Alquimia
Autor: Marie-Louise Von Franz
Fecha publicación: 02.06.2008
Fragmento de la obra de Marie-Louise Von Franz
Extraido del libro:
“Alquimia” ( pag 13-24)
Ed. Luciérnaga 1.999
Grup 62

“Como ustedes saben, el doctor Jung ha consagrado muchos años de estudio a este tema, que prácticamente exhumó del estercolero del pasado, ya que se trataba de un dominio de la investigación desdeñado y olvidado que él consiguió resucitar.
El hecho de que ahora un mínimo folleto se venda por unos cien francos suizos, en tanto que hace más o menos diez años se podía comprar por dos o tres francos un libro excelente sobre alquimia, se debe en realidad a Jung, porque a no ser por el interés demostrado por algunos círculos de la francmasonería, y posteriormente por los rosacruces, cuando él empezó a trabajar sobre el tema nadie sabía prácticamente nada sobre la alquimia.
Tan pronto como nos adentremos en los textos entenderán ustedes en alguna medida cómo llegó a ser olvidada la alquimia y por qué todavía, incluso en los círculos junguianos, mucha gente dice que puede coincidir con Jung en lo que se refiere a la interpretación de los mitos, y también a todo el resto de su obra, pero que cuando se trata de alquimia dejan de leer —o leen a regañadientes y de mala gana— sus libros sobre el tema. Esto se debe a que la alquimia es, en sí misma, tremendamente oscura y compleja, y los textos muy difíciles de leer, de manera que se necesita un bagaje enorme de conocimiento técnico si quiere uno adentrarse en este campo. Ofrezco este curso introductorio a los estudiantes en la esperanza de que les permita adentrarse mejor en el tema, de modo que cuando lean los libros de Jung tengan ya un caudal de conocimientos que les permita entenderlos.
En su libro Psicología y alquimia Jung introdujo, por así decirlo, la alquimia en la psicología, primero publicando una serie de sueños de un estudioso de las ciencias naturales que contienen gran cantidad de simbolismo alquímico, y después ofreciendo citas de textos antiguos, con lo cual esperaba demostrar lo importante y moderno que es este material, y cuánto lo que tiene para decir al hombre moderno. El propio Jung descubrió la alquimia en forma absolutamente empírica. Una vez me contó que en los sueños de sus pacientes aparecían con frecuencia ciertos motivos que no podía entender, y que un día, observando viejos textos sobre alquimia, halló una relación. Por ejemplo, un paciente soñó que un águila empezaba a volar hacia el cielo y después, súbitamente, giraba hacia atrás la ca beza, empezaba a devorarse las alas y volvía a caer a tierra. El doctor Jung captó el simbolismo sin necesidad de comparaciones históricas, como por ejemplo: el espíritu ascendente o el ave pensante. El sueño muestra una enantiodromía, lo opuesto a la situación psíquica. Al mismo tiempo estaba impresionado por el motivo que cada vez más era reconocido como arquetípico y que debía, casi obligadamente, tener un paralelo, aun que no podía encontrarse en ningún lugar, aparecía como tema general. Entonces, un día descubrió el Ripley Scroll, que da una serie de imágenes del proceso alquímico —publicadas en parte en Psicología y alquimia—, donde un águila con cabeza de rey se vuelve hacia atrás para comerse sus propias alas.
La coincidencia lo impresionó muchísimo, y durante años la tuvo presente, con la sensación de que en la alquimia había algo más, y de que debía profundizar en el tema, pero no se decidía a abordar este campo complejísimo porque se daba cuenta del enorme trabajo que significaría y de que le exigiría refrescar sus conocimientos de latín y griego, y leer muchísimo. Finalmente, sin embargo, llegó a la conclusión de que tenía que hacerlo, de que era demasiado lo que el tema ocultaba y de que ese material era importante para que pudiéramos entender mejor el material onírico de las gentes modernas.
El doctor Jung no se lo planteó como problema teórico, sino que vio un paralelismo sorprendente con el material con que estaba trabajando. Pero ahora podríamos preguntarnos por qué habría de estar el simbolismo alquímico más próximo de las producciones inconscientes de muchas personas modernas que ningún otro material. ¿Por qué no habría de bastar con estudiar mitología comparada, y profundizar en los cuentos de hadas y en la historia de las religiones? ¿Por qué tenía que ser especialmente la alquimia?
