El propósito del mito o el mito como fundador de la Cultura
Autor: Rodrigo Carrillo
El valor del mito radica en que éste es una forma de expresión del alma del ser humano, no podemos dejar de ver como a través del siglo pasado antropólogos como Levi Strauss visitando las culturas ágrafas, como el mismo las llama, intentaba recoger los relatos de los pueblos para así comprender algo de su cosmogonía. El mito tiene relación directa de cómo vemos el mundo. Sin el mito el origen del hombre no podría sentirse, no podría vivirse. El mito está para resignificar la experiencia simbólica del hombre. El mito es en sí mismo la forma histórica del devenir de la cultura y del hombre en ella. Hoy en día, según mi punto de vista, se ha perdido casi por completo el valor del mito, ya que estudiar mitos, o mitología no es lo mismo que vivir el mito, nuestra cultura patriarcal y lógica ha querido enterrar al mito cada vez más produciendo por ejemplo falsos mitos y personajes mitológicos, como en el cado de los parques temáticos, en donde el mundo de la fantasía se confunde con el mundo del mito. En estos lugares los personajes no existen, en los mitos los seres existen, no son personajes, si acaso las estatuas en los templos son personificaciones pero no personajes. No nos extrañe pensar en un adolescente al que al preguntarle por Hércules nos de una detallada descripción de un personaje de Disney de la película Hércules. Los mitos hoy los tomamos ya interpretados, la necesidad del mito se hace presente justamente por su saturación y vulgarización. No quiero quitarle el valor de entretenimiento que los parques temáticos tienen, pero si quiero recalcar que en esos lugares el mito no existe y está en muchas veces hasta ridiculizado.
En mi opinión el mito es aquello que trasciende al ser humano individual y lo convierte en ser para y con los demás, es decir, un ser colectivo, creo que es imposible pensar en mitos individuales, que expliquen todo lo que una cultura pueda tener y a la vez representar. Es cierto que cada uno de nosotros tenemos uno o más mitos que nos llevan a seguir creyendo en nuestras ilusiones y camino. Así pues el hombre moderno tiene o necesita de un mito para lograr desarrollarse dentro de sí y para los demás. Pero el mito no es creado, el mito es vivenciado y resignificado en la experiencia de la vida y la cultura. Sin el mito estaríamos simbólicamente muertos y apenas nos diferenciaríamos de los vegetales. Lo que nos hace ser seres humanos es el mito.
El hombre moderno vive la ausencia del mito y su desconocimiento, si bien es cierto que la ciencia ha producido grandes avances para el ser humano, debemos reconocer que el mito ha sido olvidado desde el ser humano también. Pero el mito no muere, no puede y se presenta como pequeñas luces en la oscuridad para recordarnos que esa parte también es nuestra y nos pertenece. La ciencia esta al servicio de la conciencia del hombre el mito está, por decirlo así, al servicio del inconsciente del hombre, el inconsciente como fenómeno histórico en el cual todas las experiencias de la humanidad se han impreso y vuelven de una u otra forma, ya sea como símbolos, imágenes, íconos (a modo de representación) y arquetipos. Es el mito el que habla de nuestros orígenes como especie y como pertenecientes a una determinada cultura. Todo mito nos remitirá al origen de algo, ya sea de un comportamiento, experiencia o ritual. Los rituales podríamos verlos como maneras de recordar el mito y el origen de todo cuanto es la vida y la experiencia del hombre. El mito tiene poder y es éste el de "explicar" lo que somos y el para qué estamos, pero a su vez es cruel, pues no nos da una respuesta concreta. Al mito deberíamos tomarlo en un sentido literal, o mejor dicho vivencial, que se encarne en nosotros, que no sea una mera experiencia intelectiva. El mito se escurre en nosotros como la arena se decanta en nuestras manos al cogerla y dejarla caer suavemente. Interpretar el mito es quitarle su valor, si bien podemos interpretarlo en y para un sentido terapéutico no debemos dejar de decir que al interpretarlo lo estamos reduciendo, aunque la reducción esté para mostrar la complejidad de las cosas. El mito es como los cuentos de hadas dicen algo y muestran algo y "nada más" que ese algo. El añadirle cosas sería quitarle su valor. Recordemos por ejemplo las interpretaciones que Freud hizo del mito de Edipo, que a pesar de su genialidad interpretativa, recaía en un tema que no sólo mataba al padre sino al mito mismo de Edipo. Un mito no puede ni debe existir en base a un personaje, es la relación que ocurre y existe entre éstos lo que le da valor y enriquece al mito. Al mito pues mirémoslo ya con nuestros ojos y no a través de lentes.
