La espiral evolutiva. El desarrollo de la consciencia en un marco universal de leyes
Autor: Sinesio Madrona Rodenas
El origen de esta teoría no se produce en el seno del discurso tradicional de la psicología. Este discurso tradicional, como el de cualquier otro saber, está autocentrado en la propia materia de estudio y tiende a ignorar la realidad del universo tal como lo conciben otras ciencias. Por el contrario en la teoría que les presento son su base de partida. En esta teoría el crecimiento y evolución del ser humano y el desarrollo de su conciencia se concibe dentro de una curva espiral especificada matemáticamente: Edad = 1/60 (J2/90 + J) e inmersa en el simbolismo y estructura astrológica de geometría dodecanaria. Gracias a esta disposición el desarrollo evolutivo humano se presenta como una serie de subciclos repetitivos que se disponen simétricamente en torno a un eje central y se integran en un ciclo mayor. Debido a ello fases semejantes en el desarrollo de la conciencia se repiten formando un ritmo musical y mandálico que puede ser al mismo tiempo objeto de estudio riguroso por la ciencia objetiva y sujeto de contemplación para la meditación trascendente. Es una teoría integradora en la que sea aúnan las percepciones de los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro. Surge así una descripción binocular (Bateson 1998) de la conciencia desde una perspectiva, al mismo tiempo, objetiva y subjetiva.
Presentación
En el pasado he estado muy empeñado en presentar esta teoría ante los medios académicos oficiales con la adecuada asepsia científica (mi fuerte inclinación racionalista, al fin y al cabo). Hace unos pocos años estuve haciendo los cursos para el doctorado en filosofía y puede captar más profundamente (de forma vivencial) la actitud racionalista que predomina todavía en nuestra cultura. En el último año un profesor de la facultad de psicología, con el ánimo de ayudarme a ver mi situación, me dijo que en los medios oficiales a la gestalt (soy terapeuta gestalt) se la veía más o menos como una secta y que a mi espiral se la podría calificar como un delirio. No obstante, gracias a esta experiencia, he podido superar mi empeño de presentar esta teoría como si -supuestamente- poseyera las cualidades que hicieran de ella una teoría aséptica capaz de ser entendida en los medios de la ciencia oficial al uso. Ello me ha llevado a darme cuenta de que hay dos puntos o consideraciones que deben ser tenidos en cuenta.
El primero es que esta teoría difícilmente puede ser considerada con la asepsia que pretendía. Según creo ahora, la teoría presente implica una nueva cosmovisión del universo (en verdad, muy antigua), del ser humano y de la realidad en la que estamos inmersos. La consideración de que existe una estructura semejante -que puede ser contemplada desde la teoría sistémica- en la materia (desde la física cuántica hasta la biología, pasando por la cristalografía) y en la conciencia es una revelación que nos pone en contacto con los misterios del universo que siempre han preocupado al hombre (Laszlo, 1997). Por una parte disponemos de una ecuación matemática que nos lleva esa consideración cosmológica al terreno que podría contemplar una ciencia objetiva más abierta. Por la otra los sentimientos míticos y religiosos que la humanidad ha venido desarrollando a lo largo de las eras tendrían así un marco que podría ser considerado, objetivamente, como parte del desarrollo humano dentro de una concepción global -sistémica- de la realidad que estaría más allá de la ciencia y el mito. Esta observación me lleva al segundo punto que quiero expresar en esta presentación.
Creo que esta espiral es una muestra del lenguaje del nuevo paradigma (simbolizado por el arquetipo de Acuario en términos astrológicos). No es suficiente con rescatar mitos, mancias, conocimientos esotéricos, ritos, costumbres populares, etc. Han de ser reinterpretados y reescritos en un lenguaje nuevo en el que participe tanto la ciencia y sus esquemas objetivos y matemáticos (del hemisferio izquierdo del cerebro), como la percepción empática del hemisferio derecho del cerebro. La quiebra griega de nuestra cultura ha supuesto la diferenciación entre las percepciones de la realidad que obtenemos con cada uno de los hemisferios cerebrales. Ello nos ha llevado a poder desarrollar el conocimiento que es capaz de obtener de la realidad el hemisferio izquierdo. Ahora es necesario desarrollar un nuevo lenguaje (antiquísimo, en realidad) -transmental y transemocional- que incluya la visión total de la realidad. Una visión que es emotiva y racional al mismo tiempo. Una visión en la que el sujeto y el objeto están implicados y son inseparables. Una visión en la que el hecho de estar implicado personalmente no excluye la objetividad, en la que la objetividad y la subjetividad (y cualquier otra dualidad al uso de la conciencia racional) confluyan. Una visión que está más allá de la dualidad y que, por lo tanto, hay que contemplar sin categorías, en una fusión mente-cuerpo-universo. La recuperación de una visión personalizada, como dice Hillman (1999), en la que los conceptos y las referencias a la realidad vuelvan a tener vida.
Acuario es un signo que rige la arqueología y la reinterpretación e incorporación de lo que descubre a la luz del conocimiento actual. Lo que estoy proponiendo es una arqueología de las ideas: descubrir lo que nuestros ancestros observaron sobre la realidad, incorporarlo a nuestra experiencia y describirlo de acuerdo con un lenguaje más universal, como es el de la ciencia. No es algo muy diferente a un trabajo de traducción; pero una traducción que implica la transformación del ser que traduce.
Consideraciones preliminares
En el curso de la evolución del pensamiento se ha pasado de una situación en la que el hombre concebía la unidad en todas las cosas como algo natural y esencial, a un pensamiento parcial limitado y ciego que, si bien nos ha permitido desarrollar la ciencia y la tecnología con todas sus ventajas, ha sumido al espíritu en una penuria aciaga. De esta situación nos han ido sacando a lo largo de la historia del pensamiento personajes como Hutton1 (Mc Intyre, 1959), Copérnico, Darwin, Einstein o Freud. Ampliando cada uno de ellos, en un sentido diferente, la extremadamente limitada visión de su tiempo. Pero el pensamiento astrológico pertenece a una época en la que todavía no se había producido la quiebra griega y es, por lo tanto, consustancial con el pensamiento unitario. Por ello cualquier desarrollo teórico o práctico que tenga como base su estructura y simbolismo nos situará siempre, con el adecuado esfuerzo y apertura mental, más allá de cualquier posibilidad que ahora mismo contemple el discurso habitual del pensamiento racionalista por muy abierto y avanzado que éste sea.
Es importante darse cuenta profundamente de que la atribución a la astrología de ser la madre de las ciencias no es una cuestión puramente racionalista de prioridades y de conocimientos abarcados, sino que está incluida en ella el hecho de que la cosmovisión que se desprende de la naturaleza de su saber implica una visión unitaria de la realidad que supone un estado del saber previo al de la separación y dualidad que significa el saber científico. Es decir, es una "madre" prepersonal y transpersonal, nunca podrá ser una madre personal, pues su naturaleza es ser la unidad, y la conciencia personal nunca es, por definición, una conciencia unitaria. El hecho de que el desarrollo científico esté basado en la separación no es ajeno a la condena de la astrología, pues la ciencia condena la unidad (Groff, 2002). Por ello debemos tener muy claro que nunca, nunca, debemos subordinar la capacidad de la astrología para comprehender la realidad a las teorías, estructuras y sistemas de otras ciencias (Madrona, 1991), pues eso va en demérito de la astrología y de la comprensión de la naturaleza del universo, con el que somos Uno
Otra cosa es que la capacidad empírica de las distintas ciencias aporte a la astrología datos para "rellenar los huecos" que deja sobre el universo y el ser humano, en sus detalles, la visión global de este saber. El frecuente deseo de los astrólogos a ser admitidos social y oficialmente no debe hacer de llama fatal para la palomilla, hasta tal punto que se fuerce a la astrología a meterse en el lecho de Procusto que es para este saber (que va más allá de lo que hoy se entiende por ciencia) la limitada visión que tiene la ciencia sobre la realidad. La ciencia y sus capacidades tampoco ha de ser rechazada (como algunos astrólogos radicales hacen), sino que se ha de incorporar al saber astrológico, pero como una herramienta, no como una cosmovisión. De esta manera el conocimiento sobre la realidad que tiene el ser humano superará su etapa prepersonal y se transformará en un conocimiento transpersonal que transfigurará al ser humano y a la sociedad en la que vivimos. Supone incorporar a nuestros estudios e investigaciones el rigor, conocimiento y objetividad que tan excelentes resultados han dado a la ciencia. Algo de lo que, con frecuencia, el astrólogo está muy falto debido a la capacidad del símbolo para saltar por encima de las limitaciones y barreras del pensamiento objetivo. Capacidad inmensa de establecer relaciones, que utilizada, no obstante, sin la vigilancia constante de nuestro "racionalista interior" puede llevarnos a un grado tal de subjetividad que ridiculiza, con frecuencia, a los practicantes de este saber en los medios públicos y oficiales. Situación que en nada propicia la capacidad de la astrología para ser admitida como instrumento para el conocimiento global de la realidad.
Así pues, los fundamentos de esta teoría, aunque es una teoría psicológica, no nacen en el seno del discurso dialéctico tradicional de la psicología. Este discurso, aunque pertenezca a escuelas distintas e, incluso, enfrentadas, como pueden ser el psicoanálisis y el conductismo, por poner los dos ejemplos más clásicos, adolece de estar inmerso en un discurso racionalista autocentrado en la propia materia de estudio (como, por otra parte, ocurre en cualquier otra disciplina). Racionalista aún cuando los temas que se investiguen no tengan, aparentemente, nada que ver con el discurso racionalista. Racionalista en su connotación limitativa, porque al centrarse exclusivamente el estudio en el fenómeno humano se pierden de vista las posibles conexiones y paralelismos que pudieran existir entre este fenómeno y el resto del universo tal como lo conciben otras ciencias, como pueden ser la física, la química, la geología..., por mencionar las más aparentemente alejadas del fenómeno humano. En este sentido los más actuales desarrollos del pensamiento científico implican la consideración de estructuras semejantes en distintos niveles de la realidad, desde físicos hasta sociales (Bertalanffy 1979, Prigogine 1983, Laszlo 1997, Keeney 1994). Desde esta perspectiva no es extraño concebir una estructura matemático-geométrica en el desarrollo de la conciencia.
Obviamente, si queremos hacer de la psicología un saber universal (y no muchas "ciencias", ajenas las unas a las otras en sus saberes y fundamentos), habríamos de ver en un planteamiento matemático y geométrico (que trata de incluir en su estructura el desarrollo del ser humano, tanto en su conducta como en su conciencia) una promesa de que, quizá, sea posible salir de los enfrentamientos sectarios y concebir el fenómeno humano como una unidad en la que necesariamente tenemos que incluir todas sus características para hacer de su estudio un planteamiento integral. Porque ¿qué sentido tiene hacer "ciencia" de una parte del ser humano si no incluye su aspecto principal; es decir, su naturaleza consciente? La ciencia de la conducta del ser humano no es, fundamentalmente, diferente de la de cualquier otro animal. En este caso no tenemos una ciencia del hombre, sino una ciencia de la conducta de una especie animal en particular.
