Abismarse en la imagen
Autor: Enrique Galán Santamaría
El sueño y el inframundo
James Hillman,
Trad. Carles Ávila.
Paidós Ed. Barcelona, 2004. 301 páginas.
Cada cultura se abre al fenómeno onírico según su peculiar orden simbólico. Pero en todas ellas, ágrafa o culta, tradicional o moderna, va aparejado a la medicina, el arte, la filosofía y la religión, lo que da fe de su enorme valor. Vehículo privilegiado de todo tipo de incertidumbres, oscila entre el enigma -que desencadena una hermeneusis- y el misterio -fuente de creatividad infinita. Imaginación en estado puro cuando el cuerpo está en reposo, muestra la vida del alma libre viajando por sus inconsútiles fueros.
Para una filosofía racionalista como la que ha gestado Occidente, el sueño es una escurridiza pieza que siempre escapa a las redes conceptuales con las que se quisiera atrapar su sentido. Enigmático, sugerente, con evidentes efectos corporales, emocionales, anímicos y espirituales, tanto la filosofía como la medicina posteriores a la ruptura moderna de base cartesiana ofrecen diferentes concepciones, que pueden rastrearse en la visión dominante actual, de orientación psicoanalítica. Una perspectiva múltiple según Escuelas y autores que han ido allegando materiales, interpretaciones y usos a los largo de un siglo de investigación y trabajo práctico.
James Hillman es sin duda el junguiano más original, y basta leer este libro para calibrar esa originalidad, fundamentada en la independencia de juicio y una importante erudición, que abre nuevas vías de comprensión y práctica a los analistas que día a día experimentamos con nuestros pacientes la complicación y complejidad de cada sueño. El autor nos muestra sus cartas: "Este libro intenta elaborar una actitud hacia los sueños en la que cualquier conocimiento positivo se considera una acción desde la luz diurna y que, por tanto, falsea el sueño y falsea el alma".
El libro, escrito entre enero de 1972 y diciembre de 1977, es la continuación, ampliación y profundización de su artículo, de idéntico título, presentado en el encuentro Eranos de 1972, publicado en el anuario de 1973 y que puede leerse en español en la primera entrega de la Cuadernos Eranos -Arquetipos y símbolos colectivos. Anthropos Ed, 1994-, cuya publicación debemos a la loable labor del junguiano Andrés Ortiz-Osés, que tanto está haciendo para que conozcamos la importancia de estos encuentros, fundamentales para la elaboración de la obra de Jung desde 1933.
Hillman invierte los habituales usos terapéuticos de sueño en el área cultural occidental, un desarrollo de los planteamientos originales de Freud y Jung, al afirmar que "he llegado a creer que todo el procedimiento de interpretación de sueños dirigido a incrementar la consciencia acerca de la vida es algo radicalmente erróneo", pues "hay una clara resistencia por parte del sueño a ser adaptado al mundo diurno y ser utilizado para sus fines". De ahí que la tesis de Hillman sea "contraria a la traducción de los sueños al lenguaje del yo".
Las 276 páginas del libro están dedicadas a la argumentación y puesta en práctica de esa tesis, confesando el autor hacia el final del libro, que "lo que he venido proponiendo es inverosímil, impracticable y visionario". Sin embargo, quien lea sus páginas puede concluir todo lo contrario: es muy verosímil, pues hay suficientes materiales históricos para concebir el fenómeno onírico como Hillman lo hace; permite una práctica onirocrítica mucho más libre y menos autoritaria que la que suele producirse en el gabinete del psicoterapeuta, preso él mismo de sus teorías, no sólo de sus complejos; y, por último, al seguir el consejo de López-Pedraza de "apegarse a la imagen", se evitan precisamente los componentes visionarios de tantas interpretaciones que hacen del sueño mera excusa para la erección de metapsicologías de autor.
Pero Hillman hace bien en mostrarse escéptico consigo mismo, pues sabe de los grandes obstáculos que deben superarse para mantener la atención al sueño que él propone. En primer lugar, tres grandes "barreras": (1) Materialismo, el dominio de la Madre arquetípica, que nos hace "concebir el sueño como un enigma por desentrañar, descifrar y resolver. Cuando el sueño es un enigma, hay una esfinge, y cuando hay una esfinge hay un héroe casado eternamente con ella". (2) Oposicionismo -dominante en nuestra cultura desde los presocráticos a la cibernética- que obliga a poner en el sueño lo que éste no tiene bajo la coartada de la 'compensación'. (3) Cristianismo, pues "la victoria sobre el sueño y la muerte es parte de la extensa misión del cristianismo que pretende cambiar el alma por el espíritu".
Estas barreras, que determinan las perspectivas occidentales dominantes sobre el sueño -romántica, racionalista y somaticista-, fundamentan los obstáculos que encuentra Hillman en su camino y que no son sino las categorías que iluminan las interpretaciones a las que estamos acostumbrados: causalismo, naturalismo, moralismo, personalismo, temporalismo, voluntarismo, humanismo, positivismo y literalidad, toda una "serie de operaciones del yo" gracias a las cuales éste se zafa del trato al que somete a las otras figuras del sueño. Hillman es rotundo: "Debemos invertir nuestro proceder habitual, que traduce el sueño al lenguaje del yo, para traducir el yo al lenguaje del sueño (…) convirtiendo al yo en metáfora". Aquí radica "la inconsistencia en la mayoría de las interpretaciones de sueños: todos los personajes son tomados a nivel subjetivo mientras el yo permanece a nivel objetivo". Hay que "enseñar al yo que es también una imagen".
