rige por las categorías de tiempo ni espacio, el proceso de toma de conciencia es también ilimitado.

Imaginemos en este proceso dos ejes que se cruzan desplazándose el uno horizontalmente (izquierda ← → derecha, pasado ← → futuro, del nacimiento hacia la muerte) de retro-progresión y el otro verticalmente (arriba ← → abajo, consciente ← → inconsciente) de diálogo y confrontación.

En su perspectiva horizontal, Jung propone un modelo evolutivo de la psique que se desarrolla en ciclos de tres fases: indiferenciación con lo inconsciente primordial (punto de partida), diferenciación del yo, integración de todos aquellos contenidos que progresivamente se diferenciaron del inconsciente, el yo no se crea de una vez por todas sino que madura, la meta es la ampliación del campo de conciencia tendiente al logro de la totalidad, no de la perfección. La meta del proceso de individuación no es devenir perfectos sino completos. La alquimia, por su parte, hablará de fases de coagulación (une, integra, asimila) - disolución (separa, distingue, aisla) correspondientes a las tendencias alternativas de los opuestos en este proceso evolutivo. La individuación es la toma de conciencia de la propia individualidad. Somos individuos únicos independientemente de que lo sepamos o no.

En el paralelo alquimista el proceso consistía en la transmutación de los metales -según cientos de variantes experimentadas- para la obtención del oro: el equivalente a transformar al hombre en espíritu, actualizar el arquetipo.

Jung ve en la alquimia no simplemente una etapa previa a la química sino además una operación simbólica de muy amplio espectro. Es insensato intentar hacer oro de las piedras, los alquimistas nunca lo lograron. El oro representa la inmortalidad, aquello a lo que tiende realmente la transmutación psíquica humana con el proceso de individuación al testimoniar el sí-mismo, experiencia que conecta al individuo con lo eterno e imperecedero. Tanto en la psicología analítica como en la alquimia se contacta con el aspecto divino una vez cumplida la gran obra.

La piedra filosofal es el instrumento simbólico de regeneración en la consumación de la gran obra de los alquimistas, es la piedra de oro por la que se puede llegar a ser eternamente rico, sano, sabio… (dice Angelus Silesius). La piedra está viva y da vida. El método consiste pues en pasar de la piedra "bruta" (lo inconsciente indiferenciado o materia prima) a la piedra "tallada"(la integración de la conciencia), del alma oscura al alma iluminada gracias al conocimiento divino (la gracia), se trata de "darse cuenta de"…

Para Jung, el proceso de individuación puede observarse desde otra perspectiva, la vertical, es decir, en un momento concreto dado de la vida. A nivel estructural remite a la confrontación con lo inconsciente, un diálogo integrador, unificador…, generados de un tercero a partir de los opuestos. Confrontación porque están en relación de oposición y no obligatoriamente de conflicto.

Primero surge la "sombra" (sólo en cierto sentido equivalente al inconsciente personal en Freud), después el "anima" y "animus" (los aspectos femenino-masculino), y por último el "sí-mismo".

En cuanto a los resultados obtenidos, en esta perspectiva vertical, el proceso de individuación alcanza según el nivel de profundidad: la "confesión"(o catarsis), el "esclarecimiento" (del secreto compartido), la "educación" (adaptación-normalización) y la "transformación" (cambio profundo de la personalidad).

A Jung, como a los alquimistas, le interesarán más las proporciones y las relaciones de los compuestos (de los opuestos complementarios) que el análisis físico-químico de los elementos puestos en relación. Especial constancia deja en su libro de la consciencia "Tipos Psicológicos" (1921).

Nos advierte Jung, a estas alturas de la lectura de su libro, de los riesgos o peligros de la contraindividuación, es decir, de los obstáculos que pueden surgir o del bloqueo definitivo que se puede producir a lo largo del proceso de individuación.

Además, como lo hace en muchos otros de sus libros, critica la educación anímica del europeo como superflua e incompleta y anima al trabajo prioritario sobre UNO-mismo. Los alquimistas nos hablarían de la total entrega a la obra.

Dice Jung: "Mientras la religión continúe siendo solo una creencia en la forma exterior, y mientras la función religiosa no se convierta en una experiencia del alma, no habrá ocurrido nada esencial… Es preciso que, alguna vez, nos demos cuenta de que de nada sirve predicar y alabar la luz cuando nadie puede verla. Más bien sería necesario enseñar a los hombres el arte de ver" (1, pp.14)…y va aún más lejos:"La fe puede ser un sustituto de falta de experiencia" (1, pp. 33)

También critica la unilateralidad de la conciencia, es decir, la parcialidad y subjetividad consecuencia de la diferenciación de la conciencia que asume "una" posición, optando por esto ignora lo otro, y la desvalorización del mal, recordemos la Doctrina del Privatio Bonni que Jung tanto cuestionó a la religión católica: "la realidad del mal, percibida con horror, ha convertido por lo menos a tantos hombres como la experiencia del bien" (1, pp.18)…"¡En efecto en el sí-mismo el bien y el mal están más cerca que dos hermanos gemelos!" (1, pp.23)… Jung defiende la existencia del mal por sí mismo y no como ausencia del bien.

