Vida y muerte de la movida

Autor: Enrique Galán Santamaría
Fecha publicación: 28.02.2007

A modo de introducción:

Madrid me mata...
la movida madrileña

Silvia Tarragó

Los psicoanalistas, freudianos y lacanianos fundamentalmente, han sido acusados muchas veces de vivir en sus burbujas divaneras, eludiendo todo análisis político. Los junguianos quedan en peor lugar. Además de compartir esa actitud de aislamiento, hemos sido acusados de místicos, nazis, y yendo a peor, somos “fagocitados” por todas las parapsicologías y la tremenda banalidad de la new age . Cuando lo evidente…es que casi nadie lee a Jung.

Ante la actitud de absoluta banalidad en la que vemos al mundo sumergido, algunos prestigiosos analistas, como Hillman, Samuels, Zoja, y otros menos conocidos, se han atrevido a reflexionar sobre el compromiso político de los psicoanalistas, cuestionando la riesgosa e hipócrita actitud de muchos terapeutas de promover individuos autorreferenciados y pasivos frente al devenir mundial.

Editamos hoy este artículo exactamente tal y como fue escrito en 1989 por Enrique Galán, por su clara vigencia tantos años después. Su visión de futuro de entonces, hoy se cumple con creces . Lúcida reflexión sobre una década prodigiosa en una tradicional capital europea que se sacudió la casposa y aplastadora influencia del "franquismo", jugando, inventando y arriesgándose. Sin embargo, hoy ya no queda nada de aquel aire fresco. La maquinaria del estado es capaz de devorar cualquier intento creativo e innovador para lograr tranquilizar a la burguesía que le sustenta y que se incomoda con la verdadera transgresión.

Valga este artículo para recordar una vez mas, que el alma de mundo aparece en cualquier momento, y en cualquier lugar en donde jugar en serio siga siendo posible.

Vida y muerte de la movida

En el orbe massmediático internacional, el vocablo "movida" sirve para caracterizar la transformación que este viejo país ha experimentado tras la muerte de Franco, hace ya 14 años.

La "movida" de que se trata es, naturalmente, la llamada "movida madrileña", hoy bien muerta, pero que desde finales de los años 70, y sobre todo desde 1981, fecundó el cuerpo social madrileño en los campos del ocio y la cultura, para morir con Tierno Galván, en 1986, a manos de la omnipresente Administración.

Desde Madrid, la "movida" sirvió de acicate a las inquietudes manifestadas por las diferentes 'autonomías', las distintas regiones culturales e históricas que componen España. En Galicia le tocó a Vigo ser la ciudad más dinámica. Valencia aportó su joie de vivre mediterránea. Sevilla, y su juerga histórica, siguió siendo el centro de la gran región del sol. Bilbao fue el heraldo de los fríos vientos punk del Norte. Barcelona sufrió el "hundimiento del Titanic", un merecido descanso tras haber mantenido la antorcha cultural durante el franquismo, para tomar ahora sobre sí la responsabilidad social que siempre le ha caracterizado.

Sin poder (ni querer) agotar el análisis de la transformación que se esconde tras este vocablo, no está de más subrayar algunos de los flujos sociales que modelan a este país en los albores del siglo XXI, dando fe de nuestras glorias y miserias.

1. El proceso histórico (1975-1989)

Desde la Guerra Civil, de cuyo final se cumple este año el 50.0 aniversario, España permaneció en un importante aislamiento internacional hasta 1975, año de la muerte de Franco, político de triste recuerdo que frenó en la medida de sus posibilidades la marcha social de este vetusto país europeo.

Su desaparición fue la señal de partida de un dinámico proceso que ha roto con ese aislamiento, claramente representado por la Presidencia española de la CEE, y que culminará en 1992, como bien se han encargado de manifestar nuestros hombres públicos, crecidos ante la prueba de la Exposición Internacional de Sevilla, las Olimpiadas de Barcelona y la Capitalidad Europea de Madrid.

Este proceso ha sido fundamentalmente social, aunque se ha expresado prioritariamente en los hechos políticos, entendidos aquí como signos básicos del Imaginario Social.