Esta arremetida contra un yo hercúleo, basado en el cuerpo y sus actos hasta la psicopatía "-una exaltación de la actividad por sí misma"- y en busca de realidades literales, antagonismos y linealidad, según "el modo de pensar diurno", no es un capricho de Hillman, sino que se desprende de la naturaleza nocturna del sueño, donde "el pensamiento se mueve con imágenes, semejanzas, correspondencias" que desarman al yo heroico deseoso de sacar a la luz lo que esconde el inframundo, lugar en el que habitan criaturas sin vida corporal. Es la "Casa de Hades, "dios de las profundidades, de lo invisible (…), una presencia escondida, una plenitud invisible (…) el ocultador oculto".
Sí, se trata de la muerte, del mundo ctónico -que Hillman diferencia claramente del dominio de Gea-, puramente psíquico, imagen inextensa, imaginación. Por eso, "el culto contemporáneo al crecimiento personal en las terapias optimistas, centradas en las experiencias cumbre, la libertad, las curaciones y la creatividad, responde a una defensa maníaca contra la propia base de la psicoterapia, un acting-out promulgado como psicoterapia. Para ser psicoterapeuta y trabajar en profundidad, uno debe, de un modo u otro, cooperar con Hades". A fin de cuentas, "el sueño nos conduce a lo inferior, y el humor que corresponde a este movimiento es el sentimiento cansino, triste e introspectivo de la depresión". No en vano "el alma está hecha de experiencias depresivas y negativas" , pues "el alma se encuentra allí donde uno se abre a su sufrimiento, se pone a su servicio y espera mientras perdure".
Esta alma, "sujeto de la experiencia", vaga libre por la Casa de Hades, escena para el drama onírico, para el "trabajo de las figuras de la fantasía": "los sueños llaman desde la imaginación a la imaginación y solamente pueden ser respondidos por la imaginación". ¡Qué lejos del héroe, que "toma las imágenes literalmente"! Aunque algo heroico hay en desoír el canto de las sirenas teóricas y proclamar bien alto que "la interpretación aparece cuando se ha perdido el contacto con las imágenes" y que por ello "los interpretadores pueden matar los sueños". Un torpedo a la línea de flotación de la onirocrítica que suele realizarse en el ámbito de la psicología profunda.
La vía de Hillman es otra. Si "cada sueño es un ejercicio de entrada al inframundo, una preparación de la psique para la muerte", una iniciación, "trabajamos con los sueños no para fortalecer el yo, sino para hacer realidad psíquica, para convertir la vida en materia a través de la muerte". Desde este punto de v ista, para el autor, "en la psicología profunda es donde hoy se encuentran los misterios iniciáticos, el largo camino del aprendizaje psíquico, la adoración de los antepasados, el encuentro con demonios y espectros y los sufrimientos del Infierno".
A partir de estos planteamientos, Hillman nos ofrece en su capítulo final, "Praxis", algunas pinceladas sobre varios temas oníricos frecuentes: el hombre negro, la enfermedad, los animales, el agua, el recuerdo y el olvido, la prisa y la tardanza, la circularidad, el hielo y el frío, las comidas ceremoniales y el alimento, el jolgorio, el carnaval y el circo, puertas y verjas, el olfato y el humo, el espacio, con sugerencias originales que sobrepasan la habitual literalidad de su interpretación como símbolos. Frente a Freud y Jung, "que sitúan el sueño en el contexto vital del paciente, nosotros situamos al paciente y su vida en el sueño", debido a que "los intentos de la psicoterapia moderna de relacionar los sueños con la vida no hacen más que fortalecer el yo a expensas del alma".
Hillman anima incluso al previsible lector profesional a que se acerque al sueño " sin prejuicios maliciosos, sin las posturas que hemos aprendido de teorías inadecuadas y libros de texto del mundo diurno, los cuales siempre hacen encajar los sueños en sistemas psicológicos de conocimiento", con la esperanza de que "sin teoría alguna sólo podamos fijarnos en el propio sueño". Si en último término, "soñar es la psique misma en su proceso de 'trabajar el alma'", más vale una "actitud psicológica consistente", -"actitud de desconocimiento que deja espacio para que hable el fenómeno"-, que una "teoría psicológica coherente" con sus peligros tautológicos.
Nota sobre la traducciónToda traducción supone un esfuerzo, no siempre entendido ni reconocido. Por eso debemos agradecer a nuestro colega Carles Ávila haber tomado sobre sí tan pesada tarea y a la Editorial Paidós que haya publicado esta obra de Hillman en nuestro idioma, dentro de su colección Junguiana. Ahora bien, hay a lo largo del libro una serie de errores que conviene señalar para evitarlos en una nueva edición. Así, se dice 'Erinys' por 'Erinias', 'intraversión' e 'intravertida' por 'introversión' e 'introvertida'; hay otros errores, índice de un desconocimiento de las expresiones españolas de conceptos de la psicología de lo inconsciente: 'ego' por 'yo' (la primera expresión es la solución en inglés para el alemán 'Ich'), 'horda primal' por 'horda primitiva', 'trabajar los sueños' por 'trabajo del sueño', 'retomar las proyecciones' por 'retirar las proyecciones', 'soñador' por 'soñante', 'residuos diurnos' por 'restos diurnos' . Tampoco creo que sea adecuado, seguramente para evitar repeticiones, usar a veces 'submundo' por 'inframundo'. También hay un error en el original que no ha sido corregido en la traducción: se dice en la página 163 que 'No matarás' es el ¡sexto! mandamiento.
InicioLa Fundación C.G.Jung necesita la colaboración económica de lectores, patrocinadores e instituciones que estén interesados en que sigamos existiendo. Conozca las distintas posibilidades para la realización de Donaciones