Además se detiene a reflexionar sobre el problema de la incorporación de "la sombra" esa cara oscura del yo y los arquetipos que generalmente transferimos al objeto: "Confrontar al paciente con la parte oscura de su personalidad, con la llamada sombra, es cosa que se impone por sí misma en todo tratamiento de cierta profundidad. Este problema es tan importante como el del pecado para la Iglesia" (1, pp.33).

El reconocimiento de "la sombra" correspondería en la alquimia a la etapa de "la nigredo" que es seguida en la gran obra por "la albedo" (el blanco) y "la rubedo" (el rojo). Anteriormente estaba incluido el amarillo en una cuaternidad cromática.

Una pregunta requiere de un alto en el camino: en qué medida la no resolución o la resolución relativa de la proyección limitaba en el alquimista el proceso de individuación. En principio, éste quedaba bloqueado o al menos obstaculizado ya que el sentido de la vida la meta del proceso de individuación es hacer conciencia. La "proyección" surge espontáneamente con el fin de resolverse, es decir, los contenidos psíquicos deben encontrar el lugar que les corresponde con el fin de ampliar el campo de la conciencia. Esta relación del yo con el inconsciente produce una transformación (maduración), hace que la psique evolucione. Con la progresiva e interminable integración de elementos inconscientes se va salvando la asignatura que la humanidad tenía pendiente desde la Edad Media.

Como última reseña en este primer bloque la reflexión sobre la paradoja de los opuestos en el arquetipo del sí-mismo y en consecuencia sobre la necesaria solidez psíquica (buena configuración del yo: alternancia y flexibilidad) como condición para soportar la tensión que la oposición genera (el sufrimiento "útil"opuesto a la felicidad, simbolizado con la crucifixión en el cristianismo)

En el segundo bloque temático, Jung analiza una serie de los sueños y las impresiones visuales en estado de vigilia de un hombre adulto que se desarrolla normalmente hacia la individuación, alguien "espiritualmente superior" según sus propias palabras, a diferencia de Miss Miller, la joven paciente americana (1898) con un problema neurótico que degenera en psicosis, a la que dedica su estudio en "Transformaciones y símbolos de la libido" (1912). Se sabe, aunque Jung no lo dice directamente, que el individuo en cuestión de nuestro libro es W. Pauli, premio nobel en fisica cuántica.

Entre los muy variados símbolos estudiados, Jung presta especial atención al mandala, símbolo del sí-mismo por antonomasia, que tiende a unificar, a ordenar lo múltiple, y que representa la totalidad. El mandala es un producto espontáneo muy antiguo tanto como que los primeros remontan a la era del paleolítico. Ningún mandala es idéntico a otro, pero siendo individualmente diferentes en todos predomina un cierto estilo inconfundible y una estructura peculiar cuaternaria (como dato curioso el carbono, que es el material químico fundamental de los cuerpos orgánicos, tiene cuatro valencias, juego de la naturaleza o coincidencia significativa se pregunta Jung). Son figuras de increíble valor espiritual, el número cuatro y derivados, ciertas formas geométricas (círculo y cuadrado), variados objetos (rueda, cruz) y elementos de la naturaleza (flor, arbol, sol)... Su centro coincide con el centro de la personalidad que no es el yo (centro de la conciencia).

Decíamos que, en el libro, se recopila una interesante serie de sueños de un único soñante. Para Jung, el sueño muestra la cara compensatoria u opuesta de la conciencia; son raros los sueños "paralelos". El sueño, no sólo se refiere al pasado sino que corrige el presente y vislumbra el futuro que ya hoy se está gestando. Jung comprueba que el proceso curativo surge del inconsciente del soñante, razón por la cual abandona la práctica de la hipnosis. El "primer sueño" en un análisis tiene un valor anticipatorio a retener. Los "grandes sueños" vienen de las capas más profundas, siendo especialmente numinosos y transformadores. En el sueño "repetitivo" el inconsciente insiste en pasar el mensaje. Como vemos hay muchísimas clases de sueños y, lo que es más importante, sólo el hecho de recordar un sueño ejerce ya una influencia en la psique, mejor aún si lo comprendemos pero -como al símbolo- nunca se lo descifrará al 100%.