Para ello hay diversas razones. Si estudiamos el simbolismo en la historia comparada de la religión, o en el cristianismo —todas las alegorías de la Virgen María, por ejemplo, o el árbol de la vida, o la cruz, o el simbolismo del dragón en el material cristiano medieval, etcétera—, o si estudiamos mitología, como por ejemplo la de los indios norteamericanos (las creencias de los hopis, las canciones de los navajos, etc.), en cada caso estamos enfrentándonos con material producido por una colectividad y comunicado por una tradición más o menos organizada. Entre los indios norteamericanos hay tradiciones de los médicos brujos que comunicaban a sus discípulos sus canciones y rituales, en tanto que ciertas cosas eran conocidas por la totalidad de la tribu, que participaba en los rituales. Lo mismo es válido para el simbolismo cristiano, que se comunica en las tradiciones de la Iglesia, y el simbolismo total de la liturgia y de la misa, con todo su significado, se transmite por mediación de la doctrina, la tradición y las organizaciones humanas. Están también las diferentes formas orientales del yoga y otras formas de meditación. Son símbolos que ciertamente se formaron en el inconsciente, pero que desde entonces han sido trabajados por la tradición. Uno ve repetidas veces cómo cualquiera que haya tenido una vivencia original e inmediata de símbolos inconscientes comienza enseguida a trabajar sobre ellos.
Tomemos el ejemplo de san Nicolás de Flüe, el santo suizo que tuvo la visión de una figura divina errabunda que se le acercó envuelta en una brillante piel de oso y cantando una canción de tres palabras. Por el relato original es obvio que el santo estaba convencido de que quien se le aparecía era Dios o Cristo. Pero el relato original se perdió y hasta hace unos ochenta años no hubo más que un relato hecho por uno de sus primeros biógrafos, que contó más o menos correctamente la historia, ¡pero sin hablar de la piel de oso! Las tres palabras de la canción se refieren a la Trinidad, el vagabundo divino sería Cristo, que se le aparece al santo, y así sucesivamente. Todo eso, el biógrafo lo mencionaba, pero con la piel de oso no pudo hacer nada, porque ¿por qué habría de usar Cristo una piel de oso? Entonces, no se habló más de aquel detalle, y sólo se lo volvió a incluir cuando el azar llevó a descubrir nuevamente el relato original de la visión. Esto es lo que sucede con las experiencias originales que se transmiten; se hace una selección, y lo que se adecúa a lo que ya se sabía —o coincide en cierto modo con esto— se comunica, en tanto que se tiende a dejar pasar los otros detalles, porque parecen raros y nadie sabe qué hacer con ellos.
Parece, por ende, que el simbolismo que se comunica mediante la tradición está en cierta medida racionalizado y depurado de las vulgaridades del incons-ciente, de los menudos detalles extraños que éste va agregando, en ocasiones contradictorios y sucios. Esto también sucede, en pequeña escala, dentro de nosotros mismos. Un joven médico se volvió de pronto muy escéptico respecto de la forma en que anotamos nuestros sueños, porque creía que cuando uno los anota por la mañana ya ha habido mucha falsificación. Entonces se instaló un grabador junto a la cama: por la noche, cuando se despertaba, aunque estuviera medio dormido, grababa el sueño y por la mañana lo anotaba por escrito tal como lo recordaba, y comparaba las dos versiones. Descubrió así que su escepticismo era exagerado. Los relatos de sueños que hacemos a la mañana siguiente son casi correctos, pero involuntariamente los ordenamos. Por ejemplo, él había soñado que algo sucedía en una casa, y que después él entraba en la casa. Al volver a contar el sueño por la mañana, corrigió la secuencia temporal y escribió que él entraba en la casa y después le pasaba tal y tal cosa. De hecho, los sueños registrados inmediatamente son más confusos en cuanto a la secuencia temporal, pero por lo demás son bastante correctos. Por lo tanto, aun cuando un sueño atraviese el umbral de la conciencia, ésta, al relatarlo, le hace algo, lo enmienda y lo presenta en forma un poco más comprensible.
Cum grano salís, se podría comparar lo antedicho con la forma en que se comunican las experiencias religiosas en un sistema religioso viviente, en el que generalmente la experiencia personal inmediata se revisa, se purifica y se aclara. Por ejemplo, en la historia de la vida íntima personal de los santos católicos, la mayoría de ellos tuvieron vivencias inmediatas de la Divinidad —como corresponde a la definición de un santo— o visiones de la Virgen María, de Cristo o de otras figuras. Sin embargo, la Iglesia raras veces ha publicado nada sin expurgar primero todo lo que se consideraba material personal. Sólo se dejaba pasar lo que coincidía con la tradición.