Por otra parte la estructura que aquí se propone y el concepto de ser humano que se desarrolla desde esta perspectiva, tiene paralelismos, semejanzas u homologías con las estructuras de otras ciencias, tan duras, incluso, como la física o la geología. Y es que el planteamiento de esta concepción del ser humano no lo hace diferente al entorno en el que vive y del que procede. Es más, desde esta perspectiva se considera una garantía de objetividad y cientificidad el hecho de que exista ese paralelismo. ¿Por qué el fenómeno humano -incluso la estructura de su conciencia- habría de ser diferente de la estructura del universo en el que existe? ¿Acaso pensar de otra manera no será todavía producto de la influencia judeo-cristiana que concibe al ser humano como algo completamente ajeno al mundo en el que vive? 2
No podemos hacer ciencia del hombre todavía porque estamos apegados ideo-emocionalmente a una u otra de las distintas etapas evolutivas que en esta teoría se contemplan. Las emociones, incluso las que se suscitan en la experiencia mística, son susceptibles de ser tratadas con objetividad -como un factor energético- en tanto en cuanto seamos capaces de ir más allá de las distintas "condensaciones" ideo-emocionales que se producen en el desarrollo humano. La dialéctica entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro humano debería llevarnos a concebir un proceso dual en el que, alternativamente, una experiencia o una emoción (cerebro derecho) o una explicación (cerebro izquierdo) producen un efecto sobre una anterior condensación ideo-emocional (fijación en términos psicoanalíticos) cuya función básica es hacer saltar a la consciencia de la realidad de un nivel a otro cada vez más abarcativo. Dejan de existir, de esta forma, "ideas" y "experiencias" acerca de cómo es la realidad y pasamos del plano de los "hechos", al plano de las relaciones (de la información) y de los procesos recursivos, que se dan entre factores opuestos (Keeney 1994), como medio para acceder a un continuum evolutivo que nos libera de toda "creencia" acerca de cómo es la realidad. Y ello no tiene porqué significar que distintos niveles de esa misma realidad y distintas formas de operar en la misma, vistos desde distintos niveles de la consciencia, tengan que ser necesariamente incompatibles.
Es más, discusiones personales con J. Ferrer en base a su libro Espiritualidad creativa (2003) me han llevado a la consideración de jerarquía y paridad como una dualidad que también hay que trascender. Por una parte, desde la perspectiva evolutiva, no cabe duda, poniendo un ejemplo sencillo, que el desarrollo adolescente es "mayor" que el del niño. En nuestra mentalidad racionalista la conciencia del adolescente es "superior" a la del niño. Pero no nos damos cuenta de que, si bien el adolescente ha ganado amplitud en su conciencia, también ha perdido algo que el niño tenía. Por ello las teorías jerárquicas (por ejemplo las de Wilber), tal como denuncia Ferrer en su libro, son sospechosas de un pensamiento totalitario de origen cartesiano-kantiano. Creo que el pensamiento astrológico nos facilita el acceso a una nueva (antigua) forma de ver las cosas siempre que seamos capaces de seguir su camino hasta sus últimas consecuencias.
Con esta teoría se muestra que el desarrollo y la estructura de la conciencia puede ser interpretado en base a funciones y postulados en nada diferentes a los planteamientos de la ciencia. En particular a los planteamientos más actuales de la ciencia y la teoría de procesos no lineales (Prigogine 1983, Almendro 2002). Es decir, el hecho de que la conciencia nos haga diferentes a otros seres vivos no quiere decir que esta nueva estructura de la evolución de las especies no esté sometida a las mismas leyes que el resto de la materia-energía de la naturaleza. Si a alguien le quedaba alguna duda, esta concepción de la conciencia nos sitúa a la par de cualquier otra estructura de la realidad. Naturalmente esto no significa que la conciencia sea reductible a sus "componentes" como bien decía Jung acerca de la catedral de Colonia, no puede ser reducida a un estudio mineralógico de los materiales empleados en su construcción (Jung, 1982).
Una forma de pensamiento diferente
Centrándonos ahora más en concreto en esta teoría podemos afirmar, de esta forma, que en el actual discurso racional con el que tratamos de explicar la experiencia mística y la conciencia transpersonal no se ha "recuperado" la unidad primordial que existía en la etapa prepersonal.3 Al igual que las experiencias no ordinarias de la conciencia rompen de una manera radical con la visión de la realidad que se tiene antes de ellas, tenemos que encontrar una teoría, una forma de pensamiento racional, una estructura pensante, una actitud nueva ante el proceso del pensar... que rompa radicalmente con todo el curso del pensamiento racional heredado del cartesianismo, fiel reflejo de la etapa personal en el desarrollo de la conciencia.
Sólo podemos encontrar algo parecido a lo que buscamos en la forma de pensamiento prepersonal. Cuando el ser y el universo eran una y la misma cosa y cuando lo que se decía del uno se decía también del otro. Sólo una forma de pensamiento, una teoría que sea capaz de reflejar esto y que pueda ser filtrada a través del pensamiento racional de la etapa personal (de lo contrario estaríamos cayendo en la falacia pre-trans (Wilber 1991) puede ser un reflejo capaz de recoger en el cerebro izquierdo las llamadas experiencias no ordinarias de la conciencia.
No es cierto, como se han cansado de decir una gran mayoría de místicos y como no se cansan de decir actualmente muchas personas cuando hablan de sus experiencias, que el fenómeno místico sea incomunicable y no pueda tener el correspondiente reflejo en la capacidad del cerebro izquierdo para comprenderla e integrarla en una teoría del ser humano y del universo. No es cierto en la misma medida en la que la experiencia sexual es también incomunicable. El sentimiento íntimo que cada uno de nosotros tenemos en la experiencia sexual es incomunicable. Es cierto en la medida en la que el sentimiento de esta experiencia no se puede trasmitir a un niño. Porque el individuo que no ha tenido una determinada experiencia emocional no puede entender una verbalización sobre la misma, independientemente de que ésta sea sexual, mística o de otra naturaleza. Entonces tengamos las cosas claras: la experiencia mística no se puede trasmitir, como tampoco se puede hacer con la experiencia sexual, pero eso no quiere decir que no podamos entendernos cuando hablamos de sexo. Igualmente podemos entendernos cuando hablamos de la experiencia mística siempre que no queramos -como se puede apreciar con frecuencia en comunicantes de este tipo- que el oyente tenga con nosotros un "orgasmo místico" al tiempo que le comunicamos nuestra experiencia. De todas formas cabe apuntar la posibilidad de que, hasta donde alcanza mi conocimiento y comprensión de la prehistoria humana, las experiencias no ordinarias de la conciencia fueran de lo más común y ordinario hace unos miles o decenas de miles de años. Después del todo la llamada experiencia mística puede ser un intento del inconsciente profundo y de la integridad del ser por recuperar un estado de cosas que es normal en el ser humano global.
Debido a nuestro sesgo interpretativo de la realidad hemos desarrollado una comprensión de la misma limitada y parcial y no poseemos, actualmente, una estructura racional capaz de reflejar sin demérito la realidad y el universo que se percibe tras la llamada experiencia mística. Ésta sería la razón para la postura que niega la capacidad de comunicación de las experiencias inefables que nos dan acceso a la comprensión transpersonal de la realidad humana y universal. Eso es debido a que en el terreno racional estamos inmersos todavía en la etapa personal y somos dependientes, por lo tanto, de unas limitaciones en nuestra estructura pensante que nos hacen incapaces de reflejar racionalmente las llamadas experiencias no ordinarias de la conciencia.4
Una teoría que se propusiese superar estas limitaciones tendría que volver a considerar la realidad como un todo unitario en el que lo que se dijese de un aspecto de la realidad se pudiese decir también de otro por muy alejado o diferente que fuera del primero para la conciencia ordinaria. Tendría que integrar en su seno aspectos tan opuestos para el conocimiento como el determinismo científico y la libertad. Es decir, tendría que ser tan determinista5 como exige la ciencia conocida y tendría, al mismo tiempo, que dar todas las posibilidades inherentes a la experiencia libre de la realidad. Tendría que superar la distinción racionalista de la conciencia ordinaria entre determinismo y libertad, distinción que no es "real", no existe, en el pensamiento unitario. Una teoría así podría hablar del desarrollo humano y de su conciencia sin menoscabo de encuadrarlos en un marco matemático y geométrico, y sin que este marco fuera una limitación a la hora de trascender las propias restricciones de una visión exclusivamente racional. Este marco teórico tiene que dar la posibilidad de que -inmersos en su contemplación- podamos tener una experiencia mística. Es decir, tiene que ser un marco en el que se fundan en cerebro derecho y el izquierdo, un marco en el que lo numinoso y lo racional vayan cogidos de la mano. Es un camino que está andando ya la teoría sistémica; pero esta teoría es -entre otras cosas- una recuperación de la capacidad analógica del cerebro para percibir la realidad, capacidad que está en la base del pensamiento unitario, ya sea prepersonal o transpersonal. El desarrollo de esta capacidad es un ejercicio cotidiano multidimensional en las personas que se dedican a todo tipo de saberes esotéricos y va mucho más allá de la típica "asociación libre" de la práctica terapéutica. Creo que la teoría que les propongo responde a todas esta consideraciones.
Por otra parte la idea de que no existe un pensamiento prepersonal digno de ser tenido en cuenta me parece fuera de toda discusión. Sólo cabe citar que la sospecha de irracionalidad y superstición que pesa sobre este pensamiento prepersonal tiene que ser revisada, pues es un pensamiento que pudo concebir matemática y geométricamente la estructura del universo y desarrollar, hace ya unos 4.000 años, la división de la circunferencia en 360º (Santos 1986).
Creo que es fundamental recuperar esa visión de la realidad que se tenía cuando el pensamiento griego aún no había escindido la realidad, y el pensar sobre el hombre era pensar sobre el medio que le rodeaba y pensar sobre el universo. Cuando lo que se decía sobre uno era igualmente aplicable al otro. Cuando el ser humano pertenecía a la época y al momento en el que había nacido, pues eran uno y lo mismo. Éste es un tipo de pensamiento prepersonal basado en la experiencia de unidad primordial que existe antes de la separatividad que es característica de la conciencia personal. La experiencia transpersonal "recicla" la unidad primaria a través y más allá de la conciencia egoica (racional, científica) para convertirla en unidad trascendente. Esta teoría pretende "reciclar" el pensamiento primario, que pertenece a un estadio cultural paralelo o semejante a la conciencia prepersonal, en un pensamiento transpersonal que recupera esa unidad; pero respeta, al mismo tiempo, la separatividad y la objetividad que forman parte de la conciencia en su desarrollo evolutivo.
