Les voy a contar una interesante historia...
Autor: Silvia Tarragó Garrido
Silvia Tarragó...imagina que Jung habla
Presentación del volumen 15 de la Obra Completa de C.G.Jung. Editorial Trotta.
-"Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia ".
Erase una vez ...........cinco hombres que rompieron moldes, sacudieron alfombras y con gran valentía.....barrieron debajo. Cinco hombres que no cumplieron con lo que se suponía que debían hacer, pensar, pintar o escribir. Cinco hombres que marcaron mi vida, llevandome a sentir emociones diversas pero una en común: deconstruir, romper con el machete los enzarzados y turbios caminos del bosque para abrir senderos despejados que facilitaran una mirada nueva . Todos tienen un carácter indómito y valeroso y un padre que marcará sus vidas.
El primero de todos ellos.... el aduanero. El hermano mayor, se llamaba Sigmund, de apellido Freud. Le recuerdo con una mezcla de admiración y pena. Me gusta que hablemos de él en miércoles. Un homenaje sincrónico.
Cuando le conocí, el tenía 51 años y yo 32. Emma, mi mujer, y yo nos fuimos hacia Viena un frío viernes de finales de febrero. El viaje fue muy largo....era emocionante ir a conocer a Freud. Hacía seis o siete años que ya había comenzado a leer sus libros; pero poder conversar personalmente con él, era distinto.
Al llegar a Viena nos instalamos en el hotel. Al día siguiente, domingo, a la una del mediodía, Freud me esperaba en su casa. Viena era una ciudad fría. Recuerdo con emoción los cafés, luminosos, amplios y elegantes. Servían el café en tazas de porcelana. Las cucharillas de plata golpeando el servicio, el aroma de los pastelitos de mantequilla recién hechos, la maravillosa olor del café molido. Olor a crema, canela y vainilla.
El rumor de hombres elegantes que desayunan y conversan. Las mujeres no sonreían por las calles. Iban austeramente vestidas. No había animales. Viena era una ciudad sin perros ni gatos. Los jardines de las casas eran pequeños ejercicios de geometría. Era una ciudad imperial.
Llegué puntual y nervioso a la cita. En la puerta de la calle Berggasse 19 había una placa blanca de porcelana que ponía Profesor, Doctor Freud, de 8 a 4 . Llamé al timbre. Me abrió una criada joven, Paula. Me miró con la desconfianza y la comodidad de quién lleva trabajando allí muchos años. No me costó mucho darme cuenta de que quería mucho a Freud. Me hizo pasar a la sala de espera.
Amueblada con sobriedad, la pequeña salita olía a cera para madera y a alcanfor. Las ventanas estaban cubiertas con cortinas de encaje. Freud salió desde su despacho, y sonriente, vino a recibirme. Era un hombre atractivo. Vestía de modo tradicional en un médico de su posición. Reloj de oro con cadena, chaleco, y traje oscuro. La barba pulcramente recortada y una mirada inteligente y desconfiada.
Estuvimos hablando con emoción durante trece horas. Su esposa Martha y sobre todo Paula, interrumpían de cuando en cuando para suministrarnos comida y bebida. Freud fumaba constantemente.
Ahora recuerdo su despacho...... las paredes cubiertas de estantes con libros, el diván cubierto con un tapiz oriental de colores vivos. Los sillones anticuados de crin, un poco desvencijados por el uso...y por doquier una verdadera tropa de figuritas de dioses, héroes y representaciones mitológicas. Estaba abarrotado. Me doy cuenta de que Freud no pudo ver lo que estaba justo delante de sus ojos. Nunca, ni siquiera en mi propio despacho, ví jamás, tamaña representación de figuras arquetípicas.
Pero Freud no pudo atender al concepto de Inconsciente Colectivo, aunque, todas las veces que le visité, acariciaba, mientras hablaba, la cabeza de Phallas Atenea.
