Manifestaciones simbólicas del zapato en las terapias de los trastornos graves de la identidad psico-corporal
Autor: Juan A. García-Nuñez
PREÁMBULO
En una contención con un paciente pre-adolescente en el desarrollo de una crisis con manifestaciones auto y heteroagresivas observé que al quitarle los zapatos cesaban bruscamente éstas manifestaciones apareciendo la expresión de un verdadero terror ante esa pérdida. El paciente, en adelante llamado Jorge y del que más adelante describiremos su situación clínica, tiene una marcada tendencia hacia la cleptomanía para compensar, tanto sus carencias afectivas como procurarse auto-estima mediante la manipulación de los compañeros con la entrega selectiva de los objetos robados, causante en la mayoría de los casos de sus crisis.
Desde el ingreso en nuestro Centro había negado la intervención psicoterapéutica y de relajación, participando activamente sin embargo en las sesiones de psicomotricidad con propuestas de lucha y desafío; parece que buscaba el pulso psico-corporal con el adulto en busca de límites, no mostrando interés alguno por los mediadores corporales como provocadores del juego simbólico y la relación. Cuando la psicomotricista acepta la lucha, y en el juego se produce la inmovilización de Jorge, parece que esto calma su ansia guerrera, facilitando así el uso de los objetos mediadores, aunque de manera muy poco elaborada.
A medida que transcurren las sesiones de terapia psicomotriz, llega a la sala con más desánimo y apatía, manteniendo una actitud desafiante. Se sienta, incluso se tumba, y no quiere jugar a nada. Ante la invitación al juego no reacciona, pero sí tras varias provocaciones con el material. Parece que cada vez le cuesta más abrirse y salir de él mismo, y cuando por fin lo hace aunque en dinámicas semejantes a las narradas anteriormente, se procura un estado distendido corporalmente. Por sus comentarios durante las sesiones, muestra una gran preocupación por lo que la psicomotricista hace y habla con los otros pacientes -chicos de la Residencia- , piensa que con él no quiere hacer lo mismo que con los demás, y que hasta me daría igual si él no viniese a las sesiones "porque ya juego con los demás". Siempre se compara y menosprecia. A veces manifiesta verbalmente su tristeza porque la madre no se preocupa de venir a verlo: "a pesar de no tener nada mejor que hacer, prefiere quedarse viendo la televisión que venir a verme", dice.
Después de una crisis profunda provocada por un importante robo con allanamiento de morada, Jorge se fuga del Centro y marcha con una tía materna. Un día después de su huida le recojo y durante el regreso, muy afectado, me habla de su infancia en sudamérica, de su padre, que también robaba, entrando y saliendo de la cárcel a menudo; a continuación, después de ponerse él mismo el castigo por su huida, me manifiesta el deseo de iniciar sus sesiones de psicoterapia y relajación.
Hasta aquí este breve preámbulo para el contexto de esta intervención: Manifestaciones simbólicas del zapato en las terapias de los trastornos graves de la identidad psico-corporal.
La pregunta que me asalta inmediatamente, a mí como psicomotricista, es: ¿Ejercen alguna función significativa, en los procesos de interacción, los aditamentos corporales? ¿El zapato, objeto de nuestra mirada selectiva en este caso, está insertado en nuestra imagen corporal de modo que en determinadas situaciones puede influir significativamente en los actos del sujeto?
Esta es la reflexión a la que me obligo. Pero antes de transmitirle a Vds. su resultado, como una de la diversas vías que sin duda acontecen en este problema, deberemos situar al menos de un modo sucinto y preciso algunas referencias sobre Jorge y sobre la simbología del zapato.
INFORME ESTUDIO JORGEAntecedentes psico-sociales
Este menor, nacido en un país de sudamérica el 20 de noviembre del 1990, ingresó en Protección de Menores de Servicios Sociales procedente de un hospital el 19 de septiembre de 2002, traído por el Grupo Especial de Policía de Menores, porque se cayó desde una ventana huyendo de su madre y manifestando que ésta le estaba pegando y denunciándola por maltrato. La madre estuvo detenida. Vivían en una habitación alquilada y a la señora de la casa le faltó dinero y le echaron a él la culpa. Motivo al parecer que desencadenó el hecho.