Una teoría racional capaz de reflejar la visión del mundo que se descubre tras la experiencia mística
El uso del término reflejar no es un recurso simplemente literario. Y si añado que la teoría que les propongo es un "fiel reflejo" de la realidad de la experiencia mística (la experiencia de unidad con el universo y con el entorno) tampoco estoy haciendo una alusión gratuita. Un reflejo de una imagen es una copia exacta de la misma. La teoría que les propongo, además de ser rigurosamente matemática y geométrica, "refleja", desde la misma esencia formal que construye y constituye, la experiencia mística al ir más allá del esquema newtoniano-cartesiano y convertirse en símbolo; símbolo o mandala susceptible de crear, a través de la meditación y contemplación, un estado que trascienda el limitante marco racional y nos dé esa vitalidad del primer principio religioso del que habla E. Trías (1994). Pero el reflejo -especular-, aunque copia exacta, es una copia invertida. Asimismo el reflejo racional de la experiencia mística es esta misma experiencia, pero "invertida". Es decir, en la medida en la que la experiencia mística es asimilable (en un pensamiento dual) al hemisferio derecho del cerebro, el "reflejo" que de la misma tenga el hemisferio izquierdo tiene que ser "igual, pero invertido" (igual, pero racional). Las experiencias no ordinarias de la conciencia dejan con frecuencia, sino siempre, un sentimiento de profundo conocimiento, armonía, sabiduría y unidad, la sensación de que "se sabe y se conoce todo a partir de ese momento". Ese saberlo y conocerlo todo tiene que tener su correspondencia en la visión que sobre la realidad pueda venir del cerebro izquierdo. Una teoría racional que sea capaz de ser un "fiel reflejo" de esa experiencia mística tiene que dejarnos la misma sensación. La sensación profunda (sensación, no afirmación racional) de que "lo sabemos y lo conocemos todo a partir de ese momento". La teoría que les propongo tiene esas pretensiones. El conocimiento desarrollado en ella forma un mandala como el que ven el la fig. 1. Esta misma figura -generada por un conocimiento que parte del cerebro izquierdo- puede ser una imagen tan buena como cualquier otra para meditar concentrándose en ella. Si además a esa meditación le añadimos el poso que deja en el alma y en el cerebro humano el conocimiento -racional- que existe tras de ella, podríamos llegar a decir, incluso, que es un mandala perfecto (en el sentido de que es integrativo), pues es, al mismo tiempo, racional y contemplativo.
Por otra parte el mandala de la fig. 1 se podría tomar por una representación gráfica de las nuevas teorías (Whitehead 1956, Keeney 1995, Laszlo 1997) que basan la descripción de la realidad no en el "punto newtoniano", sino en la malla de interrelaciones que existe entre todos los "puntos" del universo. Es decir, en estas concepciones no existen puntos aislados sometidos a una fuerza y velocidad vectoriales, sino un complejo campo de interrelaciones en las que cada "punto" está conectado por una información que comparte con todos los otros "puntos", siendo, al mismo tiempo, cada uno de esos otros "puntos". En realidad, hablar de "punto" en estas concepciones carece de sentido, pues en ellas no existe lo que en términos newtonianos entendemos por "punto".
Esta teoría responde a un determinismo riguroso6 (aspecto de la realidad incorporado en la fase personal); pero su expresión gráfica y simbólica en un mandala nos lleva hacia una actitud contemplativa que está más allá de cualquier rigor racionalista, por mucho que lo incluya en su seno. La capacidad vivencial, numinosa e intensa de la experiencia transpersonal tiene, necesariamente, que tener su contraparte en el cerebro izquierdo. No se puede pensar que esa experiencia no pueda ser expresada en los términos y las estructuras racionales de este hemisferio, pues eso sería introducir un desequilibrio en la naturaleza, impropio de la unidad que existe y se persigue tras la experiencia y vivencia numinosa de la unidad. Otra cosa es que, inmersos -aún a nuestro pesar- en una mentalidad racionalista, hayamos sido capaces de encontrar el camino adecuado para ello.
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| Fig. 1. Grafo de las relaciones internas en la estructura dodecanaria. |
Probablemente muchos de Vds. piensen que una teoría de esta naturaleza es imposible; pero al mismo tiempo no dejarán de estar conmigo si afirmo que sólo una teoría de estas características es capaz de sostener la afirmación de que es un fiel reflejo, desde el lado racional, del mundo que se percibe en la experiencia de la conciencia no ordinaria.
Es posible que la estructura dodecanaria del mandada astrológico sea una "elección" perfectamente consecuente. El doce es un número muy particular, tiene múltiples divisores que formalizan subgrupos diferentes de elementos que se pueden recombinar entre ellos en distintas formaciones. Es además el número de subpartículas atómicas (quarks), el m.c.m. de las estructuras geológicas y ha sido empleado en numerosas ocasiones en las distribuciones grupales en las estructuras sociales antiguas (cuando todavía no se había roto la unidad sujeto-objeto), por lo que es un indicio favorable en el camino que seguimos. Por otra parte es posible que la estructura dodecanaria produzca en el cerebro humano una sensación de armonía que calme los temores irracionales que el ser humano lleva en lo más profundo de su ser y que no sea indiferente a la elección del mismo (¿estaría en la fascinación por las gemas en este mismo orden del cosas, teniendo en cuenta, además, que son recolectores de energía?). ¿Es el inconsciente el que nos dicta esa elección o es el reconocimiento intuitivo de que estamos en la base de la estructura del Universo? ¿Es sólo la proyección de un temor irracional, o es también la percepción profunda de esa estructura universal tanto a nivel macroscópico como microscópico? Es posible que la naturaleza pudiera haber elegido la estructura dodecanaria para configurar el universo simplemente por un factor económico. Es decir, parece ser la forma geométrica que mejor equilibra las tensiones y, por lo tanto, la que menor gasto energético produce. La estructura de la psique y de la conciencia, así como el proceso de crecimiento humano también responderían a esta economía de la naturaleza (por ser la más cercana al círculo sin tener excesivas divisiones). La representación dodecanaria podría ser una guía que nos ayudase a encontrar una estructura general que nos diese una visión más coherente de la realidad.
La fórmula matemática
Debo hacer algunas aclaraciones para los lectores que se asustan ante las matemáticas. En este terreno matemático lo más importante no es la fórmula en sí, sino la configuración geométrica en la que se sustenta. La fórmula matemática es la de una simple curva espiral y da cuenta de que los tiempos de desarrollo se van dilatando con la edad y del hecho de que al ser una espiral vuelve sobre las mismas fases. La descripción de los procesos que tienen lugar en el desarrollo humano se apoya más en el gráfico que resulta de la configuración geométrica, algo mucho menos árido que una función matemática. La existencia de la espiral implica que las fases de la madurez repiten ciertos esquemas de la infancia. Pero el alejamiento gráfico tiene una interpretación simbólica y es que, por ejemplo, el origen de las fases prepersonal (1ª fase Piscis) y transpersonal (2ª fase Piscis) es el mismo, pero en un nivel diferente de realidad, lo que explicaría por una parte la confusión entre ambas fases y por otra el hecho de que haya entre ellas tantas similitudes. En las fases de la segunda vuelta se estaría reconstruyendo lo que tuvo que ser separado en la primera por necesidades evolutivas de crecimiento. No hay que fijarse tanto en el aspecto matemático como en el aspecto gráfico, pues, a mi entender, esta representación resuelve algunas incógnitas de la naturaleza del desarrollo humano.
La formulación matemática del proceso surgió a posteriori. Cuando estaba terminando la descripción del primer ciclo de la espiral, los tiempos que me estaban surgiendo de la comparación de la descripción caracteriológica y evolución climática de cada arquetipo con los procesos de crecimiento y desarrollo que describe la psicología evolutiva sugerían un proceso espiral. Le di los datos a Arturo Mata y él encontró la siguiente fórmula matemática que describe con perfección el proceso:
Edad = 1/60 (J2/90 + J)
donde J es el ángulo recorrido para una determinada edad.
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| Fig. 2. Curva espiral de la resultante positiva de la fórmula que describe el desarrollo humano en la teoría dodecanaria. |
El hecho de que la curva resultante sea una espiral es también, en sí, simbólicamente significativo. La espiral y el helicoide surgen tras la aplicación de un vector al trazado de una curva. El vector es un símbolo masculino y la curva es un símbolo femenino. La espiral, como curva resultante de la interacción entre un elemento masculino y otro femenino es una figura masculino-femenina y como tal un símbolo de integración de fuerzas, estructuras, principios... opuestas (esta idea también me fue comunicada por A. Mata). El hecho de que en la naturaleza y en el cosmos la espiral -y el helicoide- sean formas frecuentes es un indicio de que existe una búsqueda de equilibrio que tiende a estabilizar las tensiones y representa un símbolo de madurez y logro en los distintos niveles de la realidad. Por otra parte esta espiral se desarrolla sobre un fondo que consiste en una estructura geométrica circular dividida en doce sectores. Cabe señalar que si existe algún mecanismo o representación en la naturaleza que pueda encontrarse en todos los niveles de la realidad éste ha de ser lo más abstracto y general posible y el aspecto más abstracto posible de la forma es el geométrico. La estructura espiral es de amplia difusión; desde las galaxias a numerosas formas biológicas, pasando por el helicoide del ADN, que responde -como la espiral- al efecto de un vector aplicado sobre el trazado de una curva, sólo que, en este caso, en sentido ortogonal al anterior.
El resultado de la conjunción de la espiral matemática y la estructura geométrica se muestra extraordinario. En este estructura cada fase del crecimiento humano viene expresada gráficamente por un arco de 30º y el tiempo que le corresponde lo cuantifica el desarrollo de la curva espiral. Así se empieza por una primera fase de 8 meses siendo la duración de las subsiguientes el resultado de un incremento constante de 4 meses. Por consiguiente las frases que siguen son de 12, 16, 20, etc., meses. Esta secuencia inmersa en la estructura geométrica del mandala astrológico, se muestra extraordinariamente coherente con los procesos evolutivos, hasta el punto de que todos los procesos que tienen lugar en el desarrollo humano (incluidos los biológicos de la gestación, desarrollo puberal y menopausia, cuya objetividad es indiscutible) responden a la simetría central mencionada.
La fig. 3 es una representación de las fases en la estructura dodecanaria. El número encerrado en un círculo es el ordinal de la fase, los números emplazados en los radios son datos de edad. En el gráfico estos datos se han dado en números enteros para mayor facilidad visual y mnemotécnica. Cada fase está comprendida entre los datos de edad que la circundan. Al final de este estudio hay un apéndice con el dibujo del símbolo astrológico, su nombre, elemento, cualidad y relación con los estadios freudianos de la libido. Los símbolos astrológicos se incluyen porque para las personas entendidas resulta más inmediata la comprensión del texto. No es absolutamente imprescindible conocer estos símbolos, pues las descripciones que hay a continuación son suficientemente claras para ello. Muy al final del texto la inclusión de las estructuras "fija" y "mutable" se hace, sobre todo, para "redondear" el texto de cara a las personas que tienen conocimientos astrológicos, pues resulta difícil explicar estas estructuras en términos exclusivamente psicológicos. No obstante tampoco son completamente incomprensibles. De todas formas ese texto no llega a las 30 líneas.