Por su enorme piso de 17 habitaciones, transitaban muchas mujeres. Tal vez temía que le inundaran sentimientos incómodos. Sus pacientes muy frecuentemente eran mujeres. En su casa,además de su esposa Martha, algunas hijas y Paula, vivía con ellos la tía Minna, hermana de su mujer. Era una mujer severa y cerrada....se quedó soltera como luego fue su sobrina Anna .Había a su alrededor pocos varones.
Freud tuvo seis hijos, y yo cinco. Supongo que no fue fácil ser hijo de unos hombres como nosotros.
Incluso Lün, la perrita pequinesa que comía cada día el huevo duro que Freud guardaba especialmente para ella; le adoraba. Todos querían y admiraban al patriarca. Martha era una esposa dócil, tímida y tranquila. Las decisones fundamentales la tomaba la tia Minna. Era un ambiente doméstico muy adecuado para estar atento a la represión de la sexualidad.
Cuando hablaba de estos asuntos, Freud se agitaba, cambiaba de voz. Las palabras de Freud en ese primer encuentro ya presagiaron el desencuentro entre nosotros que vendría después. En varios momentos pronunció enfático : ¡ Dogma, ¡bastión, ¡temor a la negra avalancha del ocultismo¡.....¡ pobre Freud, tan amargo y triste. Creo que se constituyó el gran enemigo de sí mismo.
Recordando ahora esta entrevista me viene a la memoria esa referencia del viejo Adler: "donde no hay eros hay poder" y aferrase a su poder fue lo que hizo que nuestra amistad no pudiera tener ningún futuro.
Le volví a visitar, también junto a mi esposa Emma, en 1909. Intenté hablarle de mis estudios sobre los fenómenos ocultos...pero Freud no quería escuchar. Recuerdo como me ardía el diafragma mientras intentaba contárselo....y de repente se oyó crujir fuertemente el armario. Nos asustamos. Le predije....., no sé, lo supe....que vendría un segundo crujido. Me miró, asustado y desconfiado. Algo se había fracturado verdaderamente entre nosotros, algo había "crujido"en nuestro imposible diálogo.
Por supuesto, en el viaje hacia Estados Unidos....ya comenzamos mal ......desde Bremen. Tal vez yo era un apasionado de lo extraño....lo reconozco....y eso a Freud le ponía muy nervioso. Tanto interés, como yo tenía por las momias del pantano....le inquietaron enormemente. Aunque, ciertamente, interpretar eso como un deseo de matarle y a continuación, desmayarse...me sigue pareciendo un poco exagerado. Pero Freud era así. Yo le gustaba, .....pero también le inquietaba. A mi lado no se sentía tranquilo en absoluto.
El segundo desmayo....creo recordar que fué en 1912....por culpa de Amenofis y su antecesor. Se desmayó cuando yo no estuve de acuerdo en la intención supuesta explicada por Freud, de que el faraón tenía una pésima relación con su padre. Es verdad que hablé de un espíritu innovador en Amenofis.....pero él no pudo verdaderamente escucharme.
Pobre Freud....lo recogí del suelo y lo llevé en brazos a un sofá.....fue la única vez que me miró de un modo desvalido. Realmente estaba muy preocupado por el temor de ser asesinado como patriarca.
No nos entendimos desde entonces. Mis sueños eran pobremente interpretados por él. Yo le mentía para tranquilizarle. El no consentía que yo opinara sobre sus sueños....:"No puedo arriesgar mi autoridad"...me dijo. ¿Comprenden ustedes que nuestra amistad no tenía ninguna posibilidad de fructificar?.
Todos ustedes saben de nuestra ruptura. No quiero hoy, recordar los motivos teóricos, ideológicos y.... personales, incluso..... que nos llevaron a ese penoso final. Le agradezco a Freud su valentía innovadora y le admiro por el aire fresco que promovió.