Tras los tensos años del franquismo, dominados por el miedo a la autoridad, la transición política estuvo marcada por una frenética expansión, fruto de la liberación de ese miedo, que vivió todo el cuerpo social. En 1977 se promulga una Constitución democrática, que no sólo permite un relax cotidiano hasta entonces inexistente, sino que nos homologa institucionalmente con los países desarrollados económica y culturalmente. Pierden los Pirineos su imagen de muro carcelario. Y España, hervidero de deseos de todo tipo, se lanza con arrojo a ese mundo del que se sentía separado.

Es el momento de la "liberación sexual", que inunda kioskos y cines. Gran victoria sobre el nacional-catolicismo español que nucleaba la moral colectiva a golpe de culpa, estulticia y sadismo. En esta época primera de la "transición política", se producen muchas separaciones matrimoniales -cosa que también ocurrió en los USA por las mismas fechas- y se apuesta por una moral blanda que hunde sus raíces en el hippismo. Se extiende, consecuentemente, el consumo de drogas suaves, cuyos efectos ayudan a reparar grandes heridas sociales abiertas desde la Guerra Civil. Los viajes empiezan a estar a la orden del día, creándose canales de trasvase fluidos por los que penetran todas las producciones culturales de Europa, Norteamérica y algo del Oriente (el ascenso del islam en Andalucía).

Pero lo fundamental de este período es la aceleración de los procesos. En 6 meses se reviven modas que otros países han mantenido durante años, hasta ponernos a la par con el proceso mundial posterior a los 60, tendente a la Aldea Global, el relativismo y el pragmatismo. Se trata de una "recuperación del tiempo perdido", cuya velocidad ha conducido al reino de lo efímero, claramente soportado por los massmedia.

Se pasa así, en dos años, de un idealismo político nutrido de irritación y esperanza, tan característico de los 60, al nihilismo propio de la década del Yo. Se produce el "desencanto", una primera llamada de atención sobre las responsabilidades individuales y el bluff de las ideologías políticas, colectivas. Vivido como depresión narcisista, este "desencanto" generó el "pasotismo" social, gracias al cual se instauró una vía hedonista de la existencia, una apoteosis de la frivolidad.

Políticamente el país constituye un "Estado de las Autonomías", cuyos efectos bifrontes se concretan en el ascenso de la burocracia y el apoyo a la propia historia y cultura de cada comunidad, bajo el manto protector unitario de una Monarquía. Tal movimiento hacia la fragmentación resulta, a pesar de su lentitud, peligroso para una parte de la población, que se expresa en el frustrado Golpe de Estado de Tejero (1981), cuya solución estableció un sólido pacto entre los mass media y la sociedad. Ante tal fantasma del pasado, un año antes de que se celebraran los Mundiales de Fútbol en Madrid, se generó en la población la idea del necesario "cambio" que asegurara permanentemente el contacto con el exterior. Sube así el PSOE al poder, utilizando precisamente esa palabra como slogan electoral

La efervescencia social por un lado -los primeros pasos de la "movida"- y la claridad política que supuso el ascenso del PSOE al poder, dieron lugar a una consolidación de posiciones, creando una cierta estabilidad en que fraguaran las expectativas sociales. En el nivel político, la primera legislatura socialista pone orden en la situación económica, resuelve el eterno contencioso con el Ejército y la Iglesia y extiende peligrosamente la estructura del Aparato de Estado, que se hace menos represivo pero más vampírico. La entrada en la CEE y en la OTAN supone el primer paso serio institucional para el fin del aislamiento. A partir de entonces, España será una estación más de la red europea, para bien y para mal.

Las elecciones de 1986 indican el hundimiento de cualquier otra fuerza política que no sea la estatal-socialista. Se produce así la inflación del PSOE, que es una con la extensión del Aparato de Estado, hasta llegar a la identificación, no del todo conseguida, entre la jet society y el mundo político, de cuya aburrida actividad dan cuenta puntualmente los periódicos. Se entroniza el cinismo y el compadreo, en una evolución que está destruyendo la confianza de los ciudadanos en sus representantes políticos. La Huelga General de 1988 es la respuesta a esta situación. Huelga que expresa la repulsa unánime de las formas de gobierno y, por lo tanto, la unión de la gente ante otro proyecto aún no materializado.