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| Fig. 3. Esquema de fases y edades que abarcan (datos de edad en números enteros) |
A continuación se expone una lista con los datos de edad exactos entre los que discurre cada fase. Las fases han sido denominadas de acuerdo al aspecto principal que tiene lugar en el desarrollo en ese momento de la vida. En la columna de la izquierda están los datos del primer ciclo vital tal como se considera en este estudio. En la columna de la derecha están los del segundo ciclo. La superposición de las fases del segundo ciclo sobre las del primero implica semejanzas estructurales y comportamentales. La consideración geométrica (que no matemática) de la fase 0 prenatal (1ª fase Piscis) a la que se superpone la fase 12 (2ª fase Piscis) es coherente con las observaciones efectuadas en este estudio que más adelante se exponen.
Es notorio citar que varios psicólogos señalan analogías entre distintas fases que quedan justificadas en esta espiral. Por ejemplo Gesell (1985) señala una similitud sorprendente entre el mundo ideacional del niño de 2'5 años [Géminis] y el adolescente [Sagitario]. Similitud que aquí queda reflejada en la oposición de las fases correspondientes. Rappoport (1986) por su parte señala una notoria semejanza entre la vejez y la adolescencia. Estas dos etapas quedan superpuestas en esta espiral al corresponder con una primera y segunda vuelta por la fase Escorpio. Es también necesario señalar la importancia de lo social en la adolescencia (descubrimiento del otro) y en la vejez (necesidad de estímulos sociales) cosa que también queda reflejada en esta disposición espiral del desarrollo. Hay muchas sorprendentes armonías en esta teoría del crecimiento humano.
Las fases del segundo ciclo vital están situadas sobre las correspondientes del primer ciclo
| Fase 0 (Piscis): gestación (localización geométrica, no matemática). Unidad preconsciente. Génesis física. | Fase 12 (Piscis): de 25.8 a 30.0 años. Pérdida, introversión, mística. Unidad postconsciente. Génesis espiritual. |
| Primer ciclo vital | Segundo ciclo vital |
| Fase 1 (Aries): de 0 a 8 meses. Motora. | Fase 13 (Aries):de 30.0 a 34.8 años. Activa |
| Fase 2 (Tauro): de 8 meses a 1.8 años.7 Corporal. | Fase 14 (Tauro):de 34.8 a 39.8 años. Hedonista. |
| Fase 3 (Géminis): de 1.8 a 3.0 años. Verbal, social, dual. | Fase 15 (Géminis): de 39.8 a 45.0 años. Dual consciente. |
| Fase 4 (Cáncer):de 3.0 a 4.8 años. Edípica. | Fase 16 (Cáncer):de 45.0 a 50.8 años. Segundo Edipo. |
| Fase 5 (Leo): de 4.8 a 6.8 años. Post-edípica. | Fase 17 (Leo):de 50.8 a 56.8 años. Plenitud. |
| Fase 6 (Virgo): de 6.8 a 9.0 años. Escolar. | Fase 18 (Virgo)de 56.8 a 63.0 años. ¿? |
| Fase 7 (Libra):de 9.0 a 11.8 años. La pandilla, el otro. | Fase 19 (Libra):de 63.0 a 69.8 años. Importancia social y segunda adolescencia |
| Fase 8 (Escorpio): de 11.8 a 14.8 años. Puberal. | Fase 20 (Escorpio): de 69.8 a 76.8 años. Importancia social y segunda adolescencia |
| Fase 9 (Sagitario):de 14.8 a 18.0 años. Ideacional. | Fase 21(Sagitario): de 76.8 a 84.0 años. Importancia social y segunda adolescencia |
| Fase 10 (Capricornio):de 18.0 a 21.8 años. Aprendiz. | Fase 22 (Capricornio): de 84.0 a 91.8 años. |
| Fase 11 (Acuario): de 21.8 a 25.8 años. Profesional, social. | . . . |
| Fase 12 (Piscis):de 25.8 a 30.0 años. Pérdida, introversión, mística. Génesis espiritual. |
Teoría sobre la razón intrínseca de esta estructura
Esta disposición del proceso evolutivo permite establecer una serie de correspondencias, dialécticas y subestructuras cíclicas que son las que le dan la razón de ser y muestran el fenómeno humano como algo de una naturaleza, posiblemente, más regular y armónica de lo que podíamos pensar. Estas subestructuras se pueden definir y representar por figuras regulares inscritas en el círculo, es decir semicírculos, triángulos, cuadrados, hexágonos, diámetros, etc. Después de haber estudiado y establecido esta estructura surgió la necesidad de encontrar una explicación a esta regularidad.
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| Fig. 4: subciclos de la libido en la espiral evolutiva. |
Propongo la existencia de unos subciclos de la libido que se van repitiendo periódicamente a lo largo de la vida del individuo. Estos ciclos están formados por cuatro fases que responden a los estadios de la libido señalados por Freud como: libido primordial [agua], catexis del yo [fuego], ligazón al objeto [tierra] y ligazón a la representación del objeto [aire] (Laplanche y Pontalis, 1971). En mi estudio estos cuatro estadios están sacados de su contexto psicoanalítico y trasladados al contexto evolutivo. Asimismo existe una variación en la interpretación de la primera fase, la de la libido primordial, pues no se considera tanto vinculada o fijada en las llamadas zonas erógenas como un concepto más general y global relacionado con el inconsciente y con los procesos biológicos que tienen lugar en el crecimiento del ser humano. Estaría más en la línea de la psicología de Jung. En el contexto de la Espiral Evolutiva se pretende señalar con estas fases ciclos completos de desarrollo que se irían repitiendo a lo largo de la vida del ser humano. Sería la recurrencia de estos ciclos la que da la razón profunda a la armonía que se observa en el crecimiento del ser humano desde la perspectiva de la Espiral Evolutiva.
En el contexto de la Espiral Evolutiva se pretende señalar con estas fases ciclos completos de desarrollo que se irían repitiendo a lo largo de la vida del ser humano. Ver fig. 4. Sería la recurrencia de estos ciclos la que da la razón profunda a la armonía que se observa en el crecimiento del ser humano desde la perspectiva de la Espiral Evolutiva.
En los estudios mitológicos de Jung también se encuentran, aunque con mayor dificultad, estas cuatro fases: la caverna del dragón, el descenso al Hades, el vientre de la ballena, etc., para la fase agua; las acciones y luchas del héroe, el encender fuego, el enfrentamiento al peligro, etc., para la fase fuego; los objetos -mágicos o no- que el héroe utiliza en su empresa o los que le ofrece alguna deidad protectora para la fase tierra, y la salida fuera de la gruta, del vientre, de las profundidades e, incluso, la aparición de seres celestes que elevan al héroe para la fase aire (Jung, 1982).
Basándonos en la idea de Jung de la regresión evolutiva y adaptándola al contexto de la psicología evolutiva, cabría señalar que cada vez que entramos, en el curso del desarrollo, en una fase agua, que aquí relacionamos con la libido primordial de Freud o la caverna del dragón en Jung reiniciamos el ciclo evolutivo con una vuelta al principio. Esta vuelta está suficientemente clara si pensamos que en dos ocasiones tiene que ver con procesos biológicos (pubertad y menopausia), el otro proceso biológico que existe en estos subciclos de la libido es el propio inicio de la vida con la gestación. En las dos fases no señaladas por procesos biológicos hay fuertes regresiones e intensos conflictos con el inconsciente. Son la fase edípica [fase 4, (Cáncer)] y la que he señalado como génesis mística (26-30 años) [fase 12, (2ª de Piscis)] en la que se producen fenómenos "subjetivos" sobre los que han llamado la atención distintos psicólogos como Frenkel-Brunswick (1968) y Gould (1972), y que Wilber (1991) señala como el comienzo de las primeras fases del desarrollo espiritual. Dada la constancia biológica de las otras tres fases cabría apuntar la posibilidad de que en estas dos no señaladas notoriamente por procesos biológicos se pudiera dar algún cambio mínimo de tipo hormonal u otros, que habría que buscar específicamente para hallarlo, si es que acaso existiese. Esta predicción confirmaría la espiral, aunque su carencia no la negaría.
A partir de esta vuelta al principio las fases siguientes irían repitiendo los procesos tan claramente distinguidos por Freud hasta llegar a la fase de aire del subciclo (la ligazón de la libido a la representación del objeto) en la que se vendría a tomar consciencia -en mayor o menor medida- de todo el subciclo anterior. Es decir, cada uno de estos subciclos representaría un nivel del desarrollo de la conciencia (bebé, niño, adulto...) con una orientación en el mundo radicalmente diferenciada. Cada regresión evolutiva significaría, pues, una conexión con los "orígenes de la vida" para desarrollar un conocimiento más amplio y profundo de la naturaleza de la realidad (lo que llamamos un nivel de conciencia diferenciado de esa realidad). Esta forma de ver las cosas también estaría de acuerdo con la teoría rentroprogresiva de Pániker (1987).
Cabe añadir, dado que las pretensiones de este estudio van más allá del marco estricto de la psicología y la evolución del desarrollo humano, la sospecha o la pregunta de si estas representaciones cuaternarias de la realidad no tendrán una base profunda en la estructura del cosmos. Es decir, las cuatro fuerzas básicas del universo (gravitacional, electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte), los cuatro elementos químicos que son fundamentales en la creación del universo (helio, berilio, carbono y oxígeno), etc., en línea con las pretensiones de Laszlo (1997) cuyo libro tiene el siguiente subtítulo: Hacia una ciencia unificada de la materia, la vida y la mente. Queda pendiente de definir el significado y la importancia del símbolo o arquetipo astrológico en términos psicológicos y científicos comprensibles para una mentalidad ajena a ellos. Es una tarea ardua que todavía tengo que emprender; pero la argumentación pasará por consideraciones del mencionado libro de Laszlo (1997) y otros, en una línea argumental que trasciende el marco psicológico tradicional.
RELACIONES ESTRUCTURALES
A continuación se exponen las relaciones estructurales de esta teoría de acuerdo al mandala astrológico. Debo hacer notar, nuevamente, que el desarrollo teórico de este esquema es incipiente y que en él existen fases contrastadas por los estudios de psicólogos evolutivos que las han estudiado y otras no tan específicamente configuradas debido a que el esquema que propongo resalta fases que, en muchos casos, han sido genéricamente incluidas en otras más amplias, sobre todo en la adultez y la ancianidad. Entiendo que lo más importante en este esquema no es tanto el dato aislado sino la coherencia del conjunto. Hechos o datos que, de otra manera, pudieran no ser relevantes, adquieren, desde la perspectiva del conjunto, una importancia singular confirmando así toda la estructura. Es decir, debemos de dejar de lado la visión en newtoniana de un punto aislado y tratar de verlo desde la perspectiva de un conjunto de relaciones, tal como es más propio del pensamiento astrológico.
Primera fase del subciclo de la libido (agua). La primera fase freudiana de la libido traducida al sistema de la espiral evolutiva da lugar a etapas periódicas en las que el individuo tiene un contacto profundo con el inconsciente, con lo biológico, con los conflictos derivados de las emociones que se producen en esas circunstancias (el descenso del nivel de conciencia), con los lazos profundos que implican esas situaciones, etc. Estas etapas son las siguientes: el desarrollo intrauterino [fase 0 (1ª de Piscis)], el conflicto edípico [fase 4, (1ª de Cáncer)] el desarrollo y conflicto puberal [fase 8 (1ª de Escorpio)], la que he llamado génesis mística8 (esta fase cae sobre el sector en el que tiene lugar la gestación) [fase 12 (2ª de Piscis)] y la crisis menopáusica 9 [fase 16 (2ª de Cáncer)]. Se podría considerar una última crisis, la del óbito [fase 20 (2ª de Escorpio] siempre que se confirme que la fecha señalada en la espiral tiene un efecto drástico sobre la vida (ver más adelante el apartado: "El ciclo vida-muerte").