Tan solo era un médico. Un neurólogo que destruyó muchas de las mentiras y falsedades de la psiquiatría de su tiempo...Gracias a él, el hombre moderno comenzó a sospechar de sí mismo.
No pudo aceptar que yo disintiera . Jamás le traicioné como ser humano. Intenté ayudarle hasta el final y el no lo aceptó.
Yo tenía 47 años a finales de Marzo de 1938 . Estaba sentado en mi casa de Bollingen, con la bandera amarilla en el mástil.....señal convenida de que nadie podía molestarme. Escribía en la mesa de madera del jardín un texto que presentaría en Oxford, unos días después......en ese momento, en Viena, Anna Freud era detenida por la Gestapo durante cinco horas. Freud estaba gravemente enfermo de cancer de mandíbula. En Mayo, la tía Minna llegó la primera a Inglaterra. Muchos habíamos intentado que Freud nos escuchara y aceptara nuestra ayuda para irse de Austria. Por fin, Freud llegó a Londres el 4 de Junio. Sus cuatro hermanas se quedaron en Viena y murieron en campos de concentración. Todo su despacho fue recogido apresuradamente. La colección de estatuillas fue rescatado por Marie Bonaparte. Mis cartas también. Tendrían que pasar muchos años para que mi hijo Franz, se reuniera en Londres con Ernst Freud, ambos arquitectos...y emocionados de conocerse.....decidieran a publicar nuestro epistolario.
Nunca más volví a ver a Freud, por supuesto. Murió el 23 de septiembre de 1939.Todavía hoy, en su casa de Londres..... la fotografía que nos hicimos todos juntos en el primer congreso Psicoanalítico, está recortada justo hasta Lou Andreas Salome. Yo no salgo. Tantos años han pasado...pero comprendo que es una más de las manifestaciones de un dolor que no fue nunca superado.
Yo también me sentí muy mal. Me quedé muy solo, difamado e injustamente tratado; pero creo que fue una crisis útil, sin duda. Me quedé huérfano y al fin pude entrar plenamente en la segunda mitad de vida. Y entré, acompañado.....si, de un misionero protestante apasionado por la china y de un médico zarrapastroso que miraba las estrellas.....el segundo y tercer hermano.....
Dos años antes de que yo naciera, en Stuttgart había nacido Richard Wilhelm. A los 26 años se había marchado a China, como misionero protestante, mientras, en esa época, yo desarrollaba mis estudios de medicina . Tardaríamos muchos años en conocernos. Permaneció allí veinte años . En 1913 mientras yo explicitaba mis diferencias con el Dr Freud, Wilhelm soñó que un anciano le iniciaba en el misterio de lo que nombró como "Montaña Sagrada". Poco tiempo después conoció al maestro Lao Nai Souan. Se hicieron grandes amigos y comenzaron a traducir desde el chino al alemán, el libro más antiguo de la historia universal : el I Ching. Tardaron doce años en completar este trabajo y Wilhelm logró que se publicara por primera vez en 1924.
El temía que el libro no interesase a nadie, pero sabía que con su traducción se podía tender un puente entre oriente y occidente. Confiaba en que el libro en sí mismo, explicaría su valor. El I Ching estaba pensado para situarse más allá del tiempo y de la historia. La traducción de Wilhelm mostraba que la obra, incomprendida hasta entonces, era un tratado tan profundo sobre el orden universal y la condición humana que no parecía ser el fruto de una especulación filosófica sino la revelación de estructuras arquetípicas. Conjugaba tres aspectos de la realidad y los unificaba en las leyes del devenir: lo espiritual, lo terrenal y el destino. Podría utilizarse para comprender las reglas de juego del Universo, la vida como fenómeno, o consultarlo como oráculo, confirmando el misterio del fenómeno de la sincronicidad.