En este compás de espera hasta 1992, se asiste a la más descarada corrupción política, que intenta esconderse tras el lamentable espectáculo económico de estos tiempos, dominados por el Dinero, de muerte próxima. Determinado el dinamismo social por las férreas -aunque evanescentes- razones que fundamentan el Becerro de Oro, la sociedad se encuentra flotando en la ideología del "todo vale", incapaz de poner solución a los más flagrantes problemas, ampliándose así la brecha existente entre las formas de vida cotidiana y la optimista conciencia colectiva internacional. Inmersa en la problemática planetaria, España ha dejado atrás su "leyenda negra", encontrándose en ese compás de espera que nos identifica con un mundo que es más y más la Aldea Global.

2. La movida madrileña (1979-1986)

Dado que la transición política de la Dictadura a la Democracia no generó otra violencia que la triste "matanza de Atocha", canto del cisne de las fuerzas más cavernícolas del régimen político anterior, la población española, independientemente de su ideología, pudo encarar con optimismo el futuro. Un futuro que ya no era, como anteriormente, el fruto del resentimiento nacido en el pasado, sino la posibilidad de olvidar la tragedia. En ese sentido, el futuro empequeñecía ante el presente. Se había puesto fin a la espera.

Frente a una generación de jóvenes inmersos en el "compromiso social" -la "generación del 56"-, quienes en 1975 llegaban a los 15 años tenían otros intereses. Hijos del boom económico de los 60, sobre ellos no se cernía el hambre de los 40 ni la represión religiosa de los 50. Una mayor movilidad social les hizo nacer en las ciudades, con servicios más disponibles, con televisión en casa. Su mundo se amplió gracias a las inquietudes de sus hermanos mayores, consumidores tardíos del poprock y la canción-protesta, del cine de arte y ensayo, los libros censurados, el arte comprometido, la ropa ad-lib, etc., como forma de romper con los productos culturales del franquismo, endebles estéticamente, pacatos en su contenido, repetitivos en su miedo ideológico.

Esta generación de jóvenes se !anzó, tras la muerte de Franco, a imaginar un futuro más internacional, tomando fundamentalmente como vehículo la música. Contaban para ello con una mínima "tradición" inmediata: los conciertos de Canet de Mar -en su doble dimensión, el CanetRock y la Psiquedelia- y el "rock urbano" madrileño. Era la época de "lo alternativo": frente al texto, el cómic; frente a la política, el "enrolle"; frente al alcohol, el hachís; frente a la literatura de vanguardia, la novela negra... etcétera. Movimientos sociales españoles que guardaban una estrecha relación con otros movimientos internacionales, hijos de la ruptura hippie: el situacionalismo, la antipsiquiatría, el pacifismo, la quiebra de las ideologías de postguerra, los viajes psiquedélicos, la revalorización del Oriente...

En este momento las emisoras radiofónicas van a cobrar una gran importancia. Muy al tanto de la producción discográfica internacional, introducirían esa "cultura del rock" que está en la base de la "movida madrileña". Se crean conjuntos musicales como Kaka de luxe, cuya impericia técnica de los comienzos no le evitaría ser la cantera de los grupos musicales más representativos de la "movida": Alaska y los Pegamoides, Paraíso, Radio Futura. Al calor de alguna emisora de radio -Onda 2, la FM de Radio España en Madrid-, se programarían conciertos en salas abiertas al hilo de los acontecimientos. Estamos ya en plena "movida madrileña".

Una ciudad, Madrid, estatuida en el centro político de un régimen carcomido, empezaba a desperezarse. Iniciándose la década de los 80 con el asesinato de John Lennon, las ganas de vivir y divertirse venían a compensar la oleada depresiva que se inició tras el fracaso de la revolución hippie. Arrastró en su turbulenta corriente el grisáceo mundo el "compromiso político", privado de su sentido una vez conseguido sin ruptura un régimen político democrático. El rock de Tequila, la salsa de la Orquesta Platería, el rock-horror de Ramoncín, la psiquedeila de Sisa, el rock duro de Leño o Burning, etcétera, crearon ese caldo de cultivo del que surgiría esa música que encontró bajo el nombre de oo Nueva Ola" su tarjeta de presentación.

La Nueva Ola fue más que un movimiento musical. Ciertamente, su núcleo estaba constituido por la música, pero se trataba más bien de una perspectiva vital iconoclasta expresada en el hablar, el vestir, las formas de divertirse, la tolerancia ante las drogas, los lugares de reunión -la Sala Carolina primero, Marquee y Rack-Ola después-, con el nacimiento de los llamados "bares enrollados" que poblaron barrios que se hicieron famosos -Malasaña, Chueca... en Madrid-. Vehículo de todo ello, las drogas, suaves al principio, duras después. Frente a la resignación violenta del alcohol, el pasotismo risueño del hachís.