Para su estudio sobre el significado onírico, Jung utilizará el método de la amplificación o de las "asociaciones específicas". Recordemos que la asociación libre lleva a Freud al descubrimiento de los complejos al igual que la asociación de palabras. Mientras que con la "asociación" se relaciona el sueño con la historia del soñante, con la "amplificación" se esclarecen los componentes colectivos del individuo. Así pues, asociación y amplificación son dos técnicas que se complementan.

Además, Jung utilizó el método de la imaginación activa. Mientras que la "amplificación" se aplica a los sueños, la "imaginación activa" se aplica al estado de vigilia. Jung comienza a usarla en 1912 escribiendo sobre ella en "La Función Trascendente" en 1916. En "Tipos psicológicos" (1921) habla de formas activas y pasivas de la fantasía y en realidad no es hasta 1935 que las llama imaginación activa. Este método consiste en que el paciente se concentra en una imagen que no comprende, sugerida por un sueño o visualizada espontáneamente, y observa sin prejuicios lo que sucede con ella. Las transformaciones, la evolución de la imagen, sacarán a la luz importantes informaciones inconscientes. No se necesita pues de condiciones previas, no se propone un tema como punto de partida, en este aspecto difiere del "soñar dirigido o soñar despierto" y de la "meditación" de las filosofías orientales. El punto de partida es el inconsciente. Esta técnica reactiva la "función trascendente" que es la función mediadora entre inconsciente-consciente, aquella que tiende a integrar los opuestos y a sintetizar, es una función digamos de tránsito o paso de un estado inadaptado a otro más adaptado, su opuesto es "la represión".

Con la visión del "Reloj universal" termina el primer tercio del material compuesto por unos 400 sueños y visiones no todos transcritos. Serie que permite a Jung vislumbrar un proceso de tranformación dirigido hacia una meta: la traslocación del centro de la personalidad del yo al sí-mismo, un proceso de progresiva diferenciación e integración de opuestos, de la actualización del arquetipo inconsciente de la totalidad en una configuración interminable que dibuja la forma de un espiral…

En el tercer bloque temático, Jung estudia los paralelos en las diferentes simbologías entrando de lleno en el estudio de textos alquimistas comparándolos con la psicología, la filosofía y las religiones de diferentes lugares, épocas y tradiciones.

Los paralelos del modelo junguiano con la ALQUIMIA son mucho más claros que con las religiones:

El lapis de la alquimia coincide con el sí-mismo en Jung quien dice en "Psicología de la transferencia": "El objetivo esencial del opus psicológico es la conciencialización, esto es, en primer lugar el volver conscientes los contenidos hasta entonces proyectados"(3, pp.129).

En la alquimia el proceso de individuación es "transferido" a la materia: "El alquimista vivía su proyección como cualidad de la materia. Y lo que en realidad vivía era su propio inconsciente"(1, pp.268), siguiendo el transcurso las mismas etapas de diferenciación e integración del modelo junguiano podemos leer en "Mysterium Coniunctionis"...: "el alquimista ve lo esencial de su arte en la separación y en la disolución por una parte, y por otra en la reunión y la coagulación" (2,pp.20). El alquimista realiza también un proceso metamorfósico: ..."un proceso psicológico, en parte psíquicamente consciente, en parte inconsciente, que era proyectado y visto en los procesos de transformación de la materia"(1, pp.290), un proceso donde tienen cabida tanto la consideración de los sueños como de la imaginación activa, dijo Jung: "en el proceso alquímico se trata de procesos idénticos, o por lo menos muy parecidos, a los de los sueños, es decir, que en última instancia se trata del proceso de individuación"… en otro párrafo, más adelante: …"el ejercicio de la alquimia era al propio tiempo una actividad psíquica, que bien puede comparase con la llamada IMAGINACION ACTIVA"(1, pp.374), como vemos tanto los sueños como la imaginación activa constituyen pilares fundamentales también en la alquimia.

En resumen Jung encuentra en la alquimia todos los ingredientes que constituyen su modelo: "Explorar el contenido psicológico de la alquimia, equivale a explorar un sistema de proyecciones"(3, pp.17).

En la tercera parte de este último bloque temático, Jung analiza el simbolismo de la alquimia en relación con el cristianismo y el gnosticismo. Se basa en una conferencia dada en el 36 y que se tituló "Ideas de la redención de la alquimia". Cristianismo y alquimia se complementan en el sentido de que: "EL HOMBRE ES TANTO EL QUE HAY QUE REDIMIR COMO EL REDENTOR. LA PRIMERA FORMA ES LA CRISTIANA, LA SEGUNDA LA ALQUIMICA. En el primer caso el hombre se atribuye a sí mismo la necesidad de ser redimido y transfiere a la figura divina y autónoma la obra de la redención, el verdadero OPUS; en el segundo caso, el hombre se asigna el deber de realizar el OPUS redentor, al atribuir su estado de sufrimiento y por ende su necesidad de redención al ANIMA MUNDI ligada a la materia"(1, pp.330).