Lo mismo sucede incluso en las comunidades primitivas libres. También los indios norteamericanos omiten ciertos detalles que no consideran importantes para las ideas conscientes de la colectividad. Los aborígenes australianos celebran un festival llamado Ku-napipi, que se prolonga durante treinta años. Durante todo ese tiempo, en determinados momentos se llevan a cabo ciertos rituales —se trata de un gran ritual de renacimiento que se extiende a lo largo de toda una generación— y cuando los treinta años han transcurrido, se vuelve a empezar. El etnólogo que lo describió por primera vez se tomó el trabajo de registrar los sueños que hacían referencia al festival, y descubrió que los miembros de la tribu soñaban frecuentemente con él, y que en esos sueños, como cabía esperar y tal como nos sucedería a nosotros, había variaciones en pequeños detalles que no coincidían del todo con lo que realmente sucedía. Los aborígenes australianos dicen que si un sueño contiene una buena idea, ésta se comunica a la tribu y se la adopta como parte del festival, que de esa manera varía un poco en ocasiones, aunque en términos generales se atienen a la tradición que les ha sido comunicada.
Al analizar católicos he visto con frecuencia el mismo fenómeno, es decir que sueñan con la misa, pero en el sueño sucede algo especial; por ejemplo, que el sacerdote distribuye sopa caliente en lugar de la hostia, o algo parecido. Todo es muy correcto, a excepción de ese único detalle. Recuerdo el sueño de una monja donde en mitad del Sanctus, es decir en el momento más sagrado, precisamente cuando debe tener lugar la transformación, el anciano obispo que oficiaba la misa se detenía de pronto diciendo que antes era necesario algo más importante, y pronunciaba entonces un sermón sobre la encarnación. Después volvía a detenerse diciendo que seguirían con la misa tradicional, cuya terminación confiaba a dos sacerdotes jóvenes. Aparentemente la monja, lo mismo que muchas otras personas, no tenía una verdadera comprensión del misterio de la misa; para ella no era más que la repetición mecánica del misterio, y por lo tanto, antes de que tuviera lugar la transformación, el sueño demostraba que en realidad había que explicar a la gente lo que estaba sucediendo, porque si no participaban mentalmente la ceremonia no les serviría de nada; no estarían haciendo nada más que creer sin entender. Por eso en el sueño el obispo daba una larga explicación, tras la cual la misa clásica continuaba, celebrada por sacerdotes más jóvenes, demostrando que era una re-novación. La renovación se produce de acuerdo con la manera en que se entiende la misa, y aquí el anciano se la confiaba a los dos jóvenes. Esto ejemplifica cómo la experiencia individual de los símbolos religiosos siempre difiere un poco de la fórmula oficial, que no es más que una pauta promedio. Es muy poca la manifestación inmediata del inconsciente que hay en la historia o en otros ámbitos.
Mediante la observación de sueños, visiones, alucinaciones y otras manifestaciones, el hombre moderno puede ahora, por primera vez, considerar de manera desprejuiciada los fenómenos del inconsciente. Lo que proviene del inconsciente puede ser observado por mediación de los individuos. El pasado nos ha legado algunos escasos informes de vivencias individuales, pero, en general, los símbolos del inconsciente nos llegan de la manera más tradicional, debido al hecho de que normalmente la humanidad no ha abordado el in-consciente en el nivel individual, sino que, con pocas excepciones, se ha relacionado con él en forma indirecta, mediante los sistemas religiosos. Hasta donde yo puedo verlo, esto tiene una validez general, a no ser en las sociedades más antiguas y más primitivas, y en algunas otras formas de aproximación al inconsciente, aunque también hayan sido codificadas.
En varias tribus esquimales no existe prácticamente contenido alguno de la conciencia colectiva. Hay algunas pocas enseñanzas sobre ciertos fantasmas, espíritus y dioses —Sila, el dios del aire; Sedna, la diosa del mar y algunos más— que se comunican oralmente por mediación de ciertas personas, pero sólo las experiencias personales son comunicadas por el chamán o el médico brujo, que son las personalidades religiosas de dichas comunidades. Los esquimales llevan una vida tan dura y tienen tan difícil la supervivencia, debido a las terribles condiciones ambientales, que normalmente todo el mundo se concentra exclusivamente en sobrevivir, con la excepción de unos pocos individuos escogidos que mantienen algún intercambio con los espíritus y tienen experiencias interiores y sueños, de modo que el pueblo se relaciona simplemente con esos sueños y tiene sobre ellos sus prop
Me parece probable que esto represente los vestigios de un estado originario, porque según las consideraciones de la antropología se puede suponer que la humanidad vivía originariamente en pequeños grupos tribales de veinte a treinta personas, entre las cuales solía haber dos o tres introvertidos capaces de tener vivencias personales íntimas, que eran los guías espirituales, en tanto que los cazadores o luchadores, físicamente fuertes, eran los guías terrenales. En casos así hay material referente a experiencias íntimas inmedia-tas y muy poca tradición.