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| Fig. 5: disposición triangular de las fases derivadas del primer estadio de la libido |
La posición geométrica de la fase de la génesis mística sobre el mismo sector que tiene asignada la gestación en el primer ciclo tendría un enorme significado [1ª y 2ª fases Piscis]. Estudiosos de psicología evolutiva (Frenkel-Brunswik (1968) y Gould (1972)) sitúan al final de los años veinte una gran abundancia de "experiencias subjetivas". En mis investigaciones he encontrado que pueden ser numerosos los acontecimientos que produzcan en el ser humano una experiencia que, eventualmente y no sin trabajo, podría conducir al desarrollo de la conciencia transpersonal: un periodo de retiro o trabajo muy aislado, una pérdida afectiva muy sentida o la pérdida del estímulo que la vida proporcionaba años antes; interés por cuestiones espirituales, humanitarias, esotéricas, yoga, vegetarianismo...; una enfermedad propia o de un familiar muy cercano, etc. etc. En fin los sucesos pueden ser infinitos de acuerdo con la multidimensionalidad de significados del arquetipo de Piscis, pero el resultado general es una nueva perspectiva de la vida; aunque la conciencia de esa nueva perspectiva puede no ser obvia hasta muchos años después, en teoría hasta la 2ª fase Géminis (40-45 años, dual consciente), final del subciclo de la libido en el que se encuentra esta fase de la crisis mística.
Lo importante de este esquema es que estas fases quedan ubicadas en el tiempo por la fórmula de la espiral y en el espacio por la geometría dodecanaria. Todas estas fases forman un triángulo equilátero. Es decir, su incidencia media se presenta con una regularidad asombrosa una vez aceptado el proceso ralentizador del tiempo que la espiral matemática revela en el desarrollo humano. Es de destacar en esta triangulación que en ella se establece tal relación entre tres hechos absolutamente objetivos, no sujetos a interpretación, como son los procesos biológicos de la gestación, la pubertad y la menopausia.
Segunda fase del subciclo de la libido (fuego). Las fases que les siguen (catexis del yo, luchas del héroe) tienen que ver con procesos en los que se señala un importante incremento de la autoafirmación, de la independencia, del cuestionamiento de los roles recibidos, del aumento de iniciativas y decisiones, etc. En un primer momento [fase 1 (1ª de Aries)] la independencia viene señalada por la ruptura del cordón umbilical y la eclosión de una criatura que a partir de ese momento será autónoma en sus funciones fisiológicas. Posteriormente [fase 5 (1ª de Leo)], después del conflicto edípico y de la socialización del niño a través de la familia, viene el periodo de autoafirmación y de lucha por conquis-tar el yo que Freud define como asunción del superyó y Jung como comienzo del proceso de individuación. Monedero señala también en ese periodo un incremento de la competitividad yoica (1982).
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| Fig. 6: disposición triangular de las fases derivadas del segundo estadio de la libido |
Más adelante en el periodo adolescente [fase 9 (1ª de Sagitario)] el joven cuestiona todas las pautas y la ideología recibida de sus mayores y busca su propia definición de la vida. Erikson ha señalado esta fase en la que destaca la búsqueda de la autoidentidad por parte del adolescente (1985) y en Wilber correspondería con el inicio del estadio del centauro. Entre los 30 y los 35 años [fase 13 (2ª de Aries)] se da, asimismo, un periodo de marcado énfasis en la toma de decisiones, la independencia, la ruptura con antiguos lazos, la asunción de una nueva orientación más personal en la vida, etc. (observaciones personales) y con la necesidad de cambiar, Sheehy (1984). El último periodo, de 51 a 57 años [fase 17 (2ª de Leo)] parece coincidir con un marcado incremento en la capacidad de decisión profesional y empresarial en las personas, así como en un sentimiento de solidez personal y autoafirmación, Sheehy (1984). De nuevo estas etapas, correlativas a las anteriores, forman un triángulo equilátero, que nos muestra la regularidad que los procesos de la libido parecen tener en el devenir humano.
Tercera fase del subciclo de la libido (tierra). El tercer motivo de agrupación de la fases deriva de la señalización por Freud de los procesos de ligazón de la libido al objeto y en Jung de las herramientas del héroe. Tendría que ver con un incremento del contacto del individuo con la realidad, con el objeto. En el primer año [fase 2 (1ª de Tauro)] este enfoque se puede percibir en la suprema importancia que en este momento tiene el contacto que el niño está desarrollando con su propio cuerpo y con los objetos exteriores. La correspondiente fase posterior [fase 6 (1ª de Virgo)] se relaciona con el periodo en el que el niño empieza a desarrollar las operaciones concretas, descrito por Piaget (1977). Es una época de escolarización y marcado interés por aprender. Erikson señala el desarrollo de la competencia para la edad escolar (1985.
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| Fig. 7: disposición triangular de las fases derivadas del tercer estadio de la libido |
Al final de la adolescencia (18-22 años) [fase 10 (1ª de Capricornio)] se da una fase que se puede caracterizar como de contacto con la realidad social-profesional. Al igual que el niño tomó contacto con su cuerpo en la primera fase de este ciclo, y tomó contacto con la realidad mental concreta en la segunda, en esta tercera fase el joven está tomando contacto con una realidad más amplia, la señalada por su relación con el mundo adulto. Es decir estas tres fases estarían señaladas por la unidad de contacto con la realidad, que es física en la primera, mental en la segunda y social-profesional en la tercera.
Una cuarta (35-40 años) [fase 14 (2ª de Tauro)] y quinta (51-57 años) [fase 18 (2ª de Virgo)] fases están poco estudiadas en la psicología evolutiva. Cabe no obstante mencionar que en la cuarta fase parece haber un notable incremento de la estabilidad y la seguridad material, una actitud más hedonista hacia la vida y una recuperación de algunos deseos inconscientes profundos relacionados con el cuerpo y la sexualidad.
Cuarta fase del subciclo de la libido (aire) Al cuarto estadio de la libido se corresponden fases relacionadas con el crecimiento mental y social específicas del ser humano (ligazón de la libido a la representación del objeto de Freud, salida de la gruta y elevación del héroe a los cielos de Jung). La fase 3 (1ª de Géminis) tiene lugar durante el proceso de verbalización del niño. Junto al desarrollo verbal el niño adquiere una incipiente capacidad para manejar sus pulsiones y una visión dual de la realidad. Gessell señala que a los 2'5 años el niño ve la vida como una calle de dos direcciones (1985). En la siguiente fase [fase 7 (1ª de Libra)] tiene lugar la descentralización afectiva del niño que le permite desarrollar la capacidad para las operaciones abstractas, tal como señala Piaget (1977) en su estudio del desarrollo de la inteligencia. Ambos aspectos: el mejor conocimiento de lo emocional y un destacado desarrollo de la capacidad de abstracción vuelven a repetirse en esta fase prepuberal.
La siguiente, [fase 11 (1ª de Acuario)], tiene lugar en la Espiral Evolutiva entre los 22 y los 26 años. Wilber señala el principio del desarrollo de una capacidad abstracta superior, que menciona como lógica imaginativa, hacia los 21 años (1991). No obstante ésta es una fase que marca el límite de evolución del ser humano, no todo el mundo tiene o ha tenido el desarrollo que pertenece a ella. Wilber señala que la lógica imaginativa es la primera estructura "(...) que puede sintetizar, establecer conexiones, relacionar verdades, coordinar ideas e integrar conceptos. (...) Ésta es, evidentemente, una estructura altamente integradora, en mi opinión, la estructura más integradora del dominio de lo personal. Más allá se encuentra el reino de lo transpersonal".10 Evidentemente es un tema muy acuariano.
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| Fig. 8: disposición triangular de las fases derivadas del cuarto estadio de la libido |
En la fase 15 [(2ª de Géminis) de 39.8 a 45.0 años, dual consciente] no sé de nada que haya escrito sobre ella (de este definido sector en particular) que merezca la pena mencionar como un nuevo nivel de desarrollo de la abstracción. No obstante la posición de esta fase (sobre la 3, el comienzo de la dualidad en el niño, la separación de los sexos) justificaría una explicación -si admitimos la coherencia global del conjunto representado por la espiral- de la teoría junguiana de la evolución y del interés que las personas que acudían a su consulta en ésta y posteriores edades. En la fase 3 (1ª de Géminis) tiene lugar en este mismo sector la incipiente conciencia de la separación de los sexos. Ahora se justificaría en esta fase la integración de la dualidad sexual a través de la incorporación a la conciencia de los modos de ver el mundo y la conducta del opuesto al sexo biológico, lo que Jung define como la integración con los arquetipos del anima y del animus.
En la fase 15 (2ª de Géminis) se desarrollaría un nuevo nivel de abstracción que he llamado lógica ideo-emocional concreta o autocentrada. Con este nombre quiero dar a entender que en este estadio la visión global incorpora consciente y operativamente la percepción del cerebro derecho y el individuo ya no elabora un mundo únicamente en base a su lógica, pues da igual importancia a sus percepciones 'irracionales' (mantengo el término de 'lógica' provisionalmente). Lo de 'autocentrada' es porque considero que en esta fase, al igual con lo que ocurre en este mismo sector en la primera vuelta de la espiral, esa percepción tiene como centro al individuo. A la siguiente fase de abstracción, la 19 (2ª fase Libra), correspondería una lógica ideo-emocional descentrada o abstracta. Al igual que en la primera vuelta de la espiral en la fase que corresponde a este mismo lugar geométrico se produciría un descentramiento afectivo que llevaría a un nuevo descubrimiento del tú en este nivel transpersonal y a la capacidad de abstracción ideo-emocional descentrada. En ella, especulativamente, el individuo podría tener una percepción experiencial y racional de la realidad desde cualquier lugar de ella, ya sea humano, animal, vegetal u objetal en general. En este sentido las descripciones que hace Groff (1988) sobre la identificación con plantas o animales de algunos sujetos en la experiencia con LSD, podría decirnos mucho al respecto.
Cabe aquí también señalar que la lógica ideo-emocional concreta estaría más de acuerdo con las visiones espirituales exclusivistas (pues, al igual que en la primera vuelta de la espiral, esta capacidad abstracta se desarrollaría en un sector en el que predomina el autocentramiento y el egocentrismo -en esta fase evolutiva correspondería también a la inflación del ego), mientras que la lógica ideo-emocional abstracta estaría más en consonancia con la visión participativa de Ferrer (2003). Aunque Ferrer no está de acuerdo (comunicaciones personales) con lo que supondría esta idea, inmersa, en parte, en un sistema aparentemente jerárquico, cabe señalar que jerarquía y paridad (participación igualitaria) son dos aspectos parciales cartesianos de una realidad que es ambas cosas a la vez; aunque esta discusión requiere más espacio del que se dispone en este contexto.
