El secreto de la flor de oro

Autor: Carl Gustav Jung

C.G.Jung.
R.Wilhelm
(Fragmentos)

“Mientras no sea consciente la distinción entre sujeto y objeto, reina la identidad inconsciente. Entonces lo inconsciente es proyectado sobre el objeto, y el objeto queda introyectado en el sujeto, es decir, psicologizado. Animales y plantas se conducen entonces como hombres, los hombres son simultáneamente animales, y todo está animado con espectros y dioses.

El hombre de cultura se cree, claro está, inmensamente elevado por encima de esas cosas. Pero a menudo se halla, durante su vida entera, identificado con los padres, identificado con sus afectos y prejuicios, y afirma del otro, impúdicamente, lo que no quiere ver en sí mismo.
Precisamente tiene todavía también un resto de inconsciencia inicial, es decir, de indiferenciación de sujeto y objeto.

Tao

En virtud de esa inconsciencia es afectado mágicamente por incontables hombres, cosas y circunstancias, o sea, incondicionalmente influido; está colmado casi tanto de contenidos perturbadores como el primitivo, y por consiguiente emplea igual cantidad de magia apotropéyica. Pero sus prácticas mágicas no las realiza ya con bolsitas medicinales, amuletos y sacrificios animales, sino con remedios para los nervios, neurosis, "ilustración", cultos de la voluntad, etc.
Ahora bien, si se logra reconocer lo inconsciente como magnitud co-condicionante de la conciencia, y vivir de manera que las exigencias conscientes e inconscientes ( o sea instintivas) sean en lo posible tomadas en consideración, el centro de gravedad de la personalidad ya no es más el yo, que es un mero centro de conciencia, sino un punto, por así decir, virtual entre lo consciente y lo inconsciente, al que cabe designar como Sí-mismo. Si se logra tal trasposición, el resultado es la anulación de la participation mystiquey de ello nace una personalidad que, por decirlo así, sufre sólo en los estadíos inferiores pero en los superiores logra estar singularmente alejada de lo penoso o gozoso de la vida.

La producción y nacimiento de esa personalidad es lo que nuestro texto tiene por objetivo cuando habla del "fruto santo", del "cuerpo diamantino" o, de otra manera, acerca de un “cuerpo imputrescible”.
Tales expresiones son simbolos psicológicos de una actitud invulnerable frente al conflicto emocional incondicionado y con ello a la conmoción violenta; en otras palabras, simbolizan una conciencia desligada del mundo.

Tengo razones para creer que ésta sea realmente una preparación natural para la muerte, que se instituye después de la mitad de la vida.
Para el alma la muerte es tan importante como el nacimiento y, como éste, un elemento integrante de la vida. No se puede preguntar al psicólogo lo que acontece finalmente con la conciencia desligada. Sea cual fuere la posición teórica que este adoptara, sobrepasaría sin esperanza los límites de su competencia científica.

Sólo puedo indicar que lo que nuestro texto afirma al respecto de la intemporalidad de la conciencia separada , está en concordancia con el pensar religioso de todos los tiempos y con la abrumadora mayoría de la humanidad y que, por lo tanto, quien no pensara así estaría fuera del orden humano y sufriría en consecuencia de un equilibrio psíquico perturbado. Por tal motivo me tomo , como médico , mucho trabajo para apoyar, en la medida de mis fuerzas, la convicción de la inmortalidad, especialmente entre mis pacientes de edad a quienes tales preguntas les llegan por la amenazadora proximidad.
> La muerte, en efecto, vista psicológicamente de manera correcta, no es un término sino una meta, por lo tanto comienza la vida para la muerte tan pronto como se sobrepasa la altura del mediodía de la vida ”.

Fórmula mágica para el viaje a la lejanía

“El Maestro Lu Dsu dijo: Yu Tsing ha dejado tras de sí una fórmula mágica para el Viaje a la Lejanía:

"Cuatro palabras cristalizan el espíritu en el espacio de la fuerza. En el sexto mes se ve de repente volar nieve blanca.
A la tercera guardia se ve el disco del Sol radiar cegadoramente. En el agua sopla el viento de la amabilidad.
Peregrinando por el Cielo, se come la fuerza del espíritu de lo Receptivo. Y el secreto aún más profundo del secreto:
La tierra que no está en ninguna parte, ésta es la verdadera patria”.

> “El Secreto de la Flor de Oro”. C.G.Jung / R. Wilhelm.
Editorial Paidos 1966

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