Desde 1927, yo estaba sumergido en una profunda crisis. Pintaba mandalas con la intuición de que me servirían para encontrar un centro personal. Durante el año siguiente, seguía buscando en mi interior, sin encontrar un sentido de continuidad a mi investigación profesional. Una mañana me desperté de un sueño y pinté un mandala. Tenía ciertos rasgos que hacían pensar en los techados de las casas orientales. En medio pinté un castillo dorado. Al cabo de unos días me enviaron desde Frankfurt un manuscrito que un tal Richard Wilhelm había dejado para mí. Se trataba de la traducción del libro "El secreto de la flor de Oro". Era un libro de alquimia china. Su lectura fue la llegada repentina de una luz iluminadora en medio de la oscuridad. Nunca más me sentí solo.
Wilhelm era un hombre tranquilo, sonriente, de espíritu femenino, grande y vital.....logramos conocernos en casa del conde de Kaiserling, en su famosa Escuela de la Sabiduría. Compartimos la pasión por Goethe y conversamos mucho sobre oriente y sus costumbres. El no acababa de sentirse cómodo en Europa. Durante su estancia en China había contraído una enfermedad : " Disentería amébica"o "Amebiasis". La enfermedad estuvo larvada durante diez años. Sin embargo al vivir en Europa, el lado chino de Wilhelm quedó en el inconsciente. El sabía que se enfrentaba a una crisis decisiva. Tenía sueños muy tristes sobre China. Sus aspectos cristianos-alemanes no pudieron defenderle del acoso de las bacterias orientales. Intenté tratarle pero ya no pude ayudarle. Murió a los cincuenta y cinco años. Escribí el prólogo de las ediciones del I Ching y del Secreto de la Flor de Oro. Esos cuatro años que había vivido en Europa fuimos buenos amigos. Sentí verdaderamente su muerte.
En la vida del suizo Teofrasto Bombastus von Hohenhein, (1493-1541), más conocido como Paracelso, parece que se confunden la realidad y la leyenda. No pude tener con él un trato humano, aunque hay espíritus con los que acabamos teniendo una relación muy personal. Era muy bajito: metro cincuenta....un aspecto enfermizo y un carácter infernal. Se le veían los dientes superiores porque tenía el labio superior corto y una osamenta muy femenina....
Sin embargo no es extraño su carácter si tenemos en cuenta que se trata de un maestro alquimista de primer orden. Encontré en sus escritos un sentido profundo a mi trabajo de investigación . Con el me adentré en los estudios de la alquimia.
En Paracelso se unían astrología, investigación de la naturaleza, mística y ciencia, Era curioso que cuatrocientos años más tarde, otro médico suizo, también estuviera interesado en las mismas líneas de investigación. Jamás cursó estudios regulares, pues era incapaz de someterse a ninguna sumisión académica. Desde joven se interesó por la medicina, en la que se destacó brillantemente; pero la alquimia sería para él algo imprescindible para conseguir el conocimiento de la naturaleza humana, tanto en la materia como en el espíritu. Desde temprana edad observaba y ayudaba a su padre, médico en las minas de los Fugger, en sus tratamientos a los mineros y en las operaciones que efectuaba. Su relación con su padre también tuvo muchos paralelismos con la relación que yo tuve con el mío.
Pronto escribió el primer tratado de medicina . La personalidad de Paracelso era compleja, extraña, rebelde y renovadora, y se manifestaba muy frecuentemente su carácter pendenciero. Se enfrentó a la ortodoxia médica de su época y eso le creó graves conflictos con la autoridad.