Trinidad
En torno a la estructura triangular del elemento agua, punto de inicio de los ciclos de la libido, surge la teoría de que el ser humano está constituido, básicamente, por tres nódulos emocionales que constituyen el triángulo emocional que rige la vida humana. Esta teoría es, de todas formas, casi un fiel reflejo de la teoría de la libido de Jung11 , salvo por el hecho de que se concibe como estructura básica y proceso cíclico que se repite. Es decir, en el ser humano existen tres núcleos de libido: la protolibido o libido primordial (Piscis) que nos conecta con la unidad, la libido familiar (Cáncer), que estructura las sociedades animales y humanas, y la libido sexual (Escorpio) que resalta el desarrollo del ego y de la individualidad y que es específica del ser humano. La concepción de Jung termina aquí; pero en la teoría espiral después de la tercera fase de la libido, volveríamos de nuevo a la primera fase o protolibido, según la terminología junguiana, sólo que ahora sería una libido trascendente [fase 12(2ª fase Piscis)]. Esta nueva fase de la libido nos reconecta con la unidad primordial, pero en un nuevo ciclo de conciencia, por lo que se convierte en la unidad trascendente.
Me voy a limitar a describir un punto esencial de esta teoría. Cada nueva fase de la libido se apoya en la negación y rechazo de la anterior. Así la fase de libido sexual [fase 8 (1ª fase Escorpio)] se desarrolla rechazando la fase de libido anterior [fase 4 (1ª fase Cáncer)] o libido familiar. La fase de libido trascendente [fase 12 (2ª fase Piscis)] se desarrolla a través del rechazo de la anterior, que implica la condena del ego y de la sexualidad (en este sentido el papel del cristianismo y otras religiones, sería un papel evolutivamente necesario para la especie). La fase de libido trascendente no es el final, es otra más en el proceso de desarrollo. Así el acceso a la experiencia y conciencia transpersonal no es el final. En esta teoría supone una reestructuración radical del mundo vivido hasta ahora por el individuo. En el primer ciclo de la espiral las fases de la infancia temprana están sumidas en un mundo confusional que se va estructurando conforme el individuo va creciendo y llega a una configuración momentáneamente estable tras el Edipo. En este segundo ciclo de la espiral ocurre lo mismo para cualquier mediano observador. Tras la experiencia mística y el acceso a una nueva forma de ver el mundo se produce una gran inflación del ego (evolutivamente necesaria) y una etapa acusadamente confusional y egocéntrica. De esta situación nos sacará, al igual que en la primera vuelta, el paso de nuevo por la libido familiar [fase 16 (2ª fase Cáncer, en términos freudianos sería un segundo Edipo)], que ahora podríamos llamar libido familiar trascendente. Tras este paso se supera el exceso de numinosidad que existe en la primera etapa trascendente y "se vuelven a ver los ríos y montañas como tales", tal como reza el dicho zen. Se alcanza una nueva meseta de estabilidad, al igual que ocurría en la infancia en esta misma fase. Se vuelve a recuperar la importancia del yo (que no del ego) que, en realidad, ha seguido ejerciendo su poder desde el inconsciente al que se le ha rechazado ideológicamente desde una incompleta maduración transpersonal. Ya no aparece como algo rechazable o como algo subordinado al fundamento dinámico, en terminología washburniana (1997), sino como una fuerza en sí misma, asimilable a una fuerza yang existente en el universo. El acceso a un nuevo nivel epistemológico de conciencia sólo se puede producir a través de un proceso recursivo (Keeney, 1994) en el que las fuerzas opuestas se integren. Y no puede un yo transicional, dependiente, sumergido o inferior al no-yo ser el rival que éste necesita para lograr esa integración.12 Esta manera de ver el proceso del desarrollo de la conciencia como un ciclo que, en teoría, es continuo, nos puede ayudar a distanciarnos de los momentos en los que, sumidos en el éxtasis, nos resulta difícil ver con perspectiva esa misma realidad que estamos viviendo.
Descripción de las fases opuestas
Desde la perspectiva dual (o diametral) entramos a considerar fases que se oponen entre sí y muestran relaciones características de esa oposición. Ver fig. 3.
Primer eje: yo-tú.- La 1ª fase Aries representa el nacimiento, la independencia fisiológica de la madre y el comienzo incipiente del desarrollo del yo. En el lugar opuesto la 1ª fase Libra (9-12 años, la pandilla, el otro) representa todo lo contrario, lo que he llamado el desarrollo del tú. En esta fase se produce la descentralización afectiva y el chico reconoce al otro como alguien distinto de sí mismo. Al mismo tiempo reconoce también la existencia de una vida interior, un yo propio y diferente. La fase Aries es egocéntrica y esta actitud se mantiene hasta la fase Libra, en la que empieza el desarrollo social igualitario en la relación con los pares. Esta distinción es muy clara en la psicología evolutiva y resulta muy convincente en la espiral evolutiva.
La 2ª fase Aries (30-35 años, activa) vuelve a mostrar un intenso periodo yoico, se acentúa la expresión de la independencia y la toma de decisiones, iniciativas y gran actividad (esta fase está simplemente señalada por Rappoport (1986) y Monedero (1982) que inciden en destacar la edad de 30 años, y su descripción se basa, sobre todo, en estudios propios inéditos, sí bien Sheehy (1984), hace descripciones interesantes de esta fase, que coinciden con lo que aquí se postula. En la 2ª fase Libra (63.0 a 69.8 años) podemos citar la afirmación de Rappoport (1986) para toda la ancianidad como un periodo en el que se vuelve a plantear el tema de la relación social y de la identidad personal con renovado interés. Este mismo autor llega a compararla con la adolescencia, lo que es significativo dado que este ciclo se superpone al periodo adolescente en la primera vuelta espiral.
Segundo eje: corporal-sexual.- En la 1ª fase Tauro (1-2 años, corporal) se inicia la educación de los esfínteres y, sobre su base, las estructuras básicas de educación y las primeras normas de socialización. Se produce el descubrimiento de los genitales. Es una fase muy relacionada con el descubrimiento del cuerpo. En su opuesta, la 1ª fase Escorpio (12-15 años, puberal), se da una nueva relación intensa con el cuerpo debido al desarrollo puberal. Asimismo se empieza a cuestionar la educación recibida en la infancia.
En la 2ª fase Tauro (35-40 años, hedonista) vuelven a hacer una insistente aparición las fijaciones y "perversiones" infantiles a las que alude Freud en su teoría (Sheehy 1984). La 2ª fase Escorpio (70-77 años) está por estudiar. Habría que investigar la sexualidad en el anciano dado que esta fase se sitúa en el mismo lugar que la pubertad en el primer ciclo. Cabe predecir, de acuerdo con esta teoría, que con el progresivo alargamiento de la esperanza de vida y las nuevas actitudes en materia sexual de las generaciones que están ahora en la madurez podríamos ver en los próximos años un cambio total acerca de lo que se cree sobre la sexualidad del anciano. En este sentido el fenómeno supuestamente patológico y socialmente rechazado del "viejo verde" podría ser contemplado como una respuesta a un condicionamiento social represivo.
Tercer eje: verbal-ideacional.- En la 1ª fase Géminis (2-3 años, Verbal, mental, social, dual) se produce un notable desarrollo del lenguaje y por su intermedio un mejor manejo de las pulsiones y de los impulsos motores a través de la verbalización. Un gran interés por conocer el qué de las cosas. Se descubre la dualidad de la naturaleza (Gessell, (1985), compara esta fase con la adolescencia). En la 1ª fase Sagitario (15-18 años, ideacional) se da el notable incremento ideacional de la adolescencia y un máximo en los procesos de abstracción; lo que implica interés por comprender el mundo. Se puede considerar que los sistemas ideales y religiosos son respuestas integradas a la dualidad de la fase opuesta. La 2ª fase Géminis (40-45 años) queda por estudiar. Podrían investigarse los intereses cognitivos. También cabría apuntar aquí, ya en el desarrollo transpersonal, la vuelta a la unidad de los opuestos13 a través del desarrollo y acceso a la conciencia de las imágenes y actitudes femeninas y masculinas (opuestas a nuestro sexo biológico) de nuestro interior. Lo que Jung llama anima y animus.
Cuarto eje: familiar-profesional.- En la 1ª fase Cáncer (3-5 años, edípica) la socialización a través de la familia está en un momento culminante, los modelos parentales servirán para la futura socialización del infante. En la 1ª fase Capricornio (18-22 años, aprendizaje o preparación social-profesional) el joven puede empezar a realizar por sí mismo estos modelos adquiridos en la infancia y a proyectarse socialmente a través de su profesión. Comienza la asunción de roles sociales, profesionales y familiares. Se hacen notar los imperativos de la realidad social.
Tentativamente en la 2ª fase Cáncer (45-51 años, segundo Edipo) se consideraría el comienzo de un cambio de los roles familiares con la aparición de los primeros nietos o, cuando menos, los cambios que producen la incorporación de yernos y nueras a la familia nuclear. Este dato de edad, mucho más disperso en la realidad, sólo tiene sentido dentro de la estructura total de esta teoría e invita a estudiar esta fase con el enfoque que se desprende de ella; habría que estudiar una posible renovación de las cuestiones edípicas y de la socialización grupal, y la posibilidad de que se produzcan notables cambios sociales aun independientemente de la aparición de nietos e hijos políticos. Aquí el ser se abriría progresivamente a una visión más participativa de la realidad espiritual, tal como propone Ferrer (2003).
Quinto eje: madurez evolutiva.- En la 1ª fase Leo (5-7 años, post-edípica) se da una afirmación importante del yo como resultado de la asunción y estructuración de la realidad social a través de la familiar. Se produce una mayor madurez y estabilidad emocional y la escuela propicia el desarrollo de la individualidad. En la 1ª fase Acuario (22-26 años) se estructura o reestructura toda esta temática, pudiendo aparecer una nueva afirmación del yo (rebelde o conformista) como consecuencia del asentamiento de los roles sociales y profesionales que eran incipientes en la 1ª fase Capricornio, o como ruptura con los mismos cuando emerge un yo más profundo y distinto al modelado por las influencias familiares. Podría considerarse que la identidad personal adquirida en la opuesta fase Leo se expresa con más determinación, en este momento, a través del logro de una identidad social-profesional (también en las fases Capricornio y Acuario la, señalada por el psicoanálisis, transferencia al ambiente profesional del conflicto edípico del periodo opuesto).
La 2ª fase Leo (51-57, plenitud) está por estudiar. Habría que considerar el aumento de la fuerza y coherencia del yo si, tal como sugiere la teoría, su expresión resulta análoga a la de la 1ª fase Leo. En este sentido podría apuntarse como la edad culminante del poder empresarial y profesional.14
Sexto eje: conocer la realidad.- En la 1ª fase Virgo (7-9 años, escolar) hay un gran interés por la escuela y por aprender. En esta etapa se sitúa el comienzo de la fase de las operaciones concretas de Piaget. De este periodo se destaca el énfasis por el conocimiento racional y detallado del entorno. En la 2ª fase Piscis (26-30 años, pérdida, introversión, mística, unidad postconsciente, génesis espiritual) hay que considerar su superposición geométrica sobre la 1ª fase Piscis o prenatal. Así acudimos a los estudios de Frenkel-Brunswick (1968) que la describen como un periodo culminante de las experiencias subjetivas, y de Gould (1972) que afirma se da una marcada experiencia subjetiva. Bertrand Rusell, entre otros, afirma en su autobiografía que a los 27 años tuvo una importante experiencia semimística. Mis propios estudios la describen como un periodo biográfico de retiro o renuncia, así ocurre, por ejemplo, en las vidas de Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez (Campoamor, 1976) y Jung (1981); lo que he confirmado también en mi gabinete.