En el Centro de Menores anterior a éste manifestaba conductas sexuales "poco apropiadas" con niños de menor edad que él que propiciaron el traslado a un Centro específico de Salud Mental.
Jorge ingresa en una Unidad de Psiquiatría para adolescentes el 13 de febrero de 2004 por trastorno de conducta en el centro donde reside derivado por su psiquiatra de referencia.
Enfermedad actual.Desde su incorporación a la residencia su comportamiento ha sido similar al presentado en los dos centros anteriores: se muestra desafiante, disruptivo, agresivo con los objetos y las personas, impulsivo, demandante de atención, con baja tolerancia a la frustración, reaccionando agresivamente si no consigue sus demandas. Estas conductas se agravaron a partir de Navidad, al parecer robó y llevó dinero a su madre quien reaccionó intensamente, siendo éste uno de los posibles desencadenantes del agravamiento de las alteraciones del comportamiento.
En las semanas previas al ingreso, las conductas disruptivas iban en aumento, con frecuentes episodios de agitación psicomotriz, explosiones de agresividad y rabia hacia el personal del centro, con importante inestabilidad anímica y amenazas parasuicidas.
A. P. Psiquiatricos.En seguimiento desde octubre de 2002 en el CSM de zona por trastornos de conducta. Estuvo ingresado en junio de 2003 en nuestra unidad por trastornos de conducta similares al ingreso actual.
A. P. Somáticos.Sin interés.
Habitos tóxicos.Fumador esporádico de tabaco el año pasado.
A. F. Psiquiatricos.La familia niega antecedentes de interés
Estructura familiar.Actualmente personas significativas del entorno son: la madre, de 30 años de edad que trabaja como empleada de hogar todo el día, limitada su capacidad para satisfacer las necesidades educativas, emocionales y cuidados en general del niño; su tía materna, Soledad, más accesible emocionalmente y vinculada afectivamente al menor.
Desarrollo evolutivo.Embarazo no deseado, la madre tenía 16 años, se sintió apoyada, transcurrió sin incidencias. Parto normal, el padre le reconoció. Lactancia materna hasta los tres meses, luego artificial. Desarrollo psicomotor normal. Lenguaje: tardó en pronunciar palabras, habló a los tres años. Los primeros cinco años los pasó con su familia de origen. Muy apegado a su tía materna. Lo describen como un niño muy sensible, "en cuanto le decían algo se echaba a llorar". Al nacer su hermana tuvo celos. A esa edad se vino a vivir a España, él sintió mucho la separación de su entorno. A partir de ese momento varios cambios de domicilio y siete cambios de colegio ( tenía "pleitos" con sus compañeros, les pegaba les quitaba cosas), en casa demandaba más atención. Siempre ha tenido mala relación con sus iguales, sus amigos eran mayores que él. Desde hace un año y medio se encuentra en España, hace una año le retiraron la custodia a la madre por posibles malos tratos; existe la sospecha que ese maltrato sea extensivo desde la primera infancia.
Evolución.Durante su estancia ha estado adaptado, demandante de atención con iguales y personal sanitario, actitud poco colaboradora, inquieto, evadiendo las entrevistas. Ha mostrado en algunas ocasiones actitudes oposicionistas, retador de normas, reacciones impulsivas que han precisado sujeción mecánica para prevenir la auto y heteroagresión.
Interesado siempre por el presente inmediato, con poca capacidad de reflexión, cambiando de tema si éste le resulta conflictivo. Se pone de manifiesto su inseguridad y dificultades de relación interpersonal.
Se ajusta el tratamiento farmacológico, introduciendo risperidona hasta una dosis de 3mg/día produciéndose a medida que transcurría el ingreso una estabilización anímica, mejor control de impulsos y de reacciones desproporcionadas de agresividad.