Jung observa dos aspectos en la alquimia, por un lado el trabajo práctico químico en el laboratorio y por otro el proceso psíquico sólo en parte consciente. En el siglo XVII se da un fuerte declive de la alquimia, el químico se separa del hermético (partidario de escritos alquímicos atribuidos a Hermes cerrado y oscuro filósofo egipcio del siglo XX a.c.) que se pierde en especulaciones y alegorías dando lugar a la Ciencia de la naturaleza.

Jung retoma y reflexiona sobre las fases de la alquimia ya mencionadas por Heráclito: melanosis (ennegrecimiento), leucosis (emblanquecimiento), xantosis (amarilleamiento), e iosis (enrojecimiento); luego se redujeron a tres negro, blanco y rojo = nigredo, albedo y rubedo. Cuatro fases que corresponden a los cuatro elementos (aire-agua-tierra-fuego) y a las cuatro cualidades (caliente-frío-húmedo-seco).

El alquimista tenía visiones, alucinaciones,… En el trabajo práctico se daban "procedimientos" y "recetas" (métodos) absurdos desde el punto de vista químico puesto que nunca se produjo el oro. Entrando en juego la "proyección", lo inconsciente se activa saliendo al encuentro de la conciencia, el portador es la materia: "una proyección, en rigor, nunca se hace sencillamente OCURRE" (1, pp.164).

El alquimista habla de las condiciones o requisitos para que el trabajo (la obra) resulte eficaz, recordemos, como ejemplo, las virtudes capitales del "Aurora Consurgens", además de la constancia, paciencia, indulgencia, fortaleza, piedad, humildad, no arrogancia del "Rosarium Philosophorum" (escrito anónimo alquimista de 1550)… Jung recuerda que: "El alquimista hace resaltar siempre su humilitas y comienza sus tratados con invocaciones a Dios. Ni remotamente piensa en identificarse con Cristo" (1, pp.226) indicando la importancia de un yo estable estructurado y flexible que pueda hacer frente a la obra sin comprometer su propia existencia lo que significaría la locura (la contraindividuación). Recordemos la imploración de Aurora Consurgens: "expulsa las horrendas tinieblas de nuestra mente, enciende la luz a nuestros sentidos". El alquimista señala el sentido del sufrimiento en la nigredo, su utilidad como opuesto de la felicidad.

En las características de la materia prima difusa inicial la piedra bruta, un equivalente del inconciente increado, andrógino, primordial, paradójico, misterioso, autónomo (objetivo), indiferenciado, confuso, eterno, ubicuo (presente en todas partes y al mismo tiempo), perfecto en cuanto "completo"… Todo nace de la prima materia al igual que el yo deriva del inconsciente. Una vez tallada la piedra los principios se separan (diferencian) según la forma hay piedras femeninas y masculinas por ej.

En estas líneas un breve repaso a conceptos difíciles y variados con el fin de dar más una panorámica del contenido del libro que una explicación de los mismos. Espero que su utilidad estribe en incitar la curiosidad que lleve al lector a abordarlo directamente: "No me imagino sin embargo que la interpretación psicológica de un misterio deba representar la última palabra al respecto. Si es un misterio, debe tener todavía más aspectos. Por supuesto, opino que la psicología le puede quitar a la alquimia su indumentaria de misterio, pero no descifra el secreto del secreto. Por eso es de esperar que una época futura considerará también nuestra búsqueda como metafórica y simbólica, de la misma manera que nosotros lo hemos hecho para la alquimia. Se verá entonces que el misterio del Sí-mismo desarrollará un aspecto que hoy día es aún inconsciente para nosotros, aunque está implicado en nuestras formulaciones, pero de una manera tan velada que el investigador del mañana se preguntará a su vez si nosotros sabíamos lo que significaban las palabras que empleábamos"(2, pp.222).

  1. Bibliografía remitida:
  2. "Psicología y alquimia" (1944).
  3. "Mysterium Coniunctionis" (1956).
  4. "La Psicología de la transferencia" (1946).
  5. "Tipos psicológicos" (1921).
  6. "Recuerdos, sueños, pensamientos" (1961).

Ficha personal:
Paloma Muñoz Vázquez, Doctora cum laude en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, realizó su investigación sobre "La noción de Sí-mismo en Psicología analítica" (Introducción al pensamiento de C.G.Jung). Durante más de veinte años ejerció su profesión como psicoterapeuta-psicoanalista y en la enseñanza universitaria y de divulgación en diferentes países como Méjico, Francia, Portugal, Ecuador y Argentina. Desde hace dos años volvió a España donde forma parte del patronato de la "Fundación C.G.Jung". El próximo otoño será publicado su libro "Ser UNO-mismo".

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