Teniendo en cuenta estos datos la superposición de esta fase sobre el periodo prenatal resulta muy significativa. Su interpretación con una orientación transpersonal estaría señalándonos un periodo no tanto de regresión (según la teoría de Freud) cuanto de una fase de superación de las limitaciones egoicas y duales (que son parte imprescindible del desarrollo de la conciencia e identidad personal) del primer ciclo vital que culmina a los 30 años. En contraposición a la racional fase Virgo, el conocimiento que se busca aquí es holístico, integrador, trascendente, emocional y "psíquico" (irracional). Es la 2ª fase Virgo (57 a 63 años, ¿?) se podría postular, de acuerdo con la coherencia de la espiral, que es un buen momento para retomar los estudios sobre intereses que no se pudieron realizar en el curso del desarrollo anterior y para preparar las actividades que habrían de tener lugar, en nuestra cultura, a raíz del retiro de la vida laboral.
Las estructuras cuaternarias
Estructura cardinal. En esta teoría los signos cardinales configuran una estructura cuaternaria de la personalidad. Ya se ha hablado del desarrollo de la libido en cuatro fases que tres sectores diferenciados de evolución en la estructura dodecanaria, pero aquí vamos a ver la estructura poligonal de cuadrado o cruz que surge cuando se consideran las fases implicadas en ella, fig. 9.
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| Fig. 9: estructura cuaternaria de la personalidad. |
Esta estructura de la personalidad surge como derivación de la esquema ternario de Freud basado en los conceptos de yo, ello y superyó y se apoya en el concepto de cuaternidad de Jung, en la propia afirmación freudiana de que "se nos muestra al yo [...] sometido a tres distintas servidumbres y amenazado por tres diversos peligros, emanados, respectivamente, del mundo exterior, de la libido del ello y del rigor del superyó" 15 (1974) y en el énfasis de Lacán en la dialéctica yo-otro (1971).
La estructura cuaternaria de la personalidad que aquí se propone, está formada por cuatro instancias denominadas yo, tú y principios materno y paterno. Los principios materno y paterno sustituyen a los de ello y superyó y se entienden como aspectos formativos de la psique individual conectados con principios universales y arquetípicos, a través de lo que en esta teoría se configura como el "eje colectivo". Ciertos aspectos de este eje colectivo se entienden también como formadores de lo que se concibe como un yo grupal (rasgos del yo comunes en una familia, grupo, región, etc., que no pueden ser atribuidos exclusivamente al individuo y que están en la base de atracciones y acciones comunes). La instancia del tú se entiende como la producida por un profundo vacío constitutivo de la psique que se genera como consecuencia de la separación del embrión original en dos sexos y como la pérdida de la unidad con "el todo materno" intrauterino tras el parto. Es notorio señalar que esta estructura cuaternaria de la personalidad se vincula a las fases evolutivas que señala. Es decir las fases evolutivas que coinciden con las cuatro instancias psíquicas tienen una fuerte influencia en su configuración y manifestación.
El eje vertical (principios materno y paterno) constituye un eje jerárquico, mientras que el eje horizontal (yo-tú) constituye un eje paritario. El sentido de la jerarquía y de la paridad son partes constitutivas de la psique humana y de la estructura de la personalidad según este estudio. Ambas coexisten o deben coexistir en la conducta humana en multitud de ocasiones. Un profesional tiene, en su ámbito de conocimiento, una postura jerárquica respecto a nosotros, pero es igual en cualquier otro aspecto. Lo que ocurre con frecuencia es que en una postura jerárquica de poder la conducta humana exclusiva de un aspecto del ser, se metastasea a toda su naturaleza confundiendo el sentido y la utilidad de la jerarquía. En este sentido el concepto jerárquico en la estructura evolutiva de esta teoría tiene una connotación más de "posterior" (flecha del tiempo) que de "superior". Así pues, la visión participativa de Ferrer (2003) es coherente con una estructura evolutiva "posterior" en el tiempo a la visión exclusivista y jerárquica de otras teorías; pero no necesariamente superior en el sentido cartesiano-kantiano que denuncia Ferrer. El tiempo lineal y el presente eterno (el movimiento y el ser) forman otra dualidad que debe ser superada por la conciencia; es decir, debe ser vista desde la red de interrelaciones múltiples y recursivas que configura la teoría de la información (Keeney, 1994) y no desde la exclusiva visión autocentrada del "punto" newtoniano. En esta teoría evolutiva se considera que toda estructura de la conciencia que se va formando es en parte "superior" y en parte "inferior", pues en el proceso algo se gana, pero también algo se pierde. Además, tal como defiende Ferrer (2003), el acceso a cada una de estas estructuras de la conciencia se hace por múltiples caminos y tiene múltiples formas (básicamente las de los doce arquetipos zodiacales, aunque pueden considerarse formas infinitas si nos atenemos a lo que se pone en la nota 2). En este sentido cada individuo tiene un camino único y la adhesión a una determinada corriente espiritual supone, en parte, una "cesión" de los derechos exclusivos a realizar el propio destino. Poniendo el ejemplo de un nivel evolutivo más conocido por todos, el de la pubertad: todos accedemos a ella en un determinado momento de nuestras vidas; pero ese acceso, aunque tenga muchas similitudes, es diferente para cada uno de nosotros, y también es diferente la experiencia que cada uno de nosotros tenemos acerca del sexo, experiencia incomunicable en su sentido más íntimo y subjetivo, aunque todos demos por hecho que estamos hablando de lo mismo cuando conversamos sobre el tema.
Estructura fija. Es más complejo buscar la estructura de los signos fijos en estudios de psicología paralelos, o bien mi información es precaria al respecto. Así pues, basándonos en las atribuciones astrológicas de estos signos, vamos a considerarlos como una estructura de consolidación de la psique y de la personalidad en base a la seguridad de material (Tauro), la autoafirmación y seguridad personal (Leo), la seguridad interpersonal (Escorpio), y la seguridad social y profesional (Acuario). A este respecto lo descrito en el siguiente apartado: "El ciclo vida-muerte", es también significativo respecto a la importancia que la cruz fija tiene en el devenir humano.
Estructura mutable. S. Arroyo (1982) atribuye a los cuatro signos mutables el intelecto y la comunicación (Géminis); el periodo de servicio a la sociedad y el aprendizaje práctico con un maestro (Virgo); el logro del dominio en el campo que se escogió, la búsqueda de perfección, etc., (Sagitario) y el aprendizaje y educación del hombre espiritual (Piscis). Personalmente relaciono los cuatro signos mutables con los procesos de la ciencia. Así Géminis representa la recolección de hechos, datos u observaciones. Virgo viene a significar la ordenación, clasificación, etc., de los datos recogidos según sus características similares. Sagitario significa la deducción de leyes, teorías, fórmulas, etc.; procesos de abstracción y generalización y Piscis habría empezado a tener consideración en el esquema a partir de la aparición de la psicología como proceso de conocimiento, en parte ciencia, en parte arte; unión de lo subjetivo y lo objetivo, del observador y el objeto observado.
Vistos desde esta perspectiva la dinámica de la cruz mutable aparece más como un factor de búsqueda y cambio que como uno de crisis. Es precisamente este factor de búsqueda el que provoca, como una consecuencia suya, la crisis, en tanto en cuanto el hallazgo de una nueva solución o concepto subvierte el orden establecido por la anterior cruz fija. Esta cruz sí la podemos asimilar a una función descrita por Freud, aunque no de una manera completa y precisa (Laplanche y Pontalis, 1981). El concepto de sublimación, más apropiado para la fase Sagitario, tal como Freud lo plantea, podemos hacerlo extensivo a los cuatro signos mutables. El deseo de saber y la necesidad de manejar sus emociones a través del intelecto, es un factor importante de la fase Géminis. La etapa de latencia, atribuible de una manera estricta a la fase Virgo, coincide con un momento de gran interés en los estudios. La fase Sagitario coincide más apropiadamente con el concepto de sublimación de Freud y la sublimación de Piscis sería la que nos lleva a las más altas experiencias de la espiritualidad y trascendencia.
El ciclo vida-muerte
Es posible estudiar otras relaciones internas. Las fases contiguas tienen, en algún aspecto importante, una relación dialéctica entre si. Una es la negación de la otra. Por otra parte esta relación nos lleva a plantear la sucesión de fases en una modalidad activo-incisiva y otra pasivo-receptiva en sucesión alternada. No obstante estas relaciones no aparecen tan claras en la práctica desde el punto de vista psicológico y es más difícil establecerlas.
Hay una relación matemática que resulta sorprendente y llamativa. La ecuación que ha resuelto este sistema es de segundo grado. Es decir, tiene dos soluciones. Idealmente la primera solución se ha hecho partir del punto de nacimiento como es lógico suponer. La segunda solución (resultado inesperado de naturaleza matemática) parte de 0º de Capricornio, punto en el que geométricamente se sitúa el principio paterno y social (factor externo al yo), a 90º del primero en el eje positivo de las ordenadas. La dirección de ambas espirales es contraria ("directa" la de 0º de Aries -contraria al reloj-, "conversa" la de 0º Capricornio).
Ambas espirales se oponen desde el centro de los cuadrantes 1 y 3; es decir, en el eje Tauro-Escorpio, edades de 1'125, 13'125, 37'125 y 73'125 años. En la 1ª fase Escorpio (11.8 a 14.8 años) se registra la gran crisis puberal, la 2ª fase Tauro (34.8 a 39.8 años) coincide con la gran crisis que menciona Jung entre los 35 y 40 años y que Michael P. Nichols (1987) sitúa "alrededor de los 37 años". Por lo menos en la Crisis puberal está claro (al menos en nuestra cultura) el enfrentamiento entre las expectativas de la sociedad y del joven.16
La conjunción de las espirales tiene lugar en el centro de los cuadrantes 2 y 4; es decir, en el eje Leo-Acuario. Edades de 5'625, 23'625 y 53'625 años. En la 1ª fase Leo (4.8 a 6.8 años) se puede constatar una gran unanimidad en cuanto a la madurez y autonomía del infante. Los principios simbolizados por el yo y el medio externo (Padre-sociedad) se encuentran geométricamente, y eso parece sugerir, simbólicamente. una cierta unión de los mismos, lo que resulta coherente con los hechos descritos en la fase mencionada. También existe una gran madurez en la 2ª fase Leo (50.8 a 56.8 años) , en torno a los 53 años. Podría estudiarse desde esta perspectiva la madurez, desde el punto de vista social-profesional, que debería aparecer en el individuo, según esta teoría, hacia los 23 años (1ª fase Acuario, 21.8 a 25.8 años), después de haber iniciado el desarrollo de lo que Wilber llama lógica imaginativa.