Exploración psicopatológica tras su integración en la Unidad.Consciente, colaborador, adecuado, más tranquilo y atento. No impresiona trastorno del estado del ánimo, discurso coherente y fluido, sin alteraciones en pensamiento ni en sensopercepción. Parcial conciencia de su comportamiento inadecuado y sus repercusiones personales. No presenta alteración en los ritmos biológicos. No ideas de muerte ni tampoco auto ni heteroagresividad. Baja tolerancia a la frustración y a la puesta de normas y límites. Poco reflexivo e impulsivo.
Exploraciones complementarias.Tóxicos en orina: negativos. Sistemático en sangre: sin alteraciones, excepto hematocrito 39,7% (40-54)
Juicio diagnostico.EJE I: TRASTORNO MIXTO DE LAS EMOCIONES Y LA CONDUCTA
EJEII: TRASTORNO DEL DESARROLLO DEL APRENDIZAJE ESCOLAR
EJE V: PROBLEMAS RELACIONADOS CON HECHOS NEGATIVOS DE LA NIÑEZ
| RISPERIDONA | 1,5 | 0 | 1,5 |
| BESITRÁN 100 mgrs. | 1 ½ | 0 | 0 |
| TRANXILIUM 10 mgrs. | 1 | 0 | 1 |
| TOPAMAX 50 mgrs. | 1 | 0 | 1 |
Fecha del Informe diagnóstico: 17 de febrero de 2004
(Posteriormente se produjeron los hechos narrados en la introducción y que sitúan éste trabajo)
| "Andar calzado es tomar posesión de la tierra". | |
| "Antiguamente era costumbre en Israel, en caso de rescate o de compra, que para ratificar todo negocio, una de las partes se sacara la sandalia y la entregara a la otra. Ésta era la manera de atestiguar en Israel. Los exegetas de la Biblia de Jerusalén señalan, a este respecto: "Aquí, el gesto sanciona... un contrato de cambio. Poner el pie sobre un campo y arrojar sobre él la sandalia es tomar posesión de él. El calzado se convierte así en el símbolo del derecho de propiedad. Retirándolo y entregándoselo al adquiridor, el poseedor le transmite ese derecho." | |
| "Hermes, protector de los límites y de los viajeros que franquean los límites, es un dios calzado, pues tiene posesión legítima de la tierra sobre la que está". De la misma manera, añade el autor, "en tierra de islam, el extranjero debe atravesar descalzo el umbral de la casa de su huésped, mostrando con este gesto que no tiene ningún pensamiento de reivindicación, ningún derecho de propiedad a hacer valer; el suelo de la mezquita como el de los santuarios no pertenece a los hombres, y también ellos deben ir descalzos para andar por allí". | |
| En las tradiciones occidentales el calzado tendría significación funeraria: un moribundo está a punto de partir. El zapato a su vera indica que no está ya en estado de andar; revela la muerte. | Pero ésa no es la única significación, pues aunque simboliza el viaje, no es sólo en dirección al otro mundo, sino en todas las direcciones. Es el símbolo del viajero. Es quizás en ese símbolo en donde se inspira inconscientemente la tradición relativamente reciente de los zapatos en la chimenea, puestos allí para recoger los regalos de Papá Noel; indicaría que el propietario se considera también viajero y tiene necesidad de un viático; separado de sus zapatos, está parado en su camino; y espera del cielo los medios para volver a partir para una nueva etapa. | La sandalia de la Cenicienta, en su primera versión, que se remonta a Eliano, retor y cuentista romano del siglo III, confirma la identificación del zapato con la persona. Mientras que una cortesana, Rhodopis, tomaba su baño, un águila robó su sandalia y se la llevó al faraón. Conmovido por la fineza del pie, éste mandó buscar por todas partes a la muchacha; fue naturalmente encontrada y él la tomó por esposa. Del mismo modo, la pantufla que abandona la Cenicienta, en el palacio del príncipe, cuando huye a los toques de la medianoche, se identificaba con la joven. | Algunos intérpretes han hecho de este símbolo de identificación un símbolo sexual, o por lo menos del deseo sexual despertado por el pie. Los que consideran el pie como un símbolo fálico verán fácilmente en el calzado un símbolo vaginal y, entre ambos, un problema de adaptación que puede engendrar la angustia.2 |
Con este bagaje informativo referencial les expondré a continuación aquellos aspectos que me han llevado a relacionar el zapato, no solo como indicador de la gravedad psicopatológica, ya esbozada al inicio de esta intervención expresada en el terror a la pérdida de la autonomía, de ser alguien, sino también como portador de significados que guían la intervención y evolución del caso.