En 1981, los conjuntos musicales del momento, de jóvenes esperanzados entre el punk y el pop, se reúnen en un concierto homenaje a Canito, batería de uno de esos conjuntos, muerto en accidente. A partir de ahí, los conciertos públicos se sucederían, entre el humo de las salas de conciertos, reuniendo para tales eventos a esa vanguardia cultural entre los 16 y los 40 años, desinhibidos en su vestimenta, amantes de la noche, divertidos ante todo, que se expresaban mediante fanzines, la fotografía y un cine que pasó de los guiños políticos de un Colomo al costumbrismo cutre de Almodóvar.

A partir de 1982, y sus importantes acontecimientos, el movimiento cobra solidez y se extiende por toda España. Madrid toma conciencia de su resurgimiento, y se dan los primeros pasos para la publicación de revistas como La Luna, con su estética fanzine y su amalgamado contenido, o Madrid Me Mata, con sus famosos de a pie. Va naciendo una nueva estética, optimista ante la situación política y social. La Administración pública se toma en serio este movimiento, que encuentra aliados en el Ayuntamiento -con Tierno Galván de alcalde-, y en la Comunidad, que financiaron -ruinosamente conciertos nuevaoleros con ocasión de las fiestas populares. La subida del PSOE al poder desata las fuerzas que permanecían agazapadas bajo la prudencia que genera el miedo.

La explosión creativa se extiende por todos los ámbitos. Ropa, música, arquitectura, diseño gráfico, imagen... El Rastro es Portobello, Malasaña Amsterdam, Orense, Manhattan. La conciencia internacional penetra por el cuerpo social, el aislamiento desaparece, se disuelve la distancia que nos separa de los movimientos culturales de otros países. Nuestra cultura se hace menos afrancesada, más italiana y anglosajona. Las ideologías se disuelven en la risa floja de los estados alterados de conciencia. Los hijos de las clases altas y bajas se conectan por canales prohibidos. La acción arrastra las justificaciones intelectuales.

Tal efervescencia social es manipulada rápidamente por el establishmen político. Siendo los conciertos y fiestas musicales los atractores de público, todos los grupos políticos contratan conjuntos musicales para sus campañas electorales. La televisión abre sus puertas a gentes que antes siempre las encontraron cerradas, llegando a los extremos de salir en pantalla grupos rabiosamente punkis como Las Vulpes, con el consiguiente escándalo.

Se inicia así la integración social de lo que hasta entonces había sido un movimiento vanguardista marginal. La mezcla, el desenfado, la frivolidad de que hacía gala esta "movida" empieza a decaer cuando aparecen los intereses económicos. Los grupos musicales se fragmentan al instalarse, mientras nacen por toda España conjuntos de todo tipo (Cf. los 333 de Radio 3). El Estado crea en 1986 un Instituto para la Moda, pugnando algunos diseñadores de ropa por el pastel de las subvenciones. Los periódicos de mayor tirada incluyen en sus dominicales un espacio para que se exprese la "Movida" - El PAIS Imaginario u Otra Gente de ABC-. La publicidad hace guiños con el hablar juvenil. La Administración intenta ganarse a "la juventud". Las películas españolas pasan de lo cutre al diseño. La situación se normaliza. "La Movida" muere tras fecundar el cuerpo social de unos contenidos que 10 años atrás hubieran hecho saltar la moral española. Con el país detrás.

En suma, la "Movida" es un proceso de modernización del país en los hedonistas años 80. Una vez conseguido ese objetivo, comienza la problemática de la "postmodernidad" a poblar los mass media. El entusiasmo cede paso a una cierta desorientación, de claro marchamo internacional. Se apuesta entonces por la continuidad, por la estabilidad. Se instala un espíritu pragmático, con el consiguiente cinismo que acompaña todo poder. Se intensifican determinadas tensiones sociales de carácter económico (para/inseguridad ciudadana), desapareciendo cualquier signo de vitalidad entre los férreos brazos de una Administración que extiende sus tentáculos por todo el cuerpo social. La burocracia llama al compadreo y entra el país en un conservadurismo claramente expresado en las elecciones del 86 y su influencia política, que llega hasta hoy. Entramos en la "Era del Diseño".