Por otro lado en los momentos en los ambas espirales se oponen tenemos estos datos: antes de llegar al año de edad (1ª fase Tauro, 8 meses a 1.8 años) se produce una gran mortandad infantil en situaciones tercermundistas, en orfanatos y lugares análogos (Spitz, 1969). Hasta los 13 años (1ª fase Escorpio, 11.8 a 14.8 años) es muy difícil que se dé el suicidio en los niños, el adolescente empieza a tener otra relación con la muerte y es más capaz de quitarse la vida, cosa que empieza alrededor de esa edad. Los 37 años (2ª fase Tauro, 34.8 a 39.8 años) es una edad muy próxima a la esperanza de vida en culturas muy primitivas; hay incluso un informe estadounidense del Departamento de Salud, Educación y Bienestar Social, titulado Work en América (1973) que señala que: "Es observable un marcado aumento en la tasa de mortalidad en los trabajadores entre los 35 y los 40 años". La cifra de 73 años (2ª fase Escorpio, 69.8 a 76.8 años) es muy próxima a la actual esperanza de vida en nuestras culturas desarrolladas; aunque en los últimos años se empieza a rebasar ampliamente.
Lo más importante de estas consideraciones es que el próximo cruce de ambas espirales se produce a los 121 años y desde hace algún tiempo se considera que biológicamente la vida del cuerpo humano es de 120 años y esa será la esperanza de vida en un futuro no muy lejano (Hayflick, 1994). Sería una muestra de la capacidad predictiva de la espiral, de acuerdo con una de las exigencias de la ciencia. Las edades de oposición de ambas espirales aparecerían así como puntos críticos de transformación y no como fechas límite. Cabe sospechar entonces que, una vez superadas las actuales barreras cultural-biológicas a la prolongación de la vida, la duración de ésta casi se duplicaría en un espacio relativamente corto de tiempo.
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| Fig. 10: las dos espirales |
Por otro lado en torno a la conjunción de las espirales tenemos los siguientes datos: alrededor de los 5 ó 6 años (1ª fase Leo, 4.8 a 6.8 años) se produce, según Freud, la superación del Edipo y la instauración del superyó, lo que implica un punto fundamental en la maduración del individuo, según esta teoría. Por estas mismas fechas señala Jung el comienzo de la individuación y la psicología evolutiva en general las reclama como una fase en la que será una gran pujanza del yo. En torno a los 23 años (1ª fase Acuario, 21.8 a 25.8 años) y posteriores no hay literatura psicológica que yo conozca que lo destaque de una manera especial en el significado buscado en esta teoría. Es posible señalarla como una edad en la que la pujanza del joven por abrirse un camino en la vida le ha permitido llegar a un nivel de seguridad importante en sí mismo y en su carrera. Se podría buscar este tipo de respuesta en esos estudios estadísticos a los que tan aficionados son los racionalistas (la parte determinista de esta teoría). Por fin alrededor de los 53 años (2ª fase Leo, 50.8 a 56.8 años) e inmediatos posteriores se puede afirmar la sensación de plenitud a la que llega el individuo, después de haber pasado las primeras dificultades de la madurez, se entra en esta etapa con una gran calidez, maduración y serenidad. Al mismo tiempo también es una edad a la que se llega a la máxima cota de poder real y de capacidad de trabajo en los ámbitos profesional y empresarial (Sheehy, 1984).
La oposición de las espirales aparece ligada a lo que podríamos concebir como un punto de muerte o punto de transformación en el ciclo total, mientras que la conjunción de las mismas estaría relacionada con un posible punto de vida o punto de crecimiento.
Si se acepta la posibilidad de que esta visión sea cierta, tenemos descrito matemática y geométricamente (deterministicamente) un esquema de los ciclos de la vida y de la muerte en la realidad humana. Pero, al mismo tiempo, esta estructura nos proyecta hacia una visión trascendente de la vida y de la muerte enmarcada en proceso de ámbito universal. Una visión que trasciende las limitaciones de considerarnos aislados en nuestras preocupaciones egoicas ante la muerte. Los conceptos de vida y muerte son expresiones de la conciencia humana. En el universo no hay "vida" ni "muerte", hay un proceso continuo de transformación de la energía-materia-conciencia-... en formas que se suceden unas a otras y se reciclan unas en las otras. Para la conciencia trascendente ésta es una dualidad operativa con la que hay que manejarse en la realidad ordinaria; pero esa dualidad no existe como separatividad, no existe como "conciencias" con finalidades opuestas que se combaten de manera irreconciliable, tal como parece desprenderse de los conceptos de eros y thanatos de Freud.
Últimas especulaciones
Desde la perspectiva de estas investigaciones abogo por la consideración de la naturaleza humana y de la conciencia desde una óptica de observador externo que implique un descentramiento del objeto de estudio, considerando a éste, por lo tanto, inmerso en un universo del que forma parte y en el que coexiste con el resto de la realidad. No se trata, pues, de estudiar el proceso de desarrollo y transformación del ser humano en sí mismo, sino en relación a todo el entorno, del que forma parte.
En este camino y aunque está pendiente de un estudio específico, se podría considerar a la naturaleza de la conciencia y el ser humanos -haciendo uso de la homología estructural para la que nos da permiso la teoría sistémica- como compuesta por energía y forma. Se podrían postular los distintos niveles o grados de conciencia desde la óptica de la capacidad del organismo para establecer relaciones cada vez más amplias con el entorno. Quizá el hecho de que tengamos una estructura matemático-geométrica nos acerque a una medición detallada y cuantitativa de la energía necesaria para mantener cada uno de los niveles de abstracción que supone esta teoría. Es posible que el estudio y desarrollo en detalle de la forma (elemento aire, modos de relación con el entorno de cada nivel de abstracción, final y cierre de cada etapa de desarrollo de la consciencia) pudiera darnos, con el tiempo, una estimación precisa de la energía involucrada en ella y una manera al menos indirecta de medirla.
Me permito estas especulaciones (pues no hay motivo para hacer afirmaciones claras ni rotundas al respecto) en base a un intento de ver la naturaleza humana como susceptible de un tratamiento científico; pero no desde la óptica de una consideración miope y harto limitada de nuestro objeto de estudio, sino desde una visión que incluya al ser humano global, adecuada a su naturaleza.
Si esta teoría es correcta implica una visión utópica de la realidad, pues la armonía que se desprende del mandala de la fig. 1 significa un imposible para el razonamiento del cerebro izquierdo. Sin embargo, es la armonía que se experimenta, se tiene y se busca tras la experiencia mística. Hemos de concluir con ello que esta teoría puede estar representando, verdaderamente, la realidad tal cual es (al menos la mejor aproximación que tenemos hasta ahora). Entonces nos hemos de hacer esta pregunta: ¿es que nuestra conciencia está tan limitada que somos incapaces de ver algo que debería ser evidente? Es notorio, desde Khun (1971), que si nos esforzamos por ver la realidad desde una determinada perspectiva (teoría) acabaremos viéndola tal cual queremos. Entonces ¿si la experiencia mística nos sugiere que una visión tal de la realidad podría ser posible ¿por qué no nos esforzaremos en hallar coherencia a esta estructura? En los últimos diez años la respuesta que he encontrado ha sido la contraria, un rechazo sistemático o una indiferencia "militante". No cabría esperar otra cosa el pensamiento racionalista imperante, pero ¿vamos a seguir empeñados en ver las cosas al estilo racionalista? Una utopía, pero con una estructura matemática y geométrica, implica una conciencia diferente de la realidad. Quizá esta utopía es posible si cambiamos nuestra forma de pensar. Esta visión de la realidad no sólo es matemática, es también poética. Para acceder a ella se necesitan no sólo el rigor del cerebro izquierdo, sino también la creatividad, la actitud vitalista, el sentido visionario del futuro de un artista, un pintor, un profeta..., la personalización creativa de nuestro mundo, tal como nos enseña Hillman (1999).
Conclusiones
Lo importante del esquema dodecanario podría resumirse en los siguientes puntos:
1.- Revelaría que la naturaleza humana está sujeta, en su evolución, a unos ciclos armónicos y coherentes.
2.- Cada uno de estos ciclos sería como una capa que se agregaría al núcleo original y ala correspondencia entre fases semejantes de ciclos o etapas distintas, sería mutuamente reveladora.
3.- La propia estructura cíclica con que se presenta el devenir humano, es coherente con el resto del los fenómenos de la naturaleza (tanto animados como inanimados).
4.- Este enfoque de la cuestión está de acuerdo con los postulados de la sinergética o teoría del caos (la organización de estructuras complejas como opuesta a la entropía (Haken, 1986, Prigogine 1983), de la teoría de sistemas (la homología estructural entre todos los niveles de la realidad (Bertalanffy), con los del paradigma holográfico (en la parte está el todo, (Weber, 1987) y con la epistemología cibernética (todo tipo de oposiciones -físicas, psíquicas, ideológicas, sociales...- configuran un proceso recursivo que da lugar a nuevo nivel de comprensión y de conciencia (Keeney, 1979). Podría estar revelando la existencia de un mecanismo complejo y profundo en la naturaleza.
5.- Existe la posibilidad de que el esquema pudiera ser adoptado y ampliado por otros enfoques del fenómeno humano (biológico, médico...).
6.- Acaso un esquema como el presente pudiera ser aplicado, con las modificaciones pertinentes, a los procesos evolutivos de algunas especies animales, con lo que dispondríamos de un sistema comparativo lleno de posibilidades.
7.- Al estar avalado tal esquema por una formulación matemática, pudiera abrir el camino para posteriores desarrollos y estudios de naturaleza precisa, y, acaso, a un mayor acercamiento a las ciencias clásicas más objetivas.
Sinesio Madrona Rodenas
Licenciado en psicología y terapeuta gestalt
sinesiomr@inicia.es
Apéndice 1: símbolos utilizados tradicionalmente en astrología para representar la estructura del cosmos y su correspondencia multidimensional con la realidad, tanto transversal como longitudinalmente, y su relación con la teoría de los estadios de la libido preconizada en este estudio.
| Piscis, | agua, | mutable, | primer estadio de la libido. | |
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Aries, | fuego, | cardinal, | segundo estadio de la libido. |
| Tauro, | tierra, | fijo, | tercer estadio de la libido. | |
| Géminis, | aire, | mutable, | cuarto estadio de la libido. | |
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Cáncer, | agua, | cardinal, | primer estadio de la libido. |
| Leo, | fuego, | fijo, | segundo estadio de la libido. | |
| Virgo, | tierra, | mutable, | tercer estadio de la libido. | |
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Libra, | aire, | cardinal, | cuarto estadio de la libido. |
| Escorpio, | agua, | fijo, | primer estadio de la libido. | |
![]() |
Sagitario, | fuego, | mutable, | segundo estadio de la libido |
![]() |
Capricornio, | tierra, | cardinal, | tercer estadio de la libido. |
![]() |
Acuario, | aire, | fijo, | cuarto estadio de la libido. |
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