El mundo del espejo
Autor: Graciela M. Blanco
Infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.
Jorge Luis Borges
En tiempos del legendario Emperador Huang Di, el tránsito entre el mundo de los espejos y el de los hombres discurría pacíficamente. Humanos y seres especulares compartían espacios y experiencias. Habitantes de ambos mundos, entraban y salían libremente por los espejos. Pero una noche desvelada, el emperador mandó a capturar al gran tigre del espejo para su zoológico, hecho que desencadenó una guerra cruenta y prolongada. Finalmente, con la ayuda del hechicero imperial, Huang Di logró la victoria y condenó a los seres del espejo a permanecer eternamente tras ellos y a repetir por siempre la vida del mundo de los hombres. Sin embargo, se dice que un día despertarán de ese sueño alucinado y regresarán, los espejos entonces revelarán otros reflejos.

El advenimiento de la realidad virtual quizás nos esté revelando que la profecía se ha cumplido. Esta expresión : "realidad virtual" es su calidad de oxímoron, reviste una sensible contradicción. El término realidad calificado y contrariado por el adjetivo virtual adquiere un nuevo sentido: es la realidad verosímil generada por un sistema informático. La realidad de los espejos se refleja en la virtualidad cibernética y aquellos prisioneros fantasmagóricos de los espejos deambulan hoy libremente por las rutas de Internet. Navegantes de la World Wide Web, cibernautas que repiten la vida de los hombres y son esos mismos hombres.
Los internautas son habitantes incorpóreos de un mundo sin distancias ni espacio, de un mundo constituido por sitios virtuales que transitan a través de los dispositivos multimedia. El chat, el correo electrónico, las cámaras web y los micrófonos convocan a la comunicación y al encuentro. Hombres y mujeres de lugares remotos anulan travesías y conjuran distancias, promueven relaciones, se enamoran.
Las grandes ciudades posmodernas se han transformado en espacios peligrosos, amenazantes y violentos. El sistema social y urbano dejó de ser un ámbito protector. El afuera se ha transformado en lugar hostil y riesgoso, se abandonan las calles, prevalecen los interiores y la pantalla del ordenador se convierte en ese espejo de la sala que Alicia atraviesa. Sin salir de casa y con una computadora se impone la cyberpresencia; se consigue sexo seguro, libre de contagios; relaciones afectivas eximidas del compromiso, del contacto o la confrontación; se despliega una gama infinita de fantasías amorosas. La materialidad del otro, su corporeidad, es tan abrumadora y temible que la presencia inmaterial se torna familiar y protectora. La densidad física se hace etérea; el próximo, peligroso; el lejano, tranquilizador y manejable (basta pulsar una tecla para hacerlo desaparecer transitoria o definitivamente). Distantes seres etéreos nos protegen de próximos abrumadores, de convivencias opresivas, de soledades insatisfechas, de miradas reveladoras.
El encuentro virtual se resuelve a veces en la necesidad del encuentro real, encarnado. Este fenómeno despliega en muchos casos un nuevo movimiento en el mapa del mundo. El motivo de la partida es una vez más la pobreza. Los movimientos inmigratorios en el tercer milenio no sólo son provocados por las feroces crisis económicas de los países con menos disponibilidades, la pobreza en este mundo globalizado es también pobreza afectiva, vínculos humanos signados por el descontento y banalidad.
Predominan fantasías de rescate donde otro, desde lejos, hace posible la ilusión de hallar la seguridad y afecto que no se encuentra en el propio sitio.
La referencia histórica más próxima a este forma de encuentro remite a las grandes corrientes inmigratorias de posguerra que se dirigieron a América. Las parejas se formaban entre los que habían emigrado y los que habían quedado en Europa (en su mayoría mujeres). Algún familiar o conocido oficiaba de "intermediario" y se iniciaba así un intercambio epistolar y de fotos hasta que llegaba la invitación al viaje con promesa de matrimonio o haciéndolo efectivo a distancia por el recurso del casamiento por poder.Centrándonos básicamente en el uso del "chat" nos encontramos con algunas paradojas como características propias de este modo de comunicación. La primera es que charlar (to chat), platicar, conversar, lleva implícito el hablar, sin embargo en el ciberespacio la conversación se desarrolla por escrito, podríamos decir "literariamente". El diálogo escrito había sido, hasta la irrupción de este fenómeno, algo propio del ámbito literario y particularmente del género teatral. Hoy, como el lenguaje hablado, se desarrolla en el tiempo, un tiempo real de escritura-lectura entre interlocutores que reemplazan la "locución" (hablar) por la "letra" y que se hallan en la frontera también paradójica de una ausencia-presencia. Se está presente en tanto que los participantes de este diálogo se encuentran ambos simultáneamente frente a un teclado y un monitor, sin embargo están ausentes cada uno para el otro. La cámara web, los micrófonos y audífonos intentan satisfacer este vacío sensorial.