3. La era del Diseño (1986-89)

Las esperanzas colectivas nacidas al calor de la década 1975-85, que culminan con la incorporación a la CEE, se vieron algo sacudidas con la integración en la OTAN, en 1987. Se había realizado la ruptura institucional del aislamiento, pero ello traía como consecuencia el hacerse cargo de una serie de pesadas tareas -la homologación jurídica con la CEE, la toma de postura en uno de los bloques armamentistas y sus correspondientes obligaciones-. Se volvió claro lo que hasta entonces era una sospecha: el ejercicio del Poder uniformiza en un determinado sentido, que tiende hacia la inflación personal y el control. Es el momento del felipismo, término peyorativo acuñado para describir la prepotencia y el amiguismo ---caros a todo Poder--- en las huestes de la clase política española en el Gobierno.

La desilusión política trajo como consecuencia la resignación social. Era imposible cambiar la marcha de los acontecimientos. No había alternativa política ni social. Algunos voceros entonaron el panegírico de la "participación" mientras la población comprendía que estaba abandonada a sus propias fuerzas, algo deterioradas a causa de [os problemas sociales del desempleo y la carestía del dinero. Como una máquina ciega, el Aparato de Estado sigue extendiéndose por el cuerpo socia, buscando todos los flecos por los que pueda escurrirse algo de dinero, del que arrancar una tajada en forma de impuestos.

La evidencia de un desorden social se ve, sin embargo, enmascarada tras una campaña propagandística que ha hecho de la Administración el principal cliente de las agencias publicitarias. Mientras los servicios públicos -comunicaciones, transportes, justicia- se degradan y se disparan los precios de bienes básicos -vivienda, ocio- se intenta convencer a la ciudadanía es sus obligaciones fiscales y jurídicas. Para lograr esta persuasión se utilizan las industrias del ramo, la mecánica del embalaje. Si la imagen personal de los hombres públicos estaba siendo asistida por empresas de relaciones públicas, la imagen del Gobierno ha quedado en manos de las agencias de publicidad. Multiplicándose los gastos desde la Administración central hasta las Administraciones autonómicas y municipales, asistimos a una corrupción económico-política de altos vuelos que nos emparenta con la clase política internacional.

Ante esta situación, el Dinero aparece como el signo claro del Poder. Todo son bailes de millones, grandes operaciones internacionales que se introducen suavemente en la vida nacional. La política kuwaití de KIO y sus inversiones multimillonarias, los movimientos del capital español, la vida de los detentadores del poder económico, todo ello va creando un nuevo Imaginario social, muy en contacto con el Imaginario colectivo de nuestra área cultural, marcado por el crash del 87, una llamada de atención sobre la euforia financiera. La "movida" murió cuando las instancias políticas decidieron rentabilizar económica y políticamente sus contenidos. Al haberse conseguido el ingreso en las organizaciones transnacionales y en la dinámica cultural internacional, la problemática iba a ser otra. Problemática que viene caracterizada por la autonomía del dinero frente a la base productiva.

La debilidad de la infraestructura del capitalismo español ayudó a la puesta a punto de esta nueva realidad económica. El Estado ha desmantelado las grandes Empresas industriales, obsoletas (la "reconversión"), a la vez que ha permitido un crecimiento sin precedentes del capitalismo financiero (con un crecimiento sostenido del 20-40%). Lo fundamental es el movimiento de capitales frente a la rentabilidad de los productos no monetarios. Se han elaborado leyes que atraen capitales extranjeros, permitiéndoles unas condiciones que no tienen los capitales españoles. La idea de un mercado único para el 92 es la gran coartada.

Los signos propios de la "movida" ---frivolidad, hedonismo, imagen -- se prestaban perfectamente a este planteamiento internacional. Una de las asignaturas pendientes, la falta de educación estética del país, fue atacada fuertemente desde sus inicios por los representantes de la "movida", que rompieron la reciedumbre imperial castellana, derrotando el miedo a llamar la atención. Reivindicando la frivolidad dieron un vuelvo de los intereses de la población, agobiada ante la "seriedad" que nuclea todo fanatismo. Las nuevas propuestas en el vestir dinamizaron la industria del pret-a-porter, claramente obsoleta. El sincretismo estético dio lugar a una nueva arquitectura, a un cuidado en la decoración, que dejaron de ser funcionales exclusivamente para abrazar el "esteticismo", más o menos kitcht.