Paracelso daba sus conferencias en alemán y no en latín, como era normal en la época. Sentía gran pasión por conocer, pero basándose en la experiencia directa. Prefería el enfermo al libro, y las clases humildes a las de posición de poder. Huyendo de sus detractores viajó por múltiples países, llegando hasta el extremo oriente, pudiendo así, estudiar y conversar con muchos otros alquimistas. Se doctoró en Italia, en la universidad de Ferrara. Escribía y escribía sin parar....2.600 folios lo atestiguan. Realizó curaciones, en ocasiones prodigiosas, ganándose la admiración de personajes importantes; como Erasmo de Rotterdam, por cuya recomendación fue médico oficial de la ciudad de Basilea y profesor en su facultad de medicina. Anteponía las medicinas minerales a las vegetales, más comunes en la época. Fue por tanto el precursor de la farmacopea actual. Sostenía que un desequilibrio de los tres principios hipocráticos: azufre, mercurio y sal en el cuerpo humano o en alguno de sus órganos era causa de enfermedad. Establece las bases de la medicina química y es precursor de la homeopatía. Paracelso realizó estudios sobre sueños y sobre astrología. Concibió los metales, vegetales y animales, como entes vivos que poseen, como toda realidad cósmica, un cuerpo, un alma y un espíritu. Paracelso explicó que el hombre es un microcosmos, y que su vida es inseparable del macrocosmos. Consideraba al hombre en su triple dimensión : el mundo visible por su cuerpo físico, el mundo astrológico, y el mundo espiritual.
A pesar de su oposición furibunda a la autoridad y en contradicción con su filosofía pagana fue un hombre muy creyente.
Murió el 24 de septiembre de 1541 en Salzburgo, como buen católico, a los 48 años de edad en circunstancias no esclarecidas. En su epitafio podemos leer. "Aquí yace Fhillipus Teophrastus, distinguido doctor en medicina, que con artes maravillosas curó horribles heridas, lepra, gota, hidropesía y otras enfermedades contagiosas del cuerpo, y dio a los pobres los bienes que había obtenido y acumulado". "Alterius non sit qui suus esse potest" No sea de otro quien pueda ser su propio dueño......Ese fue Paracelso. Le leí con entusiasmo y por supuesto, he llegado a quererle. Le debo mucho y siempre le estaré profundamente agradecido.
Los últimos dos personajes a quién me referiré no fueron amigos, ni hermanos, ni siquiera les conocí bien. Ni siquiera me resultan simpáticos, ni demasiado antipáticos. Jamás les aprecié personalmente. Tan solo quiero contar lo que ellos supusieron para explicar como el artista es un instrumento que expresa el espíritu de una época. El artista visionario es vivido por su obra y la trasciende. El artista, está claro, es el altavoz de los secretos anímicos de su época.
Hoy no es 16 de junio....y les voy a hablar de mi encuentro con James Joyce. Vaya comienzo tan difuso. Empezaré por contarles que tuve que hacer muchos esfuerzos para leer el Ulises.¡¡¡ 734 páginas en donde me aburrí, gruñí, y maldije a Joyce por haber escrito ese irritante libro.
Joyce nació un dos de febrero, en Dublín en el día de la Candelaria...protectora de las tormentas ( el odiaba los rayos). Estudió en los jesuitas, ( a los que también aborreció) y se casó con una camarera, Nora, enfrentándose a las inmensas espectativas de su padre. Tempranamente había ya ganado diversos concursos literarios.
Cuando yo le conocí, vivía en Zurich desde 1915, después de marcharse de Dublín y de transitar por Italia y Paris. Siempre fue muy pobre. Sé que, ocasionalmente, la Sra Rockefeller le mandó dinero para que se analizase conmigo; pero él no quiso.
Despreciaba el psicoanálisis y todo lo que se refiera a él.
En 1932 me pidieron que escribiera una reseña sobre el "Ulises" y cuando Joyce la leyó dijo, como Federico el Grande " Cuélguela abajo"....no le gustó lo que dije, pero se resignó ante mi punto de vista.
He de advertirles que en esta farragosa novela nadie se llama Ulises. Creo que Ulises es un Complejo psicológico del propio Joyce.