Esta condición permite desarrollar ciertos mecanismos de control como preservar la identidad. No sólo es posible establecer una comunicación sin verse ni escucharse, sino también hacerlo descontextualizadamente, pues se prescinde del entorno que podría indicar un rango o estatus, propicia la reserva de la identidad propia. Si bien en la comunicación telefónica, la distancia se anula como en el chat, pues el diálogo se desarrolla sin importar donde están los participantes, aquí desaparece la percepción de la voz y con ella las reveladoras inflexiones, tonos, pausas y silencios. La distancia anulada en el chat anula también la metacomunicación. En el chat el lugar es ahora y el tiempo una posibilidad de expresarse por escrito, de corregir, de borrar, de re-escribir, de pensar. El diálogo escrito impone un tiempo distinto que el hablado, admite la pausa para pensar la respuesta, permite una estrategia de comunicación. Neologismos como el verbo "chatear", el uso de abreviaturas para agilizar la escritura, de "emoticones" (símbolos gráficos que expresan emociones) son algunos de las rasgos peculiares de este lenguaje. Los "emoticones" traducen en un código simbólico sentimientos, estados de ánimo, intenciones, que refuerzan o reemplazan la palabra escrita a manera de gestualidad, de comunicación analógica.
El lugar de la comunicación por chat es un espacio psicológico y virtual creado por la "conexión" a Internet. El cibernauta, el teclado y su monitor forman una "máquina" de comunicación extra-espacial. Aquí la tercera paradoja: un espacio sin distancia que propicia la fantasía y cierto sentido de libertad que otorga la ausencia de la mirada del otro.
Esta "máquina" hace que el entorno real pase a segundo plano, un plano de cierta irrealidad ya que las percepciones sensoriales del ambiente que la rodea quedan fuera del foco de la conciencia y la atención. Inclusive una interrupción generada desde este entorno (llamada telefónica, corte de luz o caída del sistema) puede provocar irritación y malhumor. Esta "máquina" altera la sensación de dentro-fuera. El entorno inmediato pasa a ser el afuera mientras se está "conectado a red", y se "entra" al chat. Esta unidad cuerpo-mente-teclado y pantalla conectada, a su vez, con otro cuerpo-mente-teclado y pantalla, genera un espacio de comunicación en el que el sólo estímulo de la palabra escrita podría producir una sensación de "unión mística o espiritual" que propicia el encuentro afectivo. Cabe recordar que, etimológicamente, el término "cibernauta" remite al que "gobierna una nave", y esta connotación de "gobierno", de control, quizás sea uno de los principales motivos de la fascinación que ejerce la conexión a Internet.
Agregaremos que una vez finalizada la conversación, devenida ya en un texto completo, se conjura aquello de que "a las palabras se las lleva el viento". Los textos pueden quedar archivados y ser releídos y citados en futuras conversaciones "al pie de la letra".
Esta modalidad de socialización signada por las particularidades paradójicas de la comunicación vía Internet es desarrollada por cientos de miles de usuarios de la red abriendo un campo amplísimo en la probabilidad de encuentros condicionados exclusivamente por el idioma y por la habilidad personal para comunicarse por escrito.
A la manera de una multitudinaria fiesta de disfraces los usuarios ingresan a los canales de chat dándose a conocer por un apodo o nick que, como una máscara, muestra a la vez que oculta. El apodo elegido encubre la verdadera identidad pero también exhibe cierta característica parcial de quien lo porta. El nick es la manera elegida de presentarse en la sociedad virtual. El ciberespacio da la posibilidad de ser uno mismo, de mostrar partes de la identidad o de jugar identidades falsas. El anonimato y la identidad reservada otorga impunidad y auto-protección a los usuarios.
En este "ambiente" de luces y sombras, de palabras y emoticones, es posible la confidencia y el relato de situaciones personales e íntimas favorecido por este "enmascaramiento" que facilita la desinhibición, la autenticidad y la falseamiento. Permite también jugar un personaje, una suerte de travestismo virtual. Así podríamos afirmar que Superman y Clark Kent, Jeckill y Mr. Hyde, Cyrano de Bergerac y más de una Sirena con su canto suelen estar "on line".
Charlemos, nada más.
Soy el cautivo
de un sueño tan fugaz
que ni lo vivo.1
Tango
Este tiempo de interiores es sólo un tiempo de puertas cerradas, no de una mirada vuelta hacia la propia interioridad. Lo más temido por los habitantes de la red es que este juego de espejos se transforme en el espejo de la madrastra de Blancanieves, que un día dejó de responder que era ella la más hermosa; de hallar tras los atavíos cibernéticos el implacable rostro de Medusa, su mirada devastadora e insoportable que muestra impiadosamente lo inadmisible, la propia sombra. Quizás hayan regresado los seres exiliados al otro lado del espejo, aquellos que fueron confinados por un emperador que quiso apropiarse del tigre majestuoso del territorio especular. Como él , el retorno tan temido de lo reprimido, lo negado, también transita por las redes. Cambiar de nick, de identidad cibernética da la falsa ilusión de poder eludirlo.
Convivencia, contacto: prácticas propias de lo humano se mediatiza a través de una parafernalia tecnológica que presta asistencia a la simulación. La pérdida del otro va de la mano con la pérdida de la propia identidad humana, corpórea, vulnerable, instintiva, crucial.
Graciela M. Blanco
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