Con el inicio voluntario de las sesiones de psicoterapia y relajación, se produce la aceptación del descalzamiento de Jorge, quedando fuera de la sala los zapatos de éste; ello implica la consideración del espacio terapéutico, como algo sagrado, algo que cobija y protege; un espacio, en fin, donde puede reencontrarse con su pasado a seguro.
A los dos meses del inicio de las sesiones terapéuticas, la actitud de Jorge inicia un lento pero progresivo cambio, jalonado a su vez por robos frecuentes de diversa intensidad. Mientras, como veremos a continuación, parece que se muestran dos personalidades bien diferenciadas: una, la que se abre desde el interior, con manifiesto aumento de la culpabilidad de sus acciones e intento por conocer el significado de sus sueños, de aquello que parece hablarle de otro Jorge que él no reconoce pero que le subyuga; y otra, la actuante en el exterior buscando la calma de su angustia y su reconocimiento mediante la cleptomanía. Sin embargo las conductas auto y heteroagresivas remiten lentamente.
En la intervención psicomotriz, y paralelamente a las sesiones psicoterapéuticas, cada vez más aparecen conductas de regresión hacia el núcleo del deseo de protección y necesidad de afecto del arquetipo de la madre: Jorge permanece prácticamente todo el tiempo de las sesiones, en una postura fetal y con la cabeza en el regazo de la pierna de la psicomotricista, sin apenas movimiento, hasta que ésta le indica el final de la sesión.
Como su conducta cleptómana representa claramente un indicador grave de alteración de las normas sociales, el repudio por parte del entorno aumenta.
Las visitas y salidas de fin semana con la madre se habían interrumpido bruscamente, cortando todo lazo por reconstruir el vínculo, ya que ésta negaba la posibilidad de todo encuentro con el hijo, por lo que tuvimos que convencer a la madre de la conveniencia de que aceptase verlo, con un educador, en un café, al menos unos diez minutos a la semana. La presencia del educador en el encuentro se hizo imperativa por el temor de la madre a que el niño le crease alguna escena desagradable. Las posiciones de los equipos clínico y psicoeducativo del Centro eran en la mayoría de los casos negativas para la evolución positiva de Jorge, con lo que ello representaba en su condicionamiento para la relación. Tan solo contábamos como indicadores, aparte de las conductas regresivas en las sesiones reseñadas anteriormente en psicomotricidad, de un sueño, cuya interpretación al niño le dejó impactado. Este es el sueño:
| "Él (Jorge) va con su madre a una zapatería; ella le quiere comprar unos zapatos muy bonitos; en la tienda también hay bicicletas; él quiere una bicicleta en lugar de los zapatos que le pensaba regalar su madre. En ese momento entran unos chicos y roban en la tienda, le clavan una navaja en la muñeca a su madre y también atacan a si tía" |
He aquí el zapato como mediador entre la madre y el hijo, como expresión del vínculo con el arquetipo de la madre en sus dos vertientes: propiciadora de vida, de protección, de seguridad y afecto; y, propiciadora de libertad y autonomía. Mientras el inconsciente marca claramente el camino para la recuperación, la realidad en la que se encuentra el niño, es la de negación de esa ayuda, buscando la huida, pero sin poderse sustraer a las graves consecuencias de su acto. El impacto de la interpretación del sueño en el niño, nos hizo ver que los breves encuentros con la madre parecían dar su fruto, al menos estaban alejando de la mente de Jorge la imagen delirante del total rechazo a su persona.