Se inaugura un proceso que va del contenido a la forma, cobrando esta última una importancia básica. Es el descrédito de la seriedad, hecho internacional causado por el cinismo político, cuya consecuencia es el hedonismo de los 80. Cobra entonces una enorme importancia todo lo referido a las "relaciones públicas", donde priman la apariencia, el predominio del signo externo, el dominio de los mass media. Lo efímero, algo reivindicado por la "movida", forma parte de la ideología del Poder.

Siendo la Administración el mayor empresario del país, sus intereses económicos se han vertido sobre valores sin permanencia, pero que mueven mucho dinero. En ese sentido, sus grandes acciones, una vez consolidada la estructura financiera, se han dirigido al mundo de lo llamativo: la publicidad, el arte y el vestir. Gracias al monopolio de la TVE, los precios de la publicidad están francamente hinchados, y es la publicidad quien mantiene los mass media y encarece el producto. En cuanto al arte, en sus variadas formas, es conocida la efervescencia de exposiciones, de gran calidad generalmente, y otros asuntos como la construcción de auditorios musicales, la restauración de monumentos históricos. Continuando con nuestra tradicional especulación inmobiliaria, la arquitectura encuentra la posibilidad de trabajar con sus nuevos criterios. En todo ello se mueve gran cantidad de dinero, muchas veces negro, cuyos vaivenes atiende cuidadosamente la Administración.

En cuanto al vestir, el Gobierno crea en 1986 el Centro de la Moda, en un intento de controlar la potente economía sumergida de este campo, siguiendo las enseñanzas de Italia. La obsoleta industria textil española, descapitalizada, aún no ha respondido al reto planteado por nuestros nuevos diseñadores, conocedores de la moda internacional, y la Administración, que quiere hacer de la moda en el vestir una nueva diplomacia, mientras abandona la extensión y vigilancia del idioma español fuera de nuestras fronteras. Este proyecto político puede dificultar más que ayudar al despliegue de nuestros modistas actuales.

En suma, un movimiento cultural y social, que nace de la marginalidad de los años 70, encuentra en la Administración un peligroso mecenas que instrumental iza sus objetivos para hacerlos acordes con los proyectos publicitarios, que no básicos, de la propia Administración. Una vez más, el Estado domina la esfera económica, manteniendo nuestro capitalismo en sus conocidos niveles de ineficacia. Un capitalismo muy en contacto con la Administración, dominado por la mecánica financiera y más interesado en los procesos export/import que en una digna producción nacional. Al tomar los criterios monetaristas como base para cualquier decisión, se eleva un altar al Dinero, obscureciendo así cualquier planteamiento de utilidad y calidad de los productos o los servicios.

No es extraño, por lo tanto, el fenómeno actual del boom de la prensa económica. Pareciera que todo el país estuviera formado por financieros o especuladores en Bolsa. Sin embargo, es precisamente la precaria estructura económica la que permanece enmascarada ante esta publicidad de los movimientos del capital nacional e internacional. Perdida la conciencia del trabajo bien hecho, e incluso del trabajo en sí, se esperaría del Dinero, entendido como última razón de toda realidad personal y social, que fuera la columna vertebral de la existencia cotidiana, el dinamizador y solucionador único.

Esta característica del mundo de nuestro tiempo, descrita en best-seIlers como los de Martin Amis o Tom Wolfe, puede estar indicando la muerte de un planteamiento económico dominante, cruel y cínico, que permite la decadencia de zonas enteras del globo, obligadas a financiar el desarrollo en los centros de poder. Desarrollo basado en la industria armamentista y cuya lógica es evidente en las millonarias subastas de arte, en la ostentación sin límites, en ese falso elitismo que hace de los peores tiburones financieros la vanguardia social.

Sólo el sentido del humor, la inquietud cultural, el deseo de vivir, la conciencia planetaria, el sentido estético y el optimismo, rasgos todos ellos de lo que dio en llamarse "movida", podrán ayudarnos a encarar esos nuevos tiempos que vendrán cuando el globo se desinfle y lo fundamental no sea el Dinero, sino la Calidad.

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