El mito existe desde los albores del hombre, y a su vez comenzó su extinción con su creación. Ya queda muy poco de mitológico en nuestra vida de estilo postmoderno, si bien existe un intento de conjugar lo de ahora y lo de antes, pero es una gran falla en la que estamos incurriendo, no debemos rescatar al mito, no podemos, simplemente estamos construidos en una cultura mediante la cual podemos acceder no de una manera vivencial al mito, sino intelectual. Las fiestas y los carnavales cada día se convierten más en una atracción turística que no permite ninguna posibilidad de un viaje.
Existen sobre un mismo mito, siempre más de una interpretación. Se me ocurre pensar que esto se debe a la experiencia personal que cada uno puede tener en relación al mito. El mito será siempre el mismo pero no así su experimentación. Justamente esto es lo que hace que el mito sea colectivo y no individual, es como una raíz desde donde nacen las distintas ramas de un gran árbol. El mito nos remite a aquellos lugares que como dijo Jung para la BBC, no sabemos que no hayan existido. Es decir, muchas veces se ha cuestionado de sí en realidad los dioses griegos, egipcios, o aztecas existieron. No podemos comprobar que hayan existido, con lo cual tampoco podemos comprobar que no hayan existido. Pero ojo, el sentido del mito va más allá de esta cuestión, no podemos quedarnos en una discusión que nos pondría dentro de un círculo sin principio y fin. Es la vivencia del mito y el mito como interpretación de la realidad lo que debe ocupar nuestro tiempo en lo referente al mito.
Como corolario quisiera dejar claro que al mito solamente se lo puede experimentar, viviéndolo, ya que lo demás sería hacer interpretaciones y especulaciones sobre él mismo. No nos es posible desde la cultura en la cual vivimos apreciar al mito, solamente podemos mirarlo de reojo, por decirlo así, ya que la experiencia de los rituales, de las iniciaciones, las leyendas y el mito en sí, gracias al capitalismo que todo lo absorbe y lo pervierte, ha caído en un entretenimiento más. Los estudiosos de los mitos llevan años luchando por encontrar al mito en su estado puro, pero eso es posible nada más, y no en todos los casos, para las culturas que aún no están tan contaminadas ni construidas. Me refiero al concepto de construcción como algo que es postizo y que deviene de la creación de alguno pero a partir de su beneficio propio, como lo es la publicidad, el marketing y demás. El mito es real únicamente bajo su experimentación. No estoy quitando ningún tipo de valor a los teóricos que han desarrollado extensas investigaciones sobre el mito, pero quiero decir justamente que esa es la única forma de acercarnos hoy al mito, aunque nos sea limitada. Los mitos son el registro del aprendizaje del hombre y su relación con el entorno, con sus sueños, deseos y es también una forma de explicación de la realidad y su trasfondo. Una vez más me atrevería aquí a decir que el hombre fue y es hombre cuando el mito existe. Sin él nada acontece en el alma humana. La explicación que se daba a la realidad a través del mito le dio al hombre la posibilidad (no sé si buena o mala) de romper la simbiosis que tenía con el entorno y la naturaleza y a su vez una forma de relacionarse con éste. El mito marca el nacimiento de la cultura y por consiguiente el alejamiento cada vez más progresivo y distorsionado de la naturaleza. Y peor aún pensar en esos falsos y escabrosos retornos al ser natural, cuando ya no somos pertenecientes a la naturaleza. Para el hombre de hoy la naturaleza, su naturaleza es ser un ser cultural y por ende un ser de y para el mito.
Rodrigo Carrillo akenatonbres@hotmail.com
Psicólogo Clínico.
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