Restablecida la relación de salidas de fin de semana con la madre, aunque espaciadas en el tiempo, los mecanismos de autocontrol por parte de Jorge inician un progreso significativo. Más aún, sin que mediara nada entre ellos, y en la primera bajada de fin de semana, cuando la madre le regaló a Jorge unas zapatillas de deporte sin que hubiera conocimiento alguno por su parte de la preocupación de su hijo por los zapatos, éste encontró la respuesta a su impacto durante la interpretación de su sueño. Este hecho ha proporcionado seguridad y confianza en Jorge, aceptando que las salidas por la ciudad deberá hacerlos aún en compañía de su madre.
La terapia de relajación y psicomotricidad evolucionan actualmente hacia una liberación de los procesos expresivos en el juego simbólico y hacia un interés por lo simbólico en sí, que representa un camino hacia el interior del psiquismo y que proporciona, con su análisis, las herramientas necesarias para el desarrollo del yo.
Habiendo cumplido su función la simbología del zapato, se abren camino otras nuevas necesidades cuyas respuestas precisan así mismo de la mediación psicoterapéutica y psicomotriz para poder hablar de remisión definitiva de la enfermedad. 3
Berzosa del Lozoya, octubre de 2004
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1. El Inca tenía como residencia un lujoso palacio en la Imperial ciudad del Cusco. Una de las características más saltantes del Inca era su bella indumentaria que consistía de un turbante multicolor ceñido a la cabeza llamado LLAUTO, que llevaba en la parte de la frente, una insignia llamada MASCAPAYCHA (borla de color rojo); encima del Llauto y a la altura de la frente se colocaban dos plumas del ave Coraquense, sujetas por una plancha deoro que representaba la imagen del sol. Además el soberano se cubría con un manto de finísima tela y llevaba una especie de camisa o túnica (UNCU). Calzaba sandalias de cuero o de fibras vegetales.
El respeto a su persona era tal que "Nadie se atrevía a mirar al Inca de frente; nadie podía aproximarse a él sin tener los pies descalzos y sin llevar sobre su cabeza un fardo, en señal de sumisión" (El subrayado es mío). Ver página
1. Los indios no tenían mucha ropa y era muy distinguida porque era formada de tela doble -azul o negra en un lado y blanca en el otro. Ellos llevaban un lado para la vida diaria y el otro para funciones importantes. Básicamente la ropa para los dos sexos eran similar. Los hombres tenían pantalones cortos, hasta un poco más de la rodilla, un chaleco, una chaqueta, y una camisa de bayeta. En los pies, los hombres llevaban sandalias o huiscus. Finalmente, en las cabezas ellos tenían gorras tupidas con lana y tejidos de colores variados. Usaban los ponchos y las capas encima de todo la otra ropa y también usaban cinturones muchas veces.
Las mujeres llevaban la camisa de lana, o, a veces, de algodón y usaban la tradicional llijlla (capa o poncho) sujeta sobre su pecho con el pichi (una cuchara de plata). También, ellas llevaban más de una pollera o falda con la parte superior estrechada y la parte inferior con pliegues menudos. Eso es porque querían acentuar sus nalgas y sus caderas. Las mujeres no usaban las sandalias, ellas siempre llevaban los pies desnudos (el subarayado es mío). Ver página
1. Durante toda la guerra soñé con un par de zapatos. Tener zapatos. ¿Pero cómo conseguirlos? ¿Qué se debe hacer para lograr un par de zapatos? En verano voy descalzo y tengo la piel de las plantas de los pies curtida como un cinturón de curo. Al principio de la guerra, mi padre me fabricó unos zapatos de fieltro, pero como no era zapatero, tienen un aspecto lamentable; además he crecido y me van pequeños. Sueño con unas botas fuertes, macizas, claveteadas; de esas que al golpear sobre el empedrado producen un sonido claro e inconfundible. (...) Un par de botas sólidas era símbolo de prestigio, de poder absoluto; el zapato endeble y roto era señal de humillación, estigma de un ser al que habían arrebatado toda su dignidad, condenándolo a una existencia infrahumana. Tener botas significaba ser fuerte e, incluso, simplemente, ser. (Subrayado en el original) Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy. Anagrama, Barcelona, 2004 (pag. 21).