Están además los fenómenos de individuos que hacen contacto inmediato con el inconsciente en las experiencias iniciáticas organizadas de ciertos pueblos. Por ejemplo, en muchas tribus de indios norteamericanos, parte de la iniciación de un joven médico brujo consiste en irse a la cumbre de una montaña o al de-sierto, tras un período de ayuno, y a veces también después de haber tomado drogas, a buscar allí una visión, experiencia o alucinación que después el joven confía a su Maestro o Iniciador. Si cuenta, por ejemplo, que ha visto una lagartija, le dicen que pertenece al clan de los thunderbird1 y que tendrá que convertirse en un médico brujo de tales y cuales características. Pero allí la interpretación de la vivencia individual se relaciona con la tradición del inconsciente colectivo, y un médico brujo se limitaría a omitir cualquier cosa que fue ra completamente individual o extraña. Paul Radin ha publicado sueños de indios, mostrando la forma en que los interpretan, y es fácil ver que lo que no entienden, se lo saltan sin más. Del sueño seleccionan lo que se relaciona con las ideas de la conciencia colectiva y omiten los detalles raros, lo mismo que hacen los analistas junguianos principiantes cuando comienzan a interpretar sus propios sueños. Si uno les sugiere que intenten hacerlo, por lo general escogen un motivo que parezca relacionarse con algo que entienden y dicen que saben lo que eso significa, que se refiere a tal y tal cosa, y entonces es cuando yo les pregunto qué hay de este detalle y de este otro, que ellos tienden a omitir.
Las experiencias inmediatas del inconsciente que tienen ciertos individuos pueden ser luego codificadas o interpretadas, o incorporadas a un sistema religioso. Naturalmente, en todos los sistemas religiosos hay sectas que tienden a revivificar las experiencias inmediatas. Allí donde una religión parece demasiado codificada, se forma generalmente una secta compensatoria tendente a revivificar las experiencias individuales, y esto explica la multiplicidad de cismas. Por ejemplo, en el Islam están los sunnitas y chiítas, entre otros; o la escuela talmúdica y la cabalística en la Edad Media judía, donde se comunican los símbolos religiosos codificados. El grupo más reciente tiende a dar más valor a las vivencias individuales; uno de ellos sostiene que es ortodoxo, y el otro afirma que tiene el espíritu viviente, lo que sería además el contraste entre los tipos ex-travertido e introvertido. Pero incluso en la tradición del introvertido que se proclama dueño del espíritu, la verdadera experiencia personal del inconsciente es muy poca. Nunca hay más que unos pocos individuos que tengan experiencias así, probablemente porque son tan peligrosas y aterradoras que sólo unas pocas personas excepcionalmente valientes siguen este camino, o bien los necios que no saben hasta qué punto aquello es peligroso, y que por eso mismo terminan enloqueciendo.”
Marie Louise Von Franz. Biografía
Analista Junguiana, estudiosa y erudita de gran prestigio, fué una de las colaboradoras y amigas mas estrechas del Dr Jung. Nacida en Austria el 4 de enero de 1915, se instaló con su familia en Suiza, en donde posteriormente obtuvo la nacionalidad. Vivió y trabajó en Kusnacht, mientras fué docente , durante muchos años en el Instituto Jung. Con 19 años conoció a C. G. Jung y comenzó a colaborar con él en el estudio de los Textos Alquímicos. Fue pionera en la investigación de la psicología de los cuentos y, después de la muerte de Jung, la principal continuadora de su obra, destacando sus estudios sobre Alquimia, sobre el arquetipo del Puer, sobre la leyenda del Grial , sobre simbolismo y sobre el concepto de Sincronicidad, entre otros...
Paralelamente a esta extensa actividad investigadora desarrolló una gran labor como psicoterapeuta.
Es autora de numerosos libros, traducidos a muchos idiomas, entre los que destacan “Introducción al Simbolismo de la Alquimia” ,”Aurora Consurgens”,” Mitos de Creación”, “Simbología de los Cuentos de Hadas ”, “Los Opuestos y la Renovación en los Cuentos”, “Individuación en los Cuentos de Hadas”,” El problema de lo Femenino en los Cuentos de Hadas”, “Símbolos de redención en los Cuentos de Hadas”, “Sombra y el Mal en los Cuentos de Hadas”,” El asno de oro”,” La leyenda del Grial”,” Puer Aeternus”,”Adivinación y Sincronicidad”, “Número y Tiempo”, “Tiempo, Ritmo y Reposo”,”Proyección y Retoma de la Proyección” “Sueños y Muerte”,”C.G.Jung, su mito en nuestro tiempo”, etcétera.
Murió en Zúrich el 17 de febrero de 1998.
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