El, como casi todos los profetas, era antipático y tenía malos modales. En el momento que comprendí con inquietud la magnitud de la frialdad lunar de su libro, entendí con admiración lo que Joyce había escrito. ¡ Claro¡ era evidente¡ El Ulises era una expresión magnífica de la desolación de nuestra cultura.
No contaba ninguna historia, no contenía ningún secreto. No era un libro simbólico. Era la expresión del desasimiento de la consciencia.
Claro que el Ulises escandalizó¡ después de diez ediciones desde su publicación en Francia en 1922. en muchos países anglosajones el libro fue censurado. A él le sorprendió el éxito de la novela.
Me imagino perfectamente a Joyce recibiendo en Paris, de la mano de Silvia Beach, propietaria de la maravillosa librería Shakespeare & Co, el libro recién impreso.
Pero el no era consciente de que era un escritor moderno....que había atacado con frialdad obsesiva, el exceso de falso sentimentalismo del triste mundo del período de entreguerras.
Joyce no buscaba Itaca, ansiaba huir de Irlanda. Cuando en 1934 me trajo a su hija Lucía a mi consulta, habían visitado ya a muchos psiquiatras. Lucía estaba diagnosticada de "hebefrénica". La visité durante un año. No mejoró. Lucía quiso dejar de venir a verme porque dijo que yo era "excesivamente materialista", gracioso comentario, no les parece?.
Comprendí que Joyce caminaba al filo del inconsciente colectivo, pero Lucía se hundía en él. Ella era el alma inspiradora de su padre.
En la Navidades de 1934, me llegó un ejemplar del Ulises con esta dedicatoria: " Para el Dr C.G.Jung en agradecido aprecio de su ayuda y consejo." Firmado: James Joyce. Nunca más supe de él.
Picasso es el último de quién les hablaré...probablemente están ya cansados de escucharme, así que seré breve. Otro deconstructor. Otro hombre con un carácter infernal. ¿ pero se dan cuenta que no podemos interpretar sus obras por muy extraña que sea su personalidad? No puedo calificar a Joyce y a Picasso de psicóticos. Son personas atípicas que han sido arrastradas a expresar a través del arte, un sentimiento primigenio.
Eso no debe ser fácil de soportar. ¿han visto alguna vez el cuadro del arlequín?.....Es un guía. ¿Se acuerdan de las pinturas azules de Picasso? . Podemos hablar del azul. El frío azul lunar del Ulises y de los cuadros de Picasso.
El arlequín. Ambiguo dios ctónico. Si ustedes han visto los cuadros de Picasso comprenderán porque creo que expresan con su fealdad, sus trazos múltiples, sus figuras horribles...ese drama interior. Pero vamos a verle más de cerca:
Pablo, Diego, José, Francisco de Paula, Juan Nepomuceno, María de los Remedios, Crispín, Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso. Nace en Málaga el 25 de octubre de 1881.Estos son los nombres que recibe el hijo del profesor de dibujo y pintor José Ruiz Blasco y de doña María Picasso López. Su tío Salvador fue el médico que lo trajo al mundo. En el momento del parto se supuso que Picasso había nacido muerto, hasta que su tío le lanzó a la cara el humo del puro que estaba fumando. En homenaje a su otro tío Pablo, canónigo de la catedral muerto hacía tres años, recibió su primer nombre de pila. Hasta 1898 siempre utilizó los apellidos paterno y materno para firmar sus obras, pero alrededor de 1901 abandonó el primero para utilizar desde entonces sólo el apellido de la madre. Probablemente la expectativa paterna le resultó asfixiante.
Vivía con sus dos hermanas: Lola y Concepción, además de dos primas, su abuela Inés y dos tías que, sumadas a la madre y a la criada, constituían un clima femenino poderoso . Vivían modestamente de los dos sueldos que el padre aportaba como profesor de dibujo y conservador del museo provincial.
La familia decidió mudarse a La Coruña por la precariedad económica que sufrían . Del sol y la luz del sur, al frío y gris del norte. Picasso tenía diez años y vivieron en Galicia hasta los trece años y medio, en que van a vivir a Barcelona.
La infancia de Picasso estuvo profundamente condicionada por el estado anímico de su padre. Este, se siente derrotado por la vida. Tal vez habría deseado ser un gran pintor y es un simple profesor de dibujo y un pintor académico muy mediocre. Tiene que sostener un hogar con muchas bocas que alimentar. Está a menudo enfermo.
Lo cierto es que un buen día don José, que permitía terminar sus cuadros de palomas a su hijo, -tema al que era aficionado, tal vez recordando Málaga- entregó a éste, a fines de 1894 o a principio de 1895, su paleta, sus pinturas y pinceles y no volvió a pintar nunca más. Pablo tenía trece años . Picasso relata así este acto del padre: "Un día mi padre me dio su paleta y sus pinceles. De momento, yo no entendía por qué. Era muy joven. Me alegré y basta... Mucho después comprendí todo el alcance de su gesto."
El padre organiza -antes de partir a Barcelona- la primera exposición de pinturas de su hijo. Se exponen allí: "Hombre con boina", "Viejo Gallego", "El mendigo de la gorra", "La muchacha de los pies descalzos" y "Escena campestre". En este último cuadro ya empieza a ir en desacuerdo, por el uso del color, con los conceptos académicos imperantes en su época. Ningún pintor hizo antes de los trece años una obra comparable. Gana una medalla de oro en un concurso de pintura y viene a Barcelona.
A partir de los quince años comienza a vivir y a viajar solo, independizándose de la familia . Pinta palomas frecuentemente. Tenía en esa época un sueño recurrente que le intranquilizaba enormemente: Sueña que el, es un águila en pleno vuelo.
Picasso fue precursor de la pintura moderna en oposición al academicismo . Crea a partir de la destrucción, al igual que Joyce
Aunque siempre declaró que no era surrealista, en muchos de sus cuadros se pueden apreciar cualidades y características propias de ese movimiento artístico. Creó desde imágenes o visiones internas puesto que destruye todo: la forma del objeto y las leyes del arte . Su genialidad se repite en cada obra.
Picasso decía: "Estoy lleno de contradicciones...al tiempo que me gusta lo que me pertenece, ¡siento unas ganas locas de destruirlo...! .
Destruye y luego hace "composiciones" plásticas nuevas. Nos encontramos, como en Joyce...con la muerte del Rey. Destruir para construir . Morir para renacer.
Destruyó el concepto de que lo bello está sólo en la belleza. Logró mostrar lo "bello" de lo "feo". Utilizó colores de bajas tonalidades en pleno "Período azul", o pintó luego cuadros monocromáticos o en blanco y negro como el "Guernica".
Rompió la continuidad de las líneas en los dibujos. Hace estallar las formas, usa desechos para hacer esculturas o descubre la técnica del collage y del grabado en color . Cambia la visión estética del mundo.
Pintó lo que nunca se había pintado. No le conocí.
Personalmente, creo que no me habría gustado.
En noviembre de 1971, Picasso había cumplido noventa años, realizó el cuadro "Viejo sentado con sombrero" donde se ve a sí mismo como un pintor manco.
El 30 de junio de 1972 hizo su último autorretrato donde él, famoso por sus ojos de "águila" se atreve a mirar el vacío. Intuyendo la muerte, de la que jamás se podía hablar en su presencia, la enfrentó pintando. La angustia le inundaba. Un año después murió en Francia....el 3 de abril de 1973.
Les he contado todas estas historias y hemos llegado al final...... Hemos paseado un rato desde Viena hasta quedarnos contemplando al Arlequín....
Tan solo el artista y el héroe transitan por los peligrosos caminos del Hades. Crucemos los dedos y aceptemos que solo unos pocos son "dictados": Los artistas, los locos